Con asistencia técnica del INTA, productores del norte de Misiones incorporaron el sistema de mulching plástico en el cultivo de ananá, una innovación que comenzó a implementarse hace tres temporadas y que hoy impulsa plantaciones más uniformes, con menor presencia de malezas y mejores rendimientos. La tecnología marca un avance relevante en una actividad regional que busca consolidarse frente a la competencia de fruta importada.
El ananá (Ananas comosus), fruto tropical de la familia de las bromeliáceas, concentra casi toda su producción nacional en Misiones. Aunque la superficie implantada es reducida y el mercado interno depende en gran parte de importaciones desde Brasil y Ecuador, el cultivo mantiene una fuerte identidad regional y representa una alternativa productiva de valor para economías locales.
Rodrigo Kramer, técnico del INTA Comandante Andresito, explicó que uno de los cambios más significativos en los últimos años fue la adopción progresiva del sistema con mulching plástico. “No tenemos competencia. El mulching protege el suelo, evita el escurrimiento, reduce la pérdida de nutrientes y mantiene la humedad”, detalló sobre los beneficios observados en campo.

El esquema incluye la formación de camellones con arado taipero, fertilización inicial e incorporación de dolomita antes del plastificado. Según Kramer, este manejo permitió alcanzar mayor precocidad respecto de lotes sin cobertura, un incremento en el número de hojas y plantaciones más parejas. También se registró una mejora en la sanidad, con menor incidencia de enfermedades foliares.
A esos resultados se sumó una maduración más uniforme y frutas “más dulces y de mejor calidad”, de acuerdo con el técnico. El control de malezas aparece como uno de los impactos más visibles del sistema, al reducir la competencia por nutrientes y agua.
Desde INTA Montecarlo, Luis Acuña aportó una mirada histórica y técnica sobre el desarrollo del cultivo en la provincia. Recordó que la expansión del ananá comenzó en la década de 1970, con plantaciones iniciales en Jardín América y posterior consolidación en Colonia Aurora, sobre la costa del río Uruguay.
Acuña subrayó que la calidad del plantín sigue siendo un factor determinante para el éxito productivo. “Si presenta manchas marrones, indicio de fusariosis, debe descartarse”, advirtió. La correcta selección del material de plantación incide directamente en el desarrollo de la planta y en el rendimiento final.
En cuanto al calendario productivo, explicó que la época de plantación depende del riesgo de heladas, aunque en zonas seguras puede realizarse entre marzo y abril. Con una preparación adecuada del suelo, uso de mulching y un plan de fertilización apropiado, la planta puede alcanzar al menos 30 hojas antes de inducir la floración mediante etileno. Desde ese momento, el ciclo hasta cosecha demanda aproximadamente seis meses.

Ensayos recientes del INTA también evaluaron el uso de trichoderma, fertilizantes granulados y nanofertilizantes, con resultados favorables en rendimiento. Sin embargo, los técnicos advirtieron que aún existe una brecha entre las recomendaciones técnicas y las prácticas habituales en algunos establecimientos. “Vimos menos producción y plantas que no llegaban a desarrollarse cuando no se seleccionaba correctamente el plantín”, señaló Acuña.
Con más productores incorporando tecnología y con acompañamiento técnico sostenido, el ananá misionero avanza en un proceso de modernización que busca mejorar productividad, calidad y competitividad en el mercado interno. La adopción del mulching plástico aparece como uno de los ejes centrales de esta transformación, en una provincia que concentra casi la totalidad de la oferta nacional.