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Del consultorio a floricultores: el proyecto de peonías que florece en las sierras de Tandil

Una pareja dejó su vida profesional para crear Flowery Hills, un campo con 10.000 peonías que apuesta a la floricultura y al turismo botánico

Del consultorio a floricultores: el proyecto de peonías que florece en las sierras de Tandil
martes 17 de marzo de 2026

En las sierras de Tandil, en el sudeste de la provincia de Buenos Aires, un proyecto agrícola poco habitual comenzó a ganar notoriedad dentro del mundo de la floricultura. Se trata de Flowery Hills, un campo dedicado al cultivo de peonías impulsado por Cristián Bonadeo y Dolores “Lola” Bravo, quienes decidieron abandonar sus profesiones y mudarse al campo para desarrollar una producción que hoy reúne cerca de 10.000 plantas. La iniciativa, que comenzó en 2016 con un enfoque experimental, logró avanzar hasta alcanzar estándares de exportación y ahora busca transformarse también en un espacio de turismo botánico.

Del consultorio a floricultores: el proyecto de peonías que florece en las sierras de Tandil

La historia del emprendimiento refleja una tendencia creciente en distintos sectores del agro: la búsqueda de nuevos modelos productivos vinculados a nichos de alto valor, como la floricultura especializada.

Según relató Mercedes González Prieto en el medio De Raíz, el proyecto nació a partir de la fascinación de Bonadeo por estas flores, conocidas por su tamaño, su fragancia y su alto valor ornamental.

Con el paso del tiempo, esa curiosidad inicial se transformó en un cambio de vida completo. Tras la pandemia, la pareja decidió cerrar sus consultorios y trasladarse definitivamente al campo, donde actualmente desarrollan la producción de flores y trabajan en un proyecto de parque botánico.

Un cultivo que exige paciencia y clima adecuado

El cultivo de peonías presenta características particulares que lo convierten en una actividad agrícola de alta especialización.

Del consultorio a floricultores: el proyecto de peonías que florece en las sierras de Tandil

Esta planta, originaria de regiones montañosas del Himalaya, requiere condiciones climáticas específicas para desarrollarse correctamente. Uno de los factores determinantes es el frío invernal, ya que las peonías necesitan acumular una determinada cantidad de horas de bajas temperaturas para poder florecer.

Sin ese proceso fisiológico, conocido como vernalización, las plantas no desarrollan flores durante la temporada siguiente.

Por esta razón, el cultivo de peonías en Argentina se concentra principalmente desde el centro de la provincia de Buenos Aires hacia el sur, donde las condiciones climáticas resultan más favorables.

En Tandil, sin embargo, el manejo del cultivo implica enfrentar desafíos constantes vinculados a las variaciones climáticas.

Bonadeo explicó que el clima puede alterar el desarrollo de las plantas de manera inesperada. En una ocasión, por ejemplo, una partida de rizomas importados desde Holanda comenzó a brotar antes de tiempo, lo que dejó a los brotes expuestos a heladas tardías que afectaron la producción.

Ese tipo de situaciones obliga a los productores a adaptar permanentemente las estrategias de manejo agronómico.

Los secretos del manejo de la peonía

El sistema productivo del campo se basa en el manejo de rizomas, estructuras subterráneas que funcionan como órganos de reserva de la planta.

A diferencia de otras especies ornamentales, las peonías pueden tener una vida útil extremadamente larga. Los rizomas, si se mantienen en buenas condiciones, pueden vivir hasta 60 años.

Sin embargo, el traslado de estos materiales vegetales es delicado y puede afectar su desarrollo.

Uno de los aspectos técnicos más importantes del cultivo es la poda anual, que se realiza al ras del suelo una vez finalizada la temporada.

Esta práctica permite que el rizoma permanezca bajo tierra durante el invierno, acumulando el frío necesario para iniciar un nuevo ciclo de crecimiento en primavera.

En cuanto al suelo, Bonadeo señaló que existen algunos mitos extendidos sobre el cultivo.

A diferencia de lo que suele creerse, las peonías no necesariamente requieren suelos livianos. De acuerdo con la experiencia del productor, pueden desarrollarse bien en suelos más pesados, siempre que cuenten con buen contenido de materia orgánica y un sistema de drenaje que evite el exceso de agua.

