La startup argentina Unibaio, fundada por Claudia Casalongué, Vera Álvarez, Daniela Caprile, Florencia Salcedo y Matías Figliozzi, desarrolla desde Mar del Plata un bioinsumo a partir de desechos de langostinos para mejorar la eficiencia de agroquímicos. Según informó LA NACION, en una nota de Laura Ponasso, la empresa ya recaudó US$1,7 millones, fue reconocida en el South Summit Brazil 2026 y apunta a facturar su primer millón en el corto plazo.
La propuesta de Unibaio combina ciencia de materiales y fisiología vegetal para resolver un problema estructural del agro: la baja eficiencia en la aplicación de agroquímicos. Hoy, cerca del 80% de los productos aplicados se pierde, lo que genera costos económicos y ambientales.
El desarrollo central es un polvo biotecnológico elaborado a partir de bioplásticos extraídos de caparazones y cabezas de langostinos. Esa partícula funciona como un “imán” que mejora la absorción de los químicos por parte de las plantas.
“Esta tecnología ‘engaña’ a la planta para que absorba mejor los productos”, explicó Matías Figliozzi en diálogo con LA NACION.
El enfoque no busca eliminar los agroquímicos de inmediato, sino optimizar su uso, reduciendo desperdicios y permitiendo cumplir con regulaciones cada vez más exigentes en mercados internacionales.

Uno de los principales incentivos para los productores no es solo la sustentabilidad, sino el cumplimiento de normas comerciales. En muchos casos, los cultivos enfrentan límites estrictos en la cantidad de químicos permitidos, lo que impacta en el rendimiento.
“En muchos cultivos, los productores no pueden seguir agregando químicos porque pasan los límites permitidos y aun así pierden rendimiento”, señaló Figliozzi. Y agregó: “En Chile, por ejemplo, el hongo en el tomate llega a causar pérdidas del 30% de la cosecha porque los productores no pueden aplicar más químicos sin volver el producto invendible”.
El crecimiento de la startup fue progresivo y basado en validaciones concretas. El primer financiamiento llegó desde Chile con US$40.000 para pruebas de laboratorio, seguido por una aceleradora estadounidense que aportó US$30.000 para ensayos en campo.
El salto clave se dio en 2023, cuando el fondo argentino SF500 invirtió US$500.000. En total, la empresa acumuló US$1,7 millones y sumó inversores vinculados al agro, como Andrea Grobocopatel.
“Fue como pasito a pasito. Pudimos hacerlo porque yo tenía la experiencia de entender qué era lo mínimo que se necesitaba para convencer al siguiente inversor”, explicó Figliozzi.
En paralelo, la startup avanzó en pruebas comerciales con grandes actores del sector. Entre ellos, el grupo alimenticio Carozzi en Chile y productores de papa que abastecen a marcas de consumo masivo en la Argentina.
El modelo de negocio se apoya en una ventaja clave: la escalabilidad logística. El producto se utiliza en dosis muy bajas —apenas 50 gramos por hectárea—, lo que facilita su transporte y exportación.
Tras años de investigación, 2026 marca el inicio de la etapa comercial. La empresa busca transformar pruebas piloto en contratos de volumen que le permitan alcanzar una facturación de US$1 millón.

El horizonte de expansión incluye nuevos mercados y cultivos. La startup proyecta ingresar en la producción de manzanas en Estados Unidos, bananas en Costa Rica y, a mediano plazo, en el mercado de la soja, con el objetivo de reducir el uso de glifosato.
Además del crecimiento económico, el impacto potencial es ambiental: una mayor eficiencia en el uso de agroquímicos implica menos residuos en el suelo y menor contaminación.
El reconocimiento internacional también acompañó el desarrollo. Unibaio fue distinguida como la startup más sostenible en el South Summit Brazil 2026, un evento que reunió a más de 24.000 participantes de 70 países.
Para sus fundadores, el desafío ahora es consolidar el modelo a escala global sin perder el enfoque científico que dio origen al proyecto.