El enólogo Gabriel Guardia lidera un proyecto en Mendoza para rescatar olivos centenarios, preservar su genética y promover la variedad Arauco, con el objetivo de reposicionar a la provincia como referente mundial del aceite de oliva de altísima calidad.
Entre fincas abandonadas y retroexcavadoras, Gabriel Guardia se desplaza por Mendoza con un objetivo claro: rescatar olivos históricos de 150 años para preservar su valor genético y cultural. Maestro aceitero y referente internacional del aceite de oliva virgen extra, Guardia combina su pasión por la enología con un proyecto de impacto patrimonial y productivo.
Tras décadas de experiencia, incluyendo su liderazgo en la olivícola Laur, ahora encabeza Corazón de Lunlunta y la Guardería de los Olivos en Guaymallén, un espacio donde los árboles centenarios son replantados y protegidos del avance urbano. “Esto es una semillita dentro de todo lo que tenemos que hacer por la olivicultura de Mendoza, había que arrancar por las raíces para reconvertir la industria y devolverla al lugar protagónico que supo tener”, asegura Guardia.

La pérdida de olivos centenarios es un problema histórico. Mendoza supo perder 15.000 hectáreas de las 20.000 que tenía, y hoy quedan apenas 5.000 hectáreas en producción. Muchos de estos árboles fueron traídos por inmigrantes desde España, Italia y el Líbano, y representan un legado cultural y agrícola único.
“Son olivos que fueron traídos por nuestros bisabuelos en barco. Ese origen migrante forma parte del patrimonio cultural de Mendoza”, explica Guardia, quien comenzó a involucrarse en la olivicultura a los 20 años y presenció la época dorada del sector.

Frente a esta situación, Guardia impulsó la creación de una fundación sin fines de lucro destinada a rescatar, trasladar y preservar los olivos centenarios. La iniciativa cuenta con el apoyo del municipio de Guaymallén y permite que árboles destinados a ser talados sean replantados en espacios públicos o protegidos en la guardería.
“De todo lo que es la guardería no saco un peso, ni espero que esos árboles algún día me den aceitunas”, aclara el enólogo, destacando el valor patrimonial y científico de la acción.

El rescate no solo tiene fines culturales, sino también productivos. Los olivos centenarios pertenecen principalmente a la variedad Arauco, única en el mundo, capaz de generar aceites con alto contenido de polifenoles y propiedades antioxidantes. Guardia investiga incluso su uso en dietas para niños con Trastorno del Espectro Autista (TEA), donde ha observado efectos positivos rápidos.
El proyecto apunta a reposicionar a Mendoza como capital mundial del aceite de oliva de altísima calidad, transformando la olivicultura local mediante plantaciones intensivas, riego por aspersión y cosecha mecánica. Según Guardia, un aceite rico en polifenoles puede valer hasta 50 o 60 dólares el kilo, frente a los 5 o 6 dólares del aceite común a granel, lo que representa un fuerte incentivo para productores.

Gabriel Guardia proyecta un círculo virtuoso: rescate de olivos, preservación genética, inversión privada y pública, y producción de aceites de alta calidad para el mercado internacional. “Lo veo posible porque son todas cosas que tenemos. Solo hay que reorganizarlas y encauzarlas para el mismo lado”, concluye.
Su historia personal, marcada por la infancia en Maipú, entre álamos, vides y frutales, refuerza su vínculo con la tierra y la pasión por la olivicultura, que hoy transmite también a sus tres hijos. Para Guardia, el trabajo va más allá de la rentabilidad: “El verdadero valor del trabajo no siempre está en el resultado inmediato. Para mí el trabajo es hacerlo por satisfacción. Lo otro va a venir solo después”.