El manejo de la flor también implica decisiones estratégicas orientadas a mejorar su calidad.

Para obtener flores aptas para mercados exigentes, los productores realizan un despunte selectivo, eliminando los pimpollos secundarios para que la planta concentre su energía en el desarrollo de una flor principal de mayor tamaño.

Sin embargo, cuando el clima afecta el pimpollo central, los productores optan por dejar crecer los secundarios para garantizar que el campo mantenga su floración.

De la experimentación a la exportación

El proyecto comenzó formalmente en 2016, cuando Bonadeo decidió explorar la posibilidad de cultivar peonías en Tandil.

En los primeros años, el aprendizaje se apoyó en el asesoramiento de productores experimentados del sector florícola.

Entre ellos se destacó Marcelo Sasaki, un referente de la floricultura argentina, quien visitó el predio y recomendó apostar por esta especie.

Según relató el propio productor, Sasaki le anticipó que el proceso requeriría dos o tres años de aprendizaje antes de alcanzar una cosecha comercial.

La proyección resultó acertada. Con el tiempo, el emprendimiento logró desarrollar flores de calidad suficiente para ingresar al mercado internacional.

En 2019, las peonías producidas en el campo fueron exportadas y utilizadas en eventos internacionales de gran visibilidad, como la cumbre del G20.

Ese logro marcó un punto de inflexión para el proyecto y confirmó el potencial del cultivo en la región.

Crecimiento del emprendimiento

Desde sus comienzos, la escala del proyecto creció de manera sostenida.

El campo comenzó con alrededor de 2.500 plantas, pero con el paso de los años la superficie cultivada se amplió mediante la división de rizomas, una técnica que permite multiplicar las plantas.

Actualmente, el establecimiento cuenta con cerca de 10.000 peonías, incluyendo nuevas variedades incorporadas mediante importaciones.

Este crecimiento fue acompañado por un cambio profundo en la vida personal de los fundadores.

Hace aproximadamente dos años, Bonadeo y Bravo decidieron instalarse de manera permanente en el campo, donde gestionan el cultivo y planifican nuevas etapas para el proyecto.

Una floración breve pero impactante

Uno de los rasgos más llamativos del cultivo es la brevedad de su floración.

En la región de Tandil, la temporada comienza generalmente en la última semana de octubre y finaliza alrededor del 20 de noviembre.

Este período relativamente corto genera un espectáculo visual muy atractivo, ya que durante pocas semanas el campo se cubre de flores de gran tamaño y colores intensos.

La corta duración de la temporada llevó a los productores a pensar en nuevas estrategias para mantener la actividad durante todo el año.

Un proyecto de turismo botánico

Con ese objetivo, los responsables de Flowery Hills comenzaron a desarrollar la idea de transformar el campo en un paseo botánico abierto al público.

El proyecto contempla la incorporación de otras especies ornamentales, como tulipanes, lupinos, rododendros y secuoyas, y en el futuro sumar camelias, azaleas y un espacio gastronómico tipo casa de té.

La intención es que el establecimiento pueda recibir visitantes durante distintas épocas del año, ampliando su propuesta más allá de la breve temporada de floración de las peonías.

Actualmente, el campo puede visitarse durante la primavera, aunque las visitas requieren coordinación previa debido a la corta duración del período de floración.

El establecimiento se encuentra a unos 20 minutos del centro de Tandil, en una zona serrana donde el paisaje natural se combina con la producción ornamental.

Una tendencia en crecimiento

El desarrollo de proyectos como Flowery Hills refleja el interés creciente por actividades agroproductivas vinculadas a la floricultura especializada y al turismo rural.

Estos emprendimientos combinan producción agrícola, diseño paisajístico y experiencias para visitantes, generando nuevas oportunidades económicas en regiones rurales.

En el caso de Tandil, el proyecto suma un atractivo adicional a la oferta turística de la zona, tradicionalmente vinculada a la gastronomía y al turismo serrano.

Mientras tanto, sus creadores continúan ampliando el campo y experimentando con nuevas especies, convencidos de que el proyecto —al igual que las flores que cultivan— requiere tiempo, paciencia y las condiciones adecuadas para florecer.

 



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