En Los Corralitos, a 20 kilómetros de la capital de Mendoza, la familia Lirosi consolidó el emprendimiento de hidroponía hortícola más grande de la Argentina, con 13 hectáreas de invernaderos automatizados, 60 empleados y producción destinada a supermercados y mercados de todo el país. El proyecto, iniciado hace 25 años como una huerta tradicional, cambió de rumbo tras un viaje a Canadá, donde descubrieron un sistema que hoy les permite duplicar rindes, asegurar calidad y reducir riesgos climáticos en una provincia con menos de 200 milímetros de lluvia anual.

El establecimiento, bajo la marca Compostela, produce tomates cherry, redondos y perita, distintas variedades de pimientos, lechugas, rúcula y albahaca. La totalidad de la producción se comercializa con ventas programadas anualmente. Entre sus clientes figuran grandes cadenas de supermercados, chefs, bodegas y comercios minoristas.
Gabriel Lirosi, de 35 años, conduce el emprendimiento junto a sus hermanos. “Este es el emprendimiento de hidroponia hortícola más grande de la Argentina”, afirmó. La familia comenzó con una hectárea de cultivo a cielo abierto hasta que, invitados por un proveedor de semillas canadiense, viajaron a ese país y conocieron el sistema de producción sin suelo. A su regreso, instalaron los primeros invernaderos de manera precaria y luego avanzaron hacia estructuras de mayor escala.

Hoy, el complejo abarca 13 hectáreas cubiertas con control automatizado de luz, temperatura, ventilación y riego. El sistema está gestionado por software programable y requiere monitoreo permanente. “Nosotros nos adaptamos a la planta y no al revés. La planta no tiene feriados, por lo que acá el trabajo es 24 horas por 7 días a la semana. O la cuidas 24×7 o se muere”, sostuvo Lirosi.
En términos productivos, el tomate redondo puede alcanzar 120.000 kilos por hectárea, mientras que el cherry rinde hasta 48 racimos por planta por año. La empresa priorizó variedades con mayor sabor y diferenciación comercial, como el Cherry chocolate o Black Cherry, además de presentaciones en racimo y mixes de colores.

“Todos los años la producción está vendida, trabajamos así y vendemos a todo el país”, explicó el empresario. La firma abastece a Cencosud, Vea, Jumbo, Disco, Coto y Changomás, y proyecta sumar nuevos acuerdos comerciales.
Uno de los rasgos distintivos del emprendimiento es la hidroponía con sustrato de orujo de uva, un residuo de la industria vitivinícola compuesto por piel, pulpa, semillas y tallos. En lugar de utilizar fibra de coco —el material más difundido a nivel internacional—, la empresa desarrolló un sistema propio adaptado a la disponibilidad local.
“Usamos el orujo de uva que es lo que más tenemos, y que le aporta algunos nutrientes; mientras que los que faltan, se lo damos por el riego con una solución nutritiva”, detalló Lirosi. El sustrato puede utilizarse durante dos años y luego se recicla como abono orgánico.

La elección responde tanto a criterios económicos como ambientales. La hidroponía, definida como cultivo sin suelo tradicional, permite administrar con precisión el agua y los fertilizantes. En Mendoza, donde el recurso hídrico es estratégico, el establecimiento funciona con agua de pozo y riego milimétrico programado según temperatura y radiación prevista.
“El agua es una solución nutritiva que lleva fósforo, nitrógeno o calcio, por lo tanto, no es siempre la misma cantidad”, explicó. El sistema utiliza piquetas enterradas en el sustrato para distribuir la solución en cada planta. Un corte eléctrico puede poner en riesgo la producción en pocas horas, especialmente en verano.
El salto de escala requirió financiamiento. La familia accedió a créditos del Fondo de la Transformación y Crecimiento de Mendoza, una herramienta provincial destinada a reconversión productiva y expansión agrícola. Según Lirosi, esos recursos fueron determinantes para modernizar instalaciones y ampliar superficie.
La automatización se convirtió en un componente central del modelo. Cada variable ambiental puede ajustarse desde una computadora, aunque la supervisión humana sigue siendo indispensable. La empresa emplea a 60 personas que trabajan en turnos continuos para asegurar el funcionamiento del sistema.

La decisión de apostar por tomates cherry y variedades de mayor sabor respondió a un cambio en el consumo. “Buscamos el sabor, que tenga un buen color, que sea atractivo a la vista, pero, sobre todo, que tenga mucho sabor”, señaló Lirosi. El empresario sostiene que la horticultura bajo invernadero avanza en el mundo por su capacidad de producir más kilos por metro cuadrado, extender calendarios y reducir pérdidas por clima.

En una provincia históricamente condicionada por el granizo y la escasez de lluvias, el modelo bajo cubierta ofrece previsibilidad. La empresa evalúa ahora implementar un sistema de captación de agua de lluvia para reducir la dependencia del bombeo subterráneo.
“La hidroponia trata de usar la menor cantidad de recursos posibles, para obtener la mayor cantidad de kilos posible con la mejor calidad posible y ese es nuestro objetivo diario”, afirmó. Y concluyó: “Con voluntad y pasión se puede lograr lo que uno quiera”.