Agro Alimentos / Economías Regionales

Del mar al campo: algas que mejoran rindes y suelos

Un proyecto en la Patagonia impulsa el uso de macroalgas como bioestimulantes para mejorar cultivos y diversificar la producción

Del mar al campo: algas que mejoran rindes y suelos
sábado 21 de marzo de 2026

La primera cosecha de macroalgas en la Patagonia argentina se realizó en marzo de 2026 en Puerto San Julián, impulsada por una ONG, con el objetivo de desarrollar bioestimulantes agrícolas que mejoren rindes y resiliencia de cultivos, en un contexto clave para diversificar la producción, según informó Clarín.

En el sur del país, lejos de la zona núcleo agrícola, una iniciativa innovadora busca conectar el mar con el campo. En Puerto San Julián, provincia de Santa Cruz, se concretó la primera cosecha de macroalgas Macrocystis pyrifera, un recurso natural con potencial para transformar la producción agropecuaria.

El proyecto es impulsado por la Fundación Por el Mar, que promueve el cultivo sustentable de algas como alternativa productiva de bajo impacto ambiental. Según informó Clarín, la iniciativa apunta a generar bioestimulantes naturales que mejoren el rendimiento y la resiliencia de los cultivos frente al estrés climático.

Un recurso con alto valor agrícola

Las macroalgas recolectadas contienen fitohormonas, aminoácidos y antioxidantes, compuestos que favorecen el desarrollo de las plantas. Entre ellos se destacan las auxinas y citoquininas, claves para estimular el crecimiento y fortalecer los mecanismos de defensa.

Del mar al campo: algas que mejoran rindes y suelos

Su aplicación en la agricultura permite mejorar la germinación, optimizar el crecimiento y aumentar la tolerancia a condiciones adversas como sequías o bajas temperaturas. Además, contribuyen a mejorar la estructura del suelo.

Actualmente, este tipo de insumos es importado en Argentina, lo que abre una oportunidad para desarrollar producción local y reducir costos.

Producción sustentable desde el mar

El cultivo de Macrocystis pyrifera se realiza mediante un sistema acuícola que replica procesos naturales. El desarrollo comienza en laboratorio, donde las esporas crecen en condiciones controladas durante aproximadamente 45 días.

Luego, se trasladan al mar, donde se fijan en líneas ancladas al lecho marino y crecen hacia la superficie. Este sistema permite obtener rendimientos cercanos a dos toneladas por línea.

“En Argentina tenemos el 30% de los bosques de macroalgas del mundo, y están bastante prístinos. Se encendió una alarma cuando empezaron a aparecer empresas interesadas en extraerlos, cuando en el mundo no se hace así sino que se producen en granjas”, explicó Maia Gutiérrez.

La iniciativa busca evitar la extracción indiscriminada y avanzar hacia un modelo sustentable basado en el cultivo controlado.

Resultados iniciales y proyección

En esta primera experiencia se trabajó con dos líneas de cultivo de 50 metros, con distintos tiempos de desarrollo. El rendimiento promedio fue de alrededor de 10 kilos por metro, con variaciones según el ciclo.

A partir de este volumen, el equipo logró obtener extractos mediante un proceso de hidrólisis alcalina, con un rendimiento cercano al 80%. Se estima que 1.000 kilos de alga permiten producir unos 600 litros de bioestimulante.

Parte de esta producción será evaluada en conjunto con el INTA para analizar su impacto en sistemas agrícolas y ganaderos.

Del mar al campo: algas que mejoran rindes y suelos

El potencial también alcanza a la producción animal. Según investigaciones, el uso de estos extractos en pasturas puede mejorar la digestión y reducir las emisiones de metano del ganado.

Diversificación productiva y desarrollo local

El proyecto no solo apunta al agro, sino también a generar nuevas oportunidades en la región. En una planta costera reacondicionada, donde anteriormente se procesaba pescado, hoy se realizan tareas de procesamiento, secado y conservación de algas.

La iniciativa cuenta con el apoyo de GreenWave, especializada en cultivo de algas, lo que aporta conocimiento técnico y experiencia internacional.

A mediano plazo, el objetivo es escalar la producción a una hectárea de cultivo y alcanzar 100 toneladas anuales, un volumen que permitiría lograr rentabilidad y consolidar el modelo.

“Cuando logremos escalar la granja y consolidar la cadena de valor, la idea es transferir el modelo a familias de la zona. Es una iniciativa que surge de la propia comunidad de San Julián”, señaló Gutiérrez.

Un modelo con impacto ambiental positivo

El cultivo de macroalgas presenta beneficios adicionales. Estas especies capturan carbono, reducen la erosión costera y generan hábitats para distintas especies marinas.

Además, su crecimiento es uno de los más rápidos del planeta, con tasas de hasta 16 centímetros por día y longitudes que pueden superar los 40 metros.

Del mar al campo: algas que mejoran rindes y suelos

En este contexto, el desarrollo de esta actividad se perfila como una herramienta para impulsar una economía azul sostenible, combinando producción, conservación ambiental y generación de empleo.

La experiencia en la Patagonia abre así una nueva frontera productiva para Argentina, donde el mar se convierte en aliado del campo en un escenario de creciente demanda por soluciones agrícolas más sustentables.



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