El chef Gabriel Oggero logró posicionar a Crizia como uno de los restaurantes más influyentes de Buenos Aires tras más de dos décadas de trabajo enfocado en el mar argentino. El proyecto, iniciado a comienzos de los 2000, desafió la tradición gastronómica local y hoy cuenta con distinciones de la Guía Michelin, consolidando una propuesta basada en producto, trazabilidad y sustentabilidad.
En una ciudad históricamente marcada por la carne, apostar por el mar argentino fue durante años una decisión contracultural. Sin embargo, Gabriel Oggero eligió ese camino y terminó construyendo una identidad gastronómica propia que hoy posiciona a Crizia entre los restaurantes más destacados de Buenos Aires.
Según informó Forbes, el proyecto nació hace más de veinte años con una idea clara: acercar los productos del mar a una escena local que apenas los consideraba. En sus inicios, Crizia funcionaba como un bar de ostras con una propuesta poco convencional para la época.
El crecimiento no fue inmediato. Oggero debió enfrentar desafíos vinculados a la provisión, el conocimiento del producto y la cultura de consumo. “No fue así nomás que levantamos el teléfono y ya teníamos un proveedor”, recordó sobre los primeros años.

Desde el inicio, el chef decidió trabajar de manera directa con el producto. Esto implicó involucrarse en su desarrollo, colaborar con especialistas y entender en profundidad el ciclo de las ostras.
Esa decisión marcó el ADN del restaurante: trazabilidad, cercanía con productores y sustentabilidad. Más que una tendencia, se convirtió en una forma de trabajo sostenida en el tiempo.
El punto de inflexión llegó en 2006, tras una experiencia en Mar del Plata y el impulso que generó la feria gastronómica Masticar. Allí, Oggero definió el rumbo del proyecto: el mar argentino sería el eje central.
“Este es nuestro camino”, afirmó en ese momento a su equipo.
A partir de entonces, Crizia comenzó a consolidar una propuesta que buscaba romper con los moldes tradicionales. En lugar de replicar cocinas extranjeras, el objetivo fue desarrollar una interpretación propia del mar, alejada de influencias directas de Asia, Europa o Perú.

Con el paso de los años, la propuesta fue evolucionando. Lo que empezó como una barra de ostras se transformó en un restaurante con identidad definida, donde el producto marino pasó a ocupar el centro de la escena.
Uno de los pilares de esa evolución fue el menú Puro Mar, una experiencia por pasos que recorre la diversidad del ecosistema marítimo argentino y consolida a la ostra como símbolo del proyecto.
El cambio también fue cultural. “Nos llevó un montón de años… pero de a poquito empezamos a cosechar fans”, señaló Oggero sobre la aceptación del público.
Esa construcción paciente permitió que Crizia dejara de ser una propuesta de nicho para convertirse en un referente dentro de la gastronomía local.
El trabajo sostenido tuvo su correlato en el reconocimiento global. Crizia fue distinguido con dos menciones clave de la Guía Michelin: la estrella roja, por su calidad culinaria y servicio, y la estrella verde, por su compromiso con la sustentabilidad.
Lejos de considerarlo un objetivo final, Oggero lo interpreta como un punto de partida para nuevos desafíos.
“Nos puso en otro lugar en el que tenemos que seguir trabajando más… y más”, afirmó.
Para el chef, el reconocimiento valida una filosofía construida a lo largo del tiempo: respetar el producto, entender su origen y ofrecer una experiencia coherente.
El caso de Crizia refleja un cambio más amplio dentro de la gastronomía argentina. La valorización del producto local, la sustentabilidad y la identidad propia se consolidan como ejes centrales en la nueva escena culinaria.
En ese proceso, Oggero logró posicionarse como uno de los principales intérpretes del mar argentino, abriendo camino para nuevas propuestas y ampliando el horizonte gastronómico del país.
A más de dos décadas de su inicio, el proyecto mantiene intacta su premisa original: demostrar que el mar argentino tiene lugar en la mesa y puede competir al más alto nivel internacional.