Las delegaciones de Estados Unidos y China retomaron este domingo en París una nueva ronda de negociaciones económicas y comerciales con el objetivo de preparar el terreno para la próxima cumbre entre el presidente Donald Trump y su par chino Xi Jinping, prevista para fines de marzo en Beijing. El encuentro se desarrolla en la sede de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y busca mantener el diálogo abierto entre las dos principales economías del mundo en un contexto de tensiones comerciales y cambios en el escenario global.
La reunión comenzó a las 10:05 hora local y se extendió hasta las 18:00, según indicaron fuentes diplomáticas. Las conversaciones continuarán este lunes y reúnen a algunos de los principales responsables económicos de ambos gobiernos. Por el lado estadounidense participan el secretario del Tesoro, Scott Bessent, y el representante comercial Jamieson Greer, mientras que la delegación china está encabezada por el viceprimer ministro He Lifeng y el negociador comercial Li Chenggang.
Entre los temas centrales de la agenda aparecen los aranceles vigentes, los controles a la exportación de tecnología avanzada, el comercio de minerales estratégicos —especialmente las tierras raras— y las compras chinas de productos agrícolas estadounidenses, asuntos que en los últimos años se han convertido en focos de fricción en la relación bilateral.
El encuentro en la capital francesa constituye la sexta ronda del mecanismo bilateral iniciado en Ginebra en mayo de 2025, que desde entonces ha funcionado como canal diplomático para gestionar las disputas comerciales entre ambos países. Aunque el objetivo inmediato es sostener el diálogo, el contexto actual introduce nuevas variables que condicionan el avance de las negociaciones.
La ronda de París se desarrolla en un marco diferente al de los encuentros anteriores. En febrero, la Corte Suprema de Estados Unidos anuló los aranceles que la administración de Donald Trump había aplicado invocando la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional (IEEPA), una herramienta que Washington utilizaba como principal instrumento de presión comercial frente a Beijing.
Tras el fallo, la Casa Blanca reaccionó aplicando un arancel global del 15% bajo la Sección 122 de la Ley Arancelaria de 1974. Sin embargo, este mecanismo tiene una vigencia legal limitada a 150 días, lo que reduce su alcance y añade incertidumbre al calendario de negociación, ya que expira a mediados de julio.
Diversos analistas consideran que la decisión judicial modificó el equilibrio de fuerzas en el diálogo. Expertos del Consejo de Relaciones Exteriores y del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales sostienen que Beijing llega a las conversaciones con mayor margen de maniobra al haberse debilitado la principal herramienta arancelaria de Washington.
Al mismo tiempo, China mantiene una carta estratégica clave: su capacidad para restringir la exportación de tierras raras, minerales indispensables para sectores como la industria aeroespacial, la electrónica avanzada y la producción de semiconductores. Empresas estadounidenses han advertido sobre una creciente escasez de itrio, un elemento utilizado en recubrimientos resistentes al calor en motores de aviación.
El contexto geopolítico también influye en el clima de las negociaciones. La reciente escalada militar en Medio Oriente y el cierre del estrecho de Ormuz generaron una fuerte disrupción en los mercados energéticos internacionales.
De acuerdo con estimaciones citadas por Reuters, cerca del 20% del suministro mundial de petróleo pasa por ese corredor marítimo. Para China el impacto potencial es aún mayor, ya que aproximadamente el 45% de sus importaciones de crudo transitan por esa ruta estratégica.
Esta situación introduce un factor adicional de urgencia en el diálogo. Para Estados Unidos, el conflicto también incrementó la necesidad de asegurar el acceso a minerales críticos utilizados en tecnologías militares, lo que refuerza el interés de Washington en alcanzar algún entendimiento con Beijing sobre el comercio de tierras raras.
Antes del inicio de las conversaciones, el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, sostuvo que el diálogo económico bilateral “avanza”, según una declaración difundida por el propio Departamento del Tesoro. Desde Beijing, el Ministerio de Comercio chino señaló en un comunicado que ambas partes discutirán “cuestiones comerciales y económicas de interés mutuo”.
La agencia estatal Xinhua destacó en un comentario que un progreso en la cooperación entre las dos potencias podría contribuir a recuperar la confianza en una economía global cada vez más frágil.
Las cinco rondas previas del mecanismo bilateral se celebraron en Ginebra, Londres, Estocolmo, Madrid y Kuala Lumpur entre mayo y octubre de 2025. Ese proceso derivó en la llamada tregua comercial de Busan, acordada por Trump y Xi Jinping durante la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) en Corea del Sur.
En ese acuerdo, vigente por un año, China se comprometió a aumentar sus compras de soja estadounidense, con la adquisición de 12 millones de toneladas métricas durante la campaña 2025 y 25 millones en 2026.
Funcionarios del Tesoro estadounidense han señalado que Beijing ha cumplido hasta el momento con esos compromisos, lo que contribuyó a estabilizar parcialmente el comercio agrícola entre ambas economías.
Sin embargo, la relación bilateral continúa marcada por episodios de tensión. En los últimos días, la administración Trump abrió una nueva investigación bajo la Sección 301 de la Ley de Comercio, un instrumento utilizado para examinar presuntas prácticas comerciales desleales.
El proceso introduce un nuevo factor de incertidumbre en el diálogo económico. Además, los datos comerciales recientes muestran señales mixtas: las exportaciones chinas hacia Estados Unidos cayeron 11% en los primeros meses del año, mientras que las ventas totales de China al resto del mundo crecieron cerca de 22% en el mismo período.
Los especialistas mantienen expectativas prudentes sobre los resultados de la ronda en París. Para muchos analistas, el objetivo principal de ambas delegaciones es evitar una nueva escalada de tensiones antes de la reunión entre los presidentes.
Scott Kennedy, experto en economía china del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, sostuvo que el objetivo mínimo del diálogo es “mantener la estabilidad y evitar una ruptura en la relación comercial”.
La importancia de las negociaciones radica en su vínculo directo con la próxima visita de Donald Trump a China. El mandatario estadounidense planea viajar a Beijing entre el 31 de marzo y el 2 de abril, lo que marcaría su primer viaje al país asiático desde su visita oficial en 2017.
En aquella ocasión, ambos gobiernos anunciaron compromisos de inversión por cerca de 250.000 millones de dólares, un antecedente que refleja el alcance potencial de la cooperación económica entre las dos potencias. Según informó Infobae, las conversaciones en París buscan precisamente generar las condiciones políticas y comerciales necesarias para que la próxima cumbre entre Trump y Xi Jinping permita sostener el diálogo y evitar una nueva fase de confrontación económica global.