Seis amigos argentinos lanzaron en 2022 una marca de tortillas de papa listas para comer tras identificar en España un modelo de negocio que no existía en el país. Lo que comenzó con 50 unidades elaboradas en una cocina prestada se transformó en una planta industrial en Villa Lynch, con capacidad para producir 200.000 unidades mensuales, ventas de hasta 35.000 por mes y una facturación récord de $140 millones en diciembre. El caso resulta relevante por la velocidad de escalamiento, la inversión realizada y la consolidación en grandes cadenas de supermercados.
El proyecto se llama Ueno y fue fundado por Ignacio Santa Cruz, Ignacio Belderrain, Ariel Morena, Carlos Guido Gaziglia y Matías García Laplaza. La idea surgió tras un viaje a España, donde advirtieron que la tortilla envasada es un producto habitual en las góndolas. “Es el producto estrella de la categoría ‘fresco listo para comer’. Cada supermercado tiene una tortilla con su marca y es el producto más vendido.”, explicó Santa Cruz, cofundador y gerente general. “Ahí apareció la pregunta que después se transformó en negocio: ¿Cómo puede ser que no exista este producto de consumo en supermercado?”, agregó.
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Ninguno de los socios provenía de la industria gastronómica. Las primeras pruebas se realizaron en la casa de Santa Cruz y luego en la cocina de un catering fuera del horario comercial. La producción inicial fue de 50 tortillas en 12 horas, vendidas a amigos y conocidos. El resultado fue alentador. “La recompra fue altísima”, recordó.
Con una inversión cercana a US$5.000 alquilaron una cocina en un club y comenzaron a producir hasta 120 unidades diarias, envasadas al vacío. Sin embargo, el proceso artesanal limitaba la posibilidad de crecer. El desafío no era solo elaborar una tortilla, sino replicar la textura y el método tradicional español, con papa en láminas y cocción específica.
La posibilidad de escalar apareció cuando encontraron maquinaria española que había sido importada por otro emprendimiento que no prosperó. Con una inversión total de US$250.000 y financiamiento, adquirieron los equipos y montaron su fábrica propia. La construcción comenzó en enero de 2024 y la primera unidad salió de la línea el 1° de junio.
“Fueron meses de tensión financiera sin ventas. Era pagar alquiler, sueldos, obra y máquinas, mientras todavía no facturábamos”, señaló Santa Cruz. Hoy la planta emplea a 15 operarios y dos supervisores, además de contar con áreas de calidad y logística.
La capacidad instalada alcanza las 200.000 tortillas mensuales. Sin embargo, al inicio la demanda era muy inferior. “Vendíamos 2.000 por mes. Esa diferencia te obliga a salir a buscar volumen”, explicó.
En una primera etapa intentaron distribuir en pequeños comercios y llegaron a 500 puntos de venta. El esquema resultó complejo por la logística y la cobranza. “Ahí entendimos que la red tan atomizada te mata en logística, en cobranzas, en reposición. Y además el consumidor todavía no estaba preparado”, afirmó. “Ahí casi chocamos la Ferrari”.
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La estrategia cambió hacia grandes cadenas y distribuidores. Tras superar auditorías, comenzaron a vender en Carrefour, DIA y La Anónima. El volumen creció hasta 25.000 unidades mensuales, con un pico de 35.000 en diciembre. Ese mes alcanzaron su mayor facturación: $140 millones.
Las tortillas pesan 470 gramos, incluyen cebolla y se comercializan entre $6.500 y $11.000 según el canal. La empresa anticipó nuevos lanzamientos, entre ellos una versión con chorizo colorado y alternativas sin cebolla o con vegetales.
Además del canal supermercadista, Ueno encontró previsibilidad en el segmento gastronómico. Actualmente abastece a Tronchetto, Aramark y Grupo L, empresas que producen viandas en gran escala. “Ahí la gran diferencia es la previsibilidad. Un supermercado te pide 3 pallets, después te pide medio y al mes siguiente te pide 7. En cambio, estas empresas hacen 15.000 viandas por día y podés planificar producción”, sostuvo el ejecutivo.
La firma también desarrolla producción de marca blanca. Confirmó acuerdos para fabricar tortillas para Carrefour y anticipó un proyecto con Paladini. “Ya nos dieron el visto bueno para avanzar con la tortilla marca Paladini. Y un pedido inicial de ellos son 20.000 tortillas”, indicó.
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La compañía proyecta exportar a Paraguay y Uruguay a mitad de año con una versión congelada que extiende la vida útil a seis meses. Para acompañar el crecimiento abrió una ronda de inversión en busca de US$500.000 destinados a ampliar capacidad productiva e infraestructura logística.
El objetivo de los socios es consolidar una categoría que en Europa tiene alto consumo y que en Argentina recién comienza a desarrollarse. Con una estructura industrial en marcha y presencia en grandes cadenas, la empresa apuesta a que la tortilla lista para comer se incorpore como producto habitual en las góndolas locales.