Un equipo de investigadores de la Universidad de Nuevo México descubrió que la planta prehistórica Equisetum, conocida como “cola de caballo”, puede generar agua con una composición química similar a la de los meteoritos. El estudio, difundido el 24 de marzo de 2026, resulta clave porque permite ajustar los modelos utilizados para reconstruir el clima de la Tierra en el pasado.
El hallazgo de una capacidad inédita en una planta con más de 400 millones de años de historia abre una nueva etapa en la comprensión del clima terrestre. Según informó La Nación, científicos detectaron que el Equisetum, una de las especies vegetales más antiguas del planeta, produce agua con una firma química comparable a la de materiales de origen espacial.
La investigación fue liderada por Zachary Sharp, quien explicó que el fenómeno se vincula con la concentración de isótopos pesados de oxígeno. “Si un equipo encontrara una muestra similar sin contexto, afirmaría que su origen es espacial”, señaló el especialista.
A diferencia de la mayoría de las plantas, donde la evaporación del agua ocurre principalmente en las hojas, en la “cola de caballo” este proceso comienza en el tallo. Su estructura hueca permite que el agua ascienda mientras pierde progresivamente las moléculas más livianas.
Este proceso genera un efecto acumulativo: el agua que llega a la parte superior del tallo presenta una concentración de oxígeno pesado que supera los niveles habituales en la Tierra hasta por cinco veces. La combinación de calor, viento y evaporación explica esta transformación sin necesidad de mecanismos biológicos complejos.

El resultado es una “firma química” que hasta ahora solo se asociaba a los meteoritos, lo que sorprendió a la comunidad científica.
El descubrimiento tiene consecuencias directas en el estudio del pasado climático del planeta. El Equisetum forma fitolitos, estructuras microscópicas de sílice que pueden preservarse durante millones de años y conservar información sobre el agua que circulaba en la planta.
Hasta ahora, estos restos fósiles se utilizaban para estimar los niveles de humedad en distintas eras geológicas, incluida la época de los dinosaurios. Sin embargo, el nuevo estudio detectó que los modelos empleados contenían errores en las constantes de evaporación.
Al corregir esos parámetros con los datos obtenidos en la “cola de caballo”, los investigadores pueden reconstruir el clima antiguo con mayor precisión. Esto permite reinterpretar mediciones que antes resultaban inconsistentes, especialmente en ambientes áridos o en especies que consumían agua altamente evaporada.

El hallazgo reduce el margen de error en la lectura de registros naturales y mejora la comprensión de cómo evolucionaron las condiciones climáticas a lo largo de millones de años. También aporta una herramienta clave para disciplinas como la paleontología climática, que dependen de indicadores indirectos para reconstruir el pasado.
Además, el estudio refuerza la importancia de las plantas como archivos naturales de información ambiental. Incluso especies consideradas “simples” pueden revelar procesos físicos complejos con impacto global.
En un contexto de creciente interés por el cambio climático, estos avances permiten afinar las comparaciones entre el pasado y el presente. Comprender con mayor exactitud cómo variaron la humedad y la temperatura en la historia del planeta resulta fundamental para proyectar escenarios futuros.