El reconocido enólogo estadounidense Paul Hobbs se asoció con el importador Robert Hayk para lanzar en la primavera de 2026 un Cabernet Sauvignon búlgaro de alta gama en Estados Unidos, con el objetivo de posicionar a Bulgaria como un nuevo referente internacional del vino. El proyecto, denominado Hayk & Hobbs, debutará con una partida limitada de 600 cajas provenientes de un viñedo único en las colinas de Sakar, en el sudeste del país europeo, y busca replicar el modelo de transformación que convirtió a Argentina en una potencia vitivinícola reconocida a nivel mundial.
La iniciativa marca un nuevo paso en la estrategia que Hayk impulsa desde hace más de una década a través de su firma G&B Importers, dedicada a introducir vinos búlgaros en el mercado estadounidense. Según explicó el empresario, su ambición siempre fue “convertir a Bulgaria en Argentina”, en alusión al salto de calidad, reputación y valor agregado que logró la industria vitivinícola argentina en las últimas décadas.

El vino inaugural de Hayk & Hobbs será un Cabernet Sauvignon de viñedo único, elaborado con uvas de la región de Sakar, una zona de tradición vitícola con condiciones climáticas favorables y suelos que, según los impulsores del proyecto, ofrecen un alto potencial enológico. La primera cosecha corresponde a 2024 y su salida al mercado está prevista para la primavera de 2026.
La producción inicial será acotada, con unas 600 cajas, y el vino tendrá una crianza en barricas de roble francés de segundo uso. El precio minorista estimado oscilará entre US$ 45 y US$ 55, ubicándose en el segmento premium. Las primeras asignaciones estarán destinadas a Estados Unidos, Japón, Suecia y Bulgaria.
El desembarco en EE.UU. no es casual. Hayk ya cuenta con experiencia en ese mercado a través de marcas como Bulgariana y Rough Day Wines, que lograron distribución nacional en la cadena Whole Foods. Con Hayk & Hobbs, el objetivo es dar un paso más hacia la construcción de una etiqueta de prestigio internacional.

Más allá del lanzamiento comercial, Hayk sostiene que el proyecto apunta a revitalizar zonas vitivinícolas afectadas por la despoblación y la falta de oportunidades económicas. “El vino es el resultado, pero la misión es reconstruir una región”, afirmó.
La historia personal del empresario explica parte de esa motivación. Hayk llegó a Bulgaria tras abandonar Armenia luego del colapso soviético y la guerra que afectó a su país de origen. Según relató, Bulgaria se convirtió en un lugar de estabilidad para él y su familia en un momento crítico. Esa experiencia, señaló, le generó un fuerte vínculo con el territorio y sus comunidades.
En sus recorridas por áreas rurales, observa pueblos con infraestructura limitada y pérdida de población. Muchos productores vitícolas enfrentaron la posibilidad de reconvertir sus tierras a otros cultivos con subsidios de la Unión Europea, pero optaron por continuar con la vid por tradición familiar. Para Hayk, ese compromiso constituye una base sólida sobre la cual reconstruir la identidad y la proyección internacional del vino búlgaro.

La comparación con Argentina no es casual. En el imaginario del sector, el país sudamericano logró pasar de ser percibido como un productor de volumen a consolidarse como origen de vinos de clase mundial, con fuerte identidad de terroir y reconocimiento en mercados exigentes.
Hayk considera que Bulgaria posee condiciones históricas y naturales similares: viñedos antiguos, diversidad de suelos y una tradición que se remonta siglos atrás. Sin embargo, entiende que el desafío está en combinar esa herencia con estándares modernos de producción, marketing y posicionamiento global.
La participación de Hobbs aporta respaldo técnico y reputación internacional al emprendimiento. El enólogo estadounidense es reconocido por su trayectoria en distintas regiones vitivinícolas y por su trabajo en proyectos premium alrededor del mundo. Su incorporación busca dotar al vino búlgaro de mayor visibilidad en un mercado competitivo.
Con una estrategia que combina identidad regional, producción limitada y precios alineados con el segmento alto, Hayk & Hobbs intentará abrir un nuevo capítulo para el vino de Bulgaria. El resultado comercial se conocerá a partir de 2026, pero sus impulsores plantean que el objetivo trasciende la venta de botellas: se trata de construir una narrativa de origen, fortalecer el posicionamiento internacional y ganar legitimidad en mercados exigentes como el de Estados Unidos, tal como señalaron en diálogo con Forbes.
La apuesta no se limita al desempeño de una etiqueta en particular, sino que busca instalar al país europeo como un nuevo actor dentro del mapa vitivinícola global, capaz de competir en el segmento premium con una propuesta basada en terruño, calidad enológica y una identidad propia.