Después de la lluvia: cómo leer el jardín y mejorar riego y drenaje sin gastar de más

Observar el suelo y las plantas tras cada tormenta permite ajustar riego, drenaje y uso del agua

Después de la lluvia: cómo leer el jardín y mejorar riego y drenaje sin gastar de más
miércoles 25 de febrero de 2026

Cuando llueve, el jardín ofrece información clave. Observar qué ocurre con el agua de lluvia —dónde drena, dónde se acumula y cómo reaccionan el suelo y las plantas— permite mejorar el riego, el drenaje y la salud vegetal sin inversiones innecesarias. Así lo plantea una nota publicada por De Raíz ar que propone aprovechar cada precipitación como una instancia de diagnóstico natural del espacio verde.

Lejos de ser solo un aporte hídrico, la lluvia funciona como una prueba de funcionamiento del jardín. Según el artículo, mirar con atención durante y después de una tormenta ayuda a detectar problemas que en días secos pasan inadvertidos y a comprender cómo se comporta el terreno frente al agua.

Uno de los primeros indicadores es el suelo. Si el agua se absorbe con rapidez, el drenaje es adecuado. Si, en cambio, quedan charcos persistentes durante horas, el terreno puede presentar compactación o dificultades de infiltración. También es relevante identificar sectores donde el agua corre siempre por el mismo lugar o zonas que permanecen secas pese a la lluvia, señales que revelan pendientes mal resueltas o diferencias en la estructura del sustrato.

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El comportamiento de las plantas aporta otra lectura. Hojas firmes, color intenso y porte erguido suelen reflejar una buena absorción. Por el contrario, hojas amarillentas o decaídas después de precipitaciones intensas pueden advertir exceso de agua o saturación radicular. Estas señales permiten anticipar ajustes antes de que aparezcan daños mayores.

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La publicación destaca que el drenaje es un componente central en la salud del jardín. Un suelo equilibrado no retiene agua en exceso ni la pierde de inmediato. Si la lluvia escurre sin infiltrarse, puede ser necesario incorporar materia orgánica, compost o cobertura vegetal para mejorar la estructura. Si el agua se acumula, la solución no suele ser inmediata, sino resultado de prácticas sostenidas que incrementen la porosidad y la aireación del suelo.

En ese marco, la nota subraya el valor del mulch o cobertura orgánica. Después de una lluvia, las áreas cubiertas conservan la humedad durante más tiempo, evitan el endurecimiento superficial y reducen el lavado del sustrato. Hojas secas, corteza, chips de madera o restos de poda triturados actúan como protección y favorecen la actividad biológica del suelo. En contraste, un suelo desnudo pierde con rapidez el beneficio hídrico.

El agua de lluvia presenta además ventajas químicas. Es un agua blanda, sin sales ni cloro, lo que favorece la absorción de nutrientes y activa los microorganismos del suelo. Cada precipitación profunda promueve el desarrollo radicular en capas más bajas, una condición que mejora la tolerancia de las plantas al calor y a períodos secos. Por eso, advierte el artículo, conviene evitar el riego inmediato tras una lluvia significativa y permitir que el suelo complete su proceso natural.

Otra recomendación consiste en seguir el recorrido del agua. La lluvia revela trayectorias invisibles que indican dónde conviene plantar especies con mayores requerimientos hídricos y dónde evitar cultivos sensibles al encharcamiento. En algunos casos, reubicar una planta resulta más efectivo que aumentar la frecuencia de riego.

La publicación también propone la recolección de agua de lluvia como práctica complementaria. Con canaletas y recipientes adecuados, es posible almacenar agua para riegos posteriores, en especial para plantas en maceta o especies delicadas. Esta práctica reduce el consumo de agua potable y se integra a una lógica de manejo más eficiente del recurso.

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Uno de los errores frecuentes, según señala De Raíz, es mantener la rutina de riego sin considerar las precipitaciones recientes. Antes de volver a regar, se recomienda verificar la humedad del suelo, introducir un dedo en la tierra o evaluar el peso de las macetas. El riego automático sin ajuste puede provocar problemas de exceso hídrico que afecten el sistema radicular.

Después de la lluvia: cómo leer el jardín y mejorar riego y drenaje sin gastar de más

El enfoque propuesto invita a transformar la lluvia en una herramienta de aprendizaje. Lejos de alterar la planificación del jardín, cada evento climático aporta información sobre pendientes, texturas, absorción y necesidades reales de las plantas. La observación sistemática permite optimizar recursos y reducir intervenciones innecesarias.Después de la lluvia: cómo leer el jardín y mejorar riego y drenaje sin gastar de más

En un contexto de mayor conciencia sobre el uso eficiente del agua, incorporar estas prácticas fortalece la sostenibilidad del espacio verde. Entender cómo responde el jardín después de cada lluvia no solo mejora su funcionamiento inmediato, sino que construye un manejo más equilibrado durante todo el año.

 

 

 



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