El Gobierno de China exigió este lunes a Estados Unidos la eliminación inmediata de los aranceles comerciales y advirtió que adoptará medidas firmes para proteger sus intereses económicos, luego del fallo de la Corte Suprema de Estados Unidos que anuló parte de las tarifas impuestas durante la administración de Donald Trump.
La reacción oficial se produjo en Beijing, en un momento clave de la relación bilateral y a pocas semanas de la prevista visita del exmandatario republicano al país asiático, lo que vuelve a tensionar el escenario del comercio internacional y la estabilidad económica global.
Según consignó el Ministerio de Comercio chino, el Gobierno se encuentra realizando una “evaluación completa” de la decisión judicial, aunque cuestionó de manera directa la política comercial de Washington. En un comunicado oficial, el organismo sostuvo que los gravámenes aplicados por Estados Unidos “violan las normas del comercio internacional y la legislación interna estadounidense, y no redundan en beneficio de ninguna de las partes”.
La declaración subraya la importancia estratégica del momento: el fallo judicial modifica el tablero de la disputa arancelaria y reabre el debate sobre la legalidad, la seguridad jurídica y la conveniencia económica de las medidas adoptadas por la Casa Blanca en el marco de la guerra comercial.
La decisión de la Corte Suprema de Estados Unidos dejó sin efecto una serie de tarifas implementadas durante la gestión de Donald Trump, muchas de ellas dirigidas contra China y otros grandes exportadores asiáticos. El máximo tribunal consideró inválidas determinadas herramientas utilizadas por el Ejecutivo para aplicar gravámenes en el contexto de la disputa comercial.
Sin embargo, la respuesta política fue inmediata. Horas después del fallo, Trump anunció un nuevo arancel general del 10% sobre las importaciones provenientes de todos los países, porcentaje que luego elevó al 15%, apelando a la denominada Sección 122, un mecanismo legal poco frecuente que habilita la imposición de tarifas temporales de hasta ese porcentaje, aunque exige aprobación del Congreso si se busca extenderlas más allá de 150 días.
Desde Beijing, el Ministerio de Comercio dejó claro que seguirá de cerca la evolución de ese proceso. “China continuará prestando atención a este asunto y salvaguardará firmemente sus intereses”, indicó el comunicado, en una advertencia que deja abierta la puerta a represalias comerciales.
El organismo también remarcó que la cooperación bilateral resulta beneficiosa para ambas economías, mientras que la confrontación arancelaria impacta negativamente en el sistema global. Para las autoridades chinas, las medidas unilaterales introducen volatilidad, afectan la confianza inversora y alteran la estabilidad de las cadenas de suministro internacionales.
La postura oficial fue acompañada por declaraciones de Gao Lingyun, investigador de la Chinese Academy of Social Sciences, quien calificó las decisiones arancelarias estadounidenses como “altamente arbitrarias” y sostuvo que se han convertido en “un arma política”.
El académico afirmó que la política arancelaria debería basarse en evaluaciones técnicas y económicas, no en preferencias partidarias. Sus declaraciones reflejan el malestar del gobierno de Xi Jinping frente a lo que considera una utilización estratégica de los aranceles como instrumento de presión diplomática.
El fallo estadounidense también tuvo efectos en otros actores clave de Asia. Corea del Sur, Japón y Taiwán se vieron beneficiados por la anulación de algunas tarifas, especialmente en sectores vinculados a los semiconductores, la industria tecnológica, las baterías y la producción automotriz.
En Seúl, el Gobierno surcoreano anunció que continuará dialogando con Washington para mantener un “equilibrio de intereses”. El ministro de Industria advirtió que persiste la preocupación en sectores estratégicos y destacó la necesidad de reforzar la coordinación público-privada para sostener la competitividad exportadora.
La incertidumbre también alcanzó a India, que decidió posponer el envío de una delegación comercial a Washington ante la falta de claridad sobre el alcance de los nuevos anuncios arancelarios. Según fuentes oficiales, la postergación responde directamente al nuevo escenario abierto tras el fallo judicial y la reacción de Trump.
En Europa, la presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, alertó sobre los riesgos que implica para la economía mundial un entorno caracterizado por litigios comerciales, cambios abruptos en las reglas y creciente incertidumbre geopolítica. Señaló que las empresas necesitan previsibilidad para invertir y planificar, y advirtió que nuevas disputas podrían provocar disrupciones adicionales en el comercio global.
La inminente visita de Donald Trump a China, prevista para fines de marzo y comienzos de abril, añade un componente político adicional a la discusión económica. Durante el eventual encuentro con Xi Jinping, los aranceles, el acceso a mercados, las restricciones tecnológicas y el equilibrio en la balanza comercial ocuparán un lugar central.
El vínculo entre Washington y Beijing atraviesa una etapa marcada por la desconfianza estratégica, las tensiones tecnológicas y las diferencias en materia de subsidios e inversiones. En ese marco, el fallo judicial y la respuesta arancelaria posterior reconfiguran el tablero de negociación y elevan el nivel de presión diplomática.
Desde la perspectiva china, la eliminación total de los aranceles es una condición necesaria para estabilizar la relación bilateral. Desde el lado estadounidense, en cambio, las tarifas siguen siendo vistas como una herramienta de presión para obtener concesiones comerciales y fortalecer la posición negociadora.
El desenlace de esta nueva fase tendrá implicancias directas sobre la economía global, el funcionamiento de las cadenas productivas internacionales y la estabilidad de los mercados financieros. Con la visita de Trump en el horizonte y en un contexto ya reflejado por Infobae, el conflicto comercial vuelve a escalar y coloca a la relación entre China y Estados Unidos en un punto de máxima tensión diplomática y económica.