El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) presentó en Expoagro 2026, en San Nicolás, provincia de Buenos Aires, un análisis climático que anticipa mejores condiciones de humedad para la campaña agrícola 2026-2027, con un posible pasaje hacia un evento El Niño, lo que podría favorecer la disponibilidad de agua en los suelos y mejorar el panorama productivo del agro argentino tras varios años de sequía.
Las proyecciones fueron expuestas durante la charla “¿Niña, Niño o Neutro? Claves climáticas y agronómicas para decidir en la campaña 2026”, a cargo de Pablo Mercuri, director del Centro de Investigación de Recursos Naturales (CIRN) del INTA, y Natalia Gattinoni, meteoróloga del Instituto de Clima y Agua del organismo.
Durante la presentación, los especialistas analizaron la evolución reciente de las lluvias, el comportamiento del océano Pacífico y las posibles implicancias para los cultivos de invierno y verano. El diagnóstico general marca un proceso de recuperación de la humedad del suelo luego del prolongado período de déficit hídrico que afectó a la producción agrícola en gran parte del país.
Mercuri explicó que el sistema climático comienza a mostrar señales de cambio después de los años dominados por condiciones secas.
“Luego de la gran sequía acumulada de 2021 a 2024, estamos en una tendencia en la que recuperamos los valores promedios de agua, o incluso los podemos superar”, afirmó el especialista durante la exposición.
La prolongada sequía que afectó a la Argentina durante esos años tuvo un fuerte impacto sobre la producción agrícola y ganadera, especialmente en la región pampeana, donde se concentran los principales cultivos de soja, maíz, trigo y girasol. La falta de precipitaciones redujo los rendimientos y provocó pérdidas económicas significativas en distintas campañas.
En ese contexto, la recuperación de las reservas de agua en el suelo es considerada un factor clave para la planificación productiva.
Gattinoni explicó que el comportamiento climático de la última década estuvo fuertemente condicionado por eventos La Niña, que suelen asociarse con menores precipitaciones en buena parte del territorio argentino.
“En los últimos diez años estuvimos más influenciados por Niñas en un 70 %”, indicó la meteoróloga.
Según detalló, la actual campaña agrícola comenzó con buenas condiciones de humedad durante el invierno y el inicio de la primavera, pero la situación cambió hacia fines de 2025.
“Se inició la campaña con buena disponibilidad de agua en invierno e inicios de la primavera, pero a partir de fin de año y principios de 2026 hubo una marcada falta de agua, sectores sin precipitación y zonas que no logran recuperarse”, señaló.
En relación con el tramo final de la campaña agrícola en curso, los especialistas del INTA indicaron que no se prevén grandes dificultades para el proceso de cosecha, aunque algunos cultivos aún dependen de la evolución de las lluvias.
“Para los últimos pasos de la campaña no se avizoran problemas para la cosecha, pero qué pasa con los cultivos en este momento”, planteó Mercuri.
El investigador explicó que en el corto plazo el foco está puesto en la evolución de los cultivos tardíos. “Esperamos se pueda recuperar el agua para el maíz tardío y la soja de segunda”, agregó.
En este sentido, los pronósticos climáticos señalan que durante la segunda mitad de marzo podrían registrarse precipitaciones, lo que ayudaría a mejorar el contenido de humedad en los suelos.
Este proceso es particularmente relevante para el período de recarga hídrica, que suele comenzar hacia el otoño y resulta determinante para el inicio de la siguiente campaña agrícola.
“El período de recarga es muy importante y en los años donde hay una tendencia húmeda se mantienen las precipitaciones en el invierno, lo cual es el puntapié de la campaña para lograr reservas”, explicó Mercuri.
El análisis presentado por el INTA también incluyó la evolución esperada del fenómeno climático conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), que influye de manera directa sobre el régimen de lluvias en Sudamérica.
Gattinoni explicó que el actual evento La Niña se encuentra en proceso de debilitamiento.
“Venimos de una Niña que no se terminaba de definir y finalizamos esta campaña con un evento que se está debilitando”, sostuvo.
De acuerdo con los pronósticos actualizados a febrero, existe una probabilidad cercana al 70 % de que el sistema climático ingrese en una fase neutral durante el otoño y el invierno.
“Terminaría el enfriamiento del Pacífico muy rápidamente y el clima se va a desarrollar con más normalidad”, explicó la especialista.
En ese escenario, el trimestre junio-julio-agosto podría presentar precipitaciones dentro de los valores normales en la región pampeana, con la posibilidad de un aumento de lluvias hacia el final del invierno.
Las proyecciones del INTA indican que podrían registrarse precipitaciones superiores a lo habitual en algunas zonas productivas, especialmente en la Pampa Deprimida, el noreste de Buenos Aires, el sur de Santa Fe y el sur de Entre Ríos.
Más allá de la evolución de la campaña actual, los especialistas del INTA remarcaron que las proyecciones climáticas para el próximo ciclo agrícola muestran señales que podrían favorecer la producción.
Gattinoni explicó que los principales modelos climáticos internacionales comienzan a mostrar una tendencia hacia un evento El Niño para la próxima temporada.
“Los modelos internacionales marcan que la probabilidad de que ocurra El Niño es de un 60 %. El océano va hacia condiciones más cálidas, lo que significa que hay que planificar, hay que ir mirando no solo la campaña fina sino la gruesa”, sostuvo.
El fenómeno El Niño suele estar asociado a un incremento de las precipitaciones en gran parte de la región pampeana, lo que generalmente mejora las condiciones de humedad para los cultivos.
Por esa razón, el hecho de que el sistema climático deje atrás la influencia de La Niña es considerado un factor positivo para el sector agropecuario.
“Que no sea Niña es muy importante para nuestro sector productivo porque es la principal causa que debilita la probabilidad de precipitaciones”, afirmó Mercuri.
A pesar de las proyecciones favorables, los especialistas del INTA advirtieron que la planificación agrícola debe considerar las particularidades de cada región productiva.
Las condiciones climáticas pueden variar significativamente dentro del territorio argentino, por lo que la evaluación local del riesgo es clave para definir estrategias de siembra, manejo de cultivos y uso de insumos.
Mercuri subrayó que la integración entre información climática y decisiones agronómicas será determinante para aprovechar las condiciones previstas.
“Es muy importante analizar zona por zona los riesgos más probables acorde a la fase climática esperada. Por eso, integrar clima y agronomía desde ahora, tempranamente en la planificación, puede marcar la diferencia en los resultados de la próxima campaña”, afirmó.
En un contexto en el que el clima se convirtió en uno de los principales factores de incertidumbre para el agro, las proyecciones climáticas y los sistemas de monitoreo meteorológico adquieren cada vez mayor relevancia para el diseño de estrategias productivas.
El escenario que anticipa el INTA para los próximos meses sugiere que la campaña 2026-2027 podría comenzar con mejores reservas de agua, lo que abre expectativas favorables para la producción agrícola argentina si las tendencias climáticas se consolidan.