En 1976, once productores agropecuarios fundaron en Catriló, provincia de La Pampa, una empresa con un objetivo que excedía lo económico: evitar que los jóvenes del interior tuvieran que emigrar para desarrollarse profesionalmente. Cinco décadas después, Gente de La Pampa emplea a 220 personas, procesa 300.000 toneladas anuales de granos y compite desde el interior profundo con compañías hasta 20 veces más grandes. Según informó La Nación, firmada por Mariana Reinke, la firma apuesta ahora a una inversión de US$6 millones para generar su propia energía y fortalecer su competitividad.
El proyecto nació como una respuesta a una realidad repetida en muchas provincias: la falta de oportunidades laborales calificadas. “La empresa comenzó cuando once productores agropecuarios de la provincia vieron que sus hijos y los de sus amigos para poder desarrollarse profesionalmente tenían que emigrar a otros lugares”, explicó Tomás Lorda, contador y gerente general de la compañía. La intención fue crear una agroindustria que ampliara el horizonte más allá de la producción primaria.
Los primeros años no estuvieron exentos de dificultades. La firma inició su actividad con la fabricación de harina de hueso, luego avanzó hacia la molienda de girasol y atravesó una crisis que obligó a cerrar. Tiempo después, uno de los hijos de los fundadores reabrió la planta. Actualmente, la familia Souto es propietaria de la empresa, que avanzó en un proceso de profesionalización con una estructura de gobernanza definida y roles diferenciados. “Es una empresa que ya está lista para trascender generaciones”, sostuvo Lorda.

El eje del negocio es la molienda de girasol, aunque también procesa soja y maíz. La compañía adquiere materia prima a productores de la región y no apunta al autoabastecimiento. “Por año molemos 300.000 toneladas en total. Compramos a los productores de la zona porque es inviable pensar en autoabastecerse”, detalló el directivo.
La principal unidad es la producción de aceite de girasol refinado, destinado a industrias argentinas bajo un esquema B2B. La empresa cuenta con certificaciones de calidad, inocuidad y estándares de sustentabilidad. A esa línea se suman la comercialización de proteínas vegetales de soja y girasol y la elaboración de alimentos balanceados para rumiantes.
El diferencial está en la integración total de los procesos dentro de un mismo predio. La planta reúne molienda, refinería y envasado. Del girasol se obtiene aceite crudo y pellet; el aceite se refina y envasa; los subproductos se transforman en oleína, lecitina y energía térmica a partir de la cáscara utilizada en calderas. “Nuestra eficiencia más que buscar en escala, la hemos buscado en integración”, afirmó Lorda. Y resumió la filosofía productiva: “Todo lo que ingresa, lo transformamos, nada se desperdicia. Todo se transforma, nada se pierde”.

En soja, el esquema replica esa lógica con la producción de harinas Hi Pro y Low Pro para ganadería, avicultura y porcinos. Parte del aceite se destina a una planta de biodiésel y el resto se adquiere a extrusoras regionales o grandes aceiteras.
El vínculo con los productores es circular. “Muchas veces los mismos productores a los que les compramos materia prima son esos mismos que tienen alguna actividad ganadera. Entonces les vendemos a ellos los productos para suplementar el ganado”, explicó el gerente.
La localización representa un desafío estructural. “Estamos compitiendo en un mercado donde hay empresas hasta 20 veces más grandes que nosotros. Sumado a que estamos alejados de los puertos y de los centros comerciales. Frente a eso, la empresa decidió convertirse en una empresa 100% B2B para competir contra todos estos grandes, tratando de atender los lugares donde vemos que podemos aportar mucho servicio”, señaló Lorda.
El contexto económico actual también exige ajustes. “Estamos atravesando una etapa de eficientización de todos los procesos de cara a esta nueva apertura comercial que lleva adelante el Gobierno”, indicó.

En paralelo, la compañía avanza en un proyecto de cogeneración energética que contempla la instalación de una turbina a gas para producir electricidad y vapor en simultáneo. La inversión prevista es de US$6 millones y se proyecta su finalización durante 2026. La iniciativa responde a una limitación en la infraestructura eléctrica de la zona. “Estamos localizados en una zona en el final de línea eléctrica que está sobresaturada. Entonces, es parte de poder ser sustentable como empresa”, sostuvo.

A casi medio siglo de su fundación, la empresa que nació para retener talento joven en el interior pampeano consolidó un esquema de integración industrial que agrega valor en origen, diversifica negocios y genera empleo estable en una localidad de 7.000 habitantes. Desde Catriló, compite con actores globales y refuerza una estrategia que prioriza la transformación completa de cada insumo como base de su sustentabilidad económica.