Un estudio internacional publicado en la revista científica Nature Plants advierte que las especies de árboles exóticas de crecimiento rápido están ganando terreno en distintas regiones del mundo, un fenómeno que podría transformar el tipo de bosques que predominarán en el planeta en las próximas décadas. La investigación analizó más de 31.000 especies arbóreas y concluyó que las presiones humanas, el cambio climático y la expansión de especies introducidas están alterando la composición de los ecosistemas forestales.
El trabajo fue liderado por la Universidad de Aarhus y contó con la participación del investigador Álvaro Gutiérrez, del Instituto de Ecología y Biodiversidad y académico de la Universidad de Chile. El análisis integró datos sobre distribución geográfica de especies, rasgos funcionales de hojas, madera y semillas, además de variables ambientales, con el objetivo de proyectar escenarios de expansión o desaparición de distintas especies.
Según los resultados, las especies que crecen rápido y toleran mejor distintos ambientes tienen mayores probabilidades de expandirse, especialmente en contextos de mayor intervención humana y cambios climáticos. En contraste, los árboles de crecimiento lento, más especializados en el uso de recursos, presentan un riesgo creciente de desaparición.

“Lo relevante es que nuestro estudio reune información tanto de distribuciones de especies de árboles en el mundo (dónde están presentes) y de sus rasgos funcionales, que son las distintas características que tienen una implicancia funcional en la biología del árbol”, explicó Gutiérrez. El investigador señaló que el análisis incluye 31.001 especies, cerca de la mitad de las conocidas a nivel global, lo que permite identificar patrones representativos de la diversidad arbórea mundial.
El estudio comparó tres grupos de especies: árboles exóticos naturalizados, especies nativas amenazadas y especies nativas no amenazadas. Las especies naturalizadas son aquellas que fueron trasladadas por el ser humano fuera de su área de distribución original y que lograron establecer poblaciones autosustentables en nuevos territorios.
En total, el conjunto de datos evaluado incluyó 1.633 especies naturalizadas, 9.529 clasificadas como amenazadas y 19.839 consideradas no amenazadas. Para el análisis, los investigadores utilizaron ocho rasgos funcionales vinculados a hojas, madera y semillas, junto con 49 variables ambientales relacionadas con clima y condiciones del entorno.
Los resultados muestran diferencias claras entre las estrategias ecológicas de cada grupo. “Las especies naturalizadas crecen rápido y usan muy eficientemente los nutrientes”, señaló Gutiérrez. “En cambio, las especies que están en peligro crecen más lento y son más conservadoras en cómo usan los recursos”.

Este contraste refleja lo que los ecólogos denominan estrategias “adquisitivas” frente a estrategias “conservadoras”. Las primeras priorizan crecimiento rápido y alto uso de recursos, mientras que las segundas se caracterizan por ritmos de crecimiento más lentos y mayor eficiencia en la conservación de energía y nutrientes.
Para los investigadores, la expansión de especies exóticas está estrechamente vinculada con la intensificación del uso humano del territorio. “Todo esto tiene que ver con la intensificación del uso humano de la tierra. El cambio climático finalmente es una expresión de esa intensificación… ya hay señales de que el ser humano tiende a homogenizar la biota”, sostuvo el académico.
Ese proceso implica que las especies más generalistas tienden a expandirse, mientras que aquellas adaptadas a ambientes específicos pierden presencia o enfrentan mayores riesgos de extinción.
El reemplazo de especies también podría alterar el funcionamiento de los bosques. De acuerdo con el estudio, los ciclos de nutrientes y de carbono podrían modificarse a medida que cambie la composición de las especies que dominan estos ecosistemas.
“Lo que predecimos es que habrá un cambio más bien funcional en los bosques a escalas globales”, explicó Gutiérrez. “Uno esperaría que ocurriera un cambio en los ciclos de nutrientes, como el nitrógeno, por ejemplo”.
Además, el investigador advirtió que la dinámica del carbono también podría verse afectada. “Como estas especies crecen más rápido, también va a tener un impacto en los ciclos del carbono. O sea, la acumulación y secuestro de carbono de los bosques va a ir cambiando con el tiempo”.
Sin embargo, ese almacenamiento podría ser menos estable en el largo plazo, ya que muchas especies exóticas presentan ciclos de vida más cortos que las especies nativas de crecimiento lento.

Aunque los mayores impactos se proyectan para zonas tropicales y subtropicales, donde se concentra gran parte de la biodiversidad forestal del planeta, los investigadores advierten que procesos similares ya se observan en distintos países.
En el caso de Chile, por ejemplo, especies introducidas como pino radiata, pino ponderosa o pino oregón comenzaron a expandirse fuera de las plantaciones y colonizar ambientes naturales. En algunas regiones, incluso avanzan hacia ecosistemas donde las especies nativas tienen menor capacidad de adaptación.
“Ya vemos que estas especies incluso son capaces de invadir la estepa patagónica”, afirmó el investigador. También mencionó el avance del arce pseudoplátano, que se está expandiendo en la ecorregión valdiviana.
Los disturbios ambientales, como incendios forestales, pueden acelerar este proceso. Algunas especies exóticas poseen mecanismos de dispersión particularmente eficaces tras eventos extremos. En el caso del pino radiata, por ejemplo, los conos liberan grandes cantidades de semillas cuando se exponen a altas temperaturas.
“Se dispersa por el viento, principalmente, y tiene estos conos que generalmente están cerrados, pero cuando ocurren condiciones de incendios forestales, tienden a abrir o a explotar”, explicó Gutiérrez.
Frente a este escenario, el investigador plantea dos prioridades para la conservación de los bosques. La primera es detectar y controlar de manera temprana las especies invasoras, antes de que logren establecerse y expandirse. “Lo principal es el control de la especie exótica invasora. Una vez que ya están naturalizadas es sumamente difícil”, advirtió.

La segunda consiste en reforzar la protección de especies nativas endémicas y de crecimiento lento, que el estudio identifica como las más vulnerables frente a los cambios ambientales y la expansión de especies introducidas.
Entre ellas mencionó a gimnospermas como el alerce, la araucaria y los cipreses chilenos, además de especies en estado crítico como el ruil (Nothofagus alessandrii).
De acuerdo con el investigador, el desafío ahora es profundizar el análisis a escala local para comprender cómo estos procesos globales están afectando a cada ecosistema. “Lo que falta luego de este estudio es poder hacer un estudio a escala fina de lo que sucede aquí en Chile y cómo las especies nativas están siendo influenciadas por especies exóticas naturalizadas”, concluyó.