Estados Unidos trasladó recientemente 100 millones de dólares en oro físico desde Venezuela, una operación inédita en más de dos décadas entre ambos países, con el propósito de convertir esos activos en inversiones industriales estratégicas, informó el secretario de Interior estadounidense, Doug Burgum, durante el foro energético CERAWeek en Texas.
El funcionario detalló que el metal precioso salió de Caracas y llegó a suelo estadounidense a principios de este mes, en un movimiento que constituye el primer envío de este tipo entre Venezuela y Estados Unidos en más de 20 años, y que marca un avance importante en las gestiones bilaterales tras el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre ambos países. El traslado del oro, dijo Burgum, tiene como objetivo respaldar inversiones en sectores productivos y facilitar el ingreso de capital privado para reactivar la industria venezolana.
La operación con el oro se realizó en medio de intensas reuniones entre Burgum —quien visitó Venezuela el 4 de marzo acompañado de ejecutivos del sector energético— y autoridades venezolanas, incluido un encuentro de más de diez horas con Delcy Rodríguez, presidenta encargada del país caribeño. La reunión con Rodríguez formó parte de un acercamiento diplomático y empresarial que busca atraer inversiones estadounidenses a Venezuela después de años de sanciones y tensiones políticas.

“Nunca se había producido ningún envío de metales preciosos entre ambos países en más de 20 años”, aseguró Burgum ante los asistentes de CERAWeek, destacando el valor simbólico y práctico del movimiento del oro para facilitar compromisos económicos concretos entre inversionistas de ambos lados.
En ese contexto, Burgum describió la industria minera venezolana como “colapsada” y dominada por explotaciones artesanales controladas por pandillas, aunque afirmó que observó voluntad del gobierno para modernizar el sector y generar condiciones favorables para los negocios bilaterales. La declaración apunta a la necesidad de transformar un sector que, según expertos y actores locales, ha sufrido décadas de abandono, ilegalidad y escasa inversión formal.
Ese diagnóstico se da en paralelo a esfuerzos del Legislativo venezolano para reformar el marco legal de la minería. El Parlamento, controlado por el chavismo, se encuentra discutiendo una nueva ley de minas que, de aprobarse, reemplazaría la legislación vigente desde 1999. Las autoridades sostienen que la actualización normativa fomentará estándares y protocolos internacionales, flexibilizará aspectos fiscales y ofrecerá garantías jurídicas y políticas para atraer capital extranjero.
La oferta de reinvertir en Venezuela no provino solo del lado oficialista. Durante el mismo foro CERAWeek, la líder opositora venezolana María Corina Machado presentó a ejecutivos petroleros estadounidenses un plan energético que minimiza la intervención estatal y promete condiciones que impulsen inversiones en hidrocarburos. Su intervención buscó presentar una visión alternativa de apertura económica y cooperación con firmas privadas internacionales.
Pese a estas iniciativas, la discusión legislativa en Caracas enfrentó un retraso: la segunda discusión de la ley de minas —necesaria para su aprobación— fue postergada, aunque fuentes parlamentarias indicaron que el debate se retomará próximamente. De aprobarse, la nueva normativa representaría un avance sustancial para ofrecer un marco legal más atractivo para inversionistas extranjeros y nacionales.
A la par de los movimientos empresariales, la encargada de negocios de Estados Unidos en Venezuela, Laura Dogu, sostuvo en Caracas una reunión con una delegación de inversionistas y empresas estadounidenses interesadas en oportunidades comerciales en el país sudamericano. Este encuentro, el primero de este tipo desde el restablecimiento de relaciones diplomáticas a principios de marzo, fue anunciado por la misión estadounidense a través de sus redes sociales oficiales.
Dogu afirmó que la reunión le permitió “conocer las oportunidades que ofrece Venezuela en el contexto político y económico actual”, subrayando que el sector privado estadounidense tendrá un papel clave en la construcción de una Venezuela estable y próspera. La diplomática no detalló cuáles empresas participaron ni los sectores específicos abordados, pero enfatizó el interés estadounidense en explorar opciones de cooperación productiva.
La visita de Dogu coincidió con la participación de Delcy Rodríguez en un foro de inversión global en Miami, donde la presidenta encargada prometió la aprobación de leyes que garanticen el retorno del capital extranjero “indistintamente de alternancias políticas”. Estas declaraciones buscan enviar señales de estabilidad y previsibilidad a potenciales inversionistas tras años de inestabilidad económica y sanciones.
Además, se informó que una delegación de funcionarios venezolanos viajará esta semana a Washington, D.C., para iniciar formalmente el proceso de normalización de relaciones bilaterales entre ambos países, suspendidas desde 2019. El grupo, designado por el Ministerio de Relaciones Exteriores, asumirá responsabilidades consulares y administrativas, además de coordinar trámites con el Departamento de Estado norteamericano.
El traslado del oro y las gestiones diplomáticas reflejan un esfuerzo conjunto de actores gubernamentales y privados para reactivar la economía venezolana mediante la atracción de capital extranjero. Venezuela enfrenta retos considerables en sectores como la minería, el petróleo y la manufactura, con infraestructuras deterioradas, necesidades de inversión tecnológica y marcos regulatorios que requieren modernización.
La iniciativa de usar activos como el oro para catalizar inversiones industriales representa una estrategia poco convencional, pero con el respaldo de altos funcionarios estadounidenses, podría abrir puertas a nuevos flujos financieros y acuerdos corporativos que hasta ahora se mantenían limitados por sanciones y desconfianza mutua.
Sin embargo, el éxito de estos esfuerzos dependerá de la capacidad del gobierno venezolano para consolidar garantías legales, fortalecer el Estado de derecho y ofrecer seguridad jurídica y política a los inversionistas. Del mismo modo, las empresas extranjeras evaluarán cuidadosamente los riesgos asociados con operar en un mercado históricamente volátil, aunque con alto potencial de recursos naturales y mano de obra capacitada.
Mientras tanto, los actores políticos tanto en Caracas como en Washington parecen apostar por un enfoque pragmático que combine diplomacia, incentivos normativos y apertura económica, con la esperanza de reinsertar a Venezuela en la dinámica global de inversiones y cadenas productivas, según reporta Infobae.