Un equipo del Instituto Real de Tecnología de Melbourne implementó un sistema de humedales flotantes en una laguna de aguas residuales en la isla Phillip. El proyecto demostró que estas plataformas vegetales pueden reducir hasta un 22% los gases de efecto invernadero y mejorar la calidad del agua, lo que las posiciona como una alternativa sostenible frente a métodos tradicionales.
La búsqueda de soluciones frente a la contaminación del agua y las emisiones contaminantes sumó un nuevo avance con resultados concretos. Según informó Infobae, un sistema de humedales flotantes logró reducir gases de efecto invernadero y mejorar la calidad del agua en una laguna de tratamiento en Australia.
El experimento consistió en instalar plataformas prefabricadas con plantas autóctonas sobre la superficie del agua. Estas estructuras permiten disminuir los niveles de nitrógeno en un 12% y reducir significativamente el metano, uno de los gases con mayor impacto en el calentamiento global.
El sistema combina procesos naturales con diseño tecnológico. Las raíces de las plantas crecen hacia el agua y actúan como filtros biológicos, absorbiendo nutrientes y reteniendo partículas contaminantes.
Además, la red radicular crea microhábitats donde se desarrollan microorganismos que descomponen materia orgánica y contribuyen a reducir gases nocivos. Este proceso ralentiza la liberación de burbujas de metano y favorece su disolución antes de llegar a la atmósfera.
Otro factor clave es la cobertura vegetal en la superficie, que funciona como una barrera física. Esta capa reduce la liberación directa de gases y mejora la transparencia del agua al limitar la proliferación de algas.

El estudio, liderado por Lukas Schuster, registró resultados en un plazo corto. En apenas cuatro meses se observó una reducción del 22% en los gases de efecto invernadero, con un impacto marcado en el metano.
Tras siete meses de monitoreo, también se detectaron descensos en dióxido de carbono y óxido nitroso, aunque en menor medida. Los investigadores realizaron comparaciones entre zonas con y sin intervención para validar los resultados.
Las plataformas instaladas cubrieron un área equivalente a dos canchas de tenis y fueron diseñadas para resistir condiciones ambientales constantes, como el contacto permanente con el agua.
Uno de los puntos destacados del proyecto es su costo competitivo. La implementación demandó alrededor de 234.000 dólares, una cifra menor en comparación con las inversiones necesarias para modernizar plantas tradicionales de tratamiento.
Schuster definió este enfoque como una “solución basada en la naturaleza”, capaz de combinar eficiencia ambiental con viabilidad económica. Además de reducir contaminantes, el sistema favorece la biodiversidad al crear hábitats para distintas especies.
La investigación también subraya que el tratamiento convencional de aguas residuales puede generar entre el 7% y el 10% de las emisiones globales de metano y óxido nitroso, lo que refuerza la necesidad de alternativas más limpias.
El potencial de los humedales flotantes abre la puerta a su aplicación en entornos urbanos y rurales. Su diseño modular permite adaptarlos a distintos tipos de cuerpos de agua, desde lagunas hasta reservorios industriales.
Sin embargo, los especialistas advierten que los resultados pueden variar según la composición del agua y las especies vegetales utilizadas. Por eso, consideran necesario ampliar los estudios antes de escalar su implementación a gran escala.
Investigadores como Jan Vymazal, de la Universidad Checa de Ciencias de la Vida de Praga, señalaron que aún es necesario profundizar en los mecanismos que explican la reducción de emisiones y evaluar su replicabilidad en distintos contextos.

A pesar de estas incógnitas, los resultados iniciales posicionan a los humedales flotantes como una herramienta prometedora para mejorar la gestión de aguas residuales, reducir emisiones y avanzar hacia modelos de desarrollo más sostenibles.