El aumento del precio de los fertilizantes, impulsado por la guerra en Medio Oriente, encendió alertas en Argentina por su impacto en costos agrícolas, balanza comercial, cosechas futuras e inflación de alimentos, tras subas de hasta 36% en la urea durante marzo, según informó Ámbito.
El encarecimiento de los fertilizantes volvió a instalarse como un factor de riesgo para la economía argentina. La suba internacional de la urea, el insumo más utilizado a nivel global, impacta directamente en el costo de producción de cultivos clave como trigo y maíz.
Según informó Ámbito, el precio de la tonelada de urea registró un aumento del 36,1% en lo que va de marzo, luego de haber acumulado más de 20% en los primeros meses de 2026. Este salto está directamente vinculado a la tensión geopolítica en Medio Oriente, una región clave para el suministro energético.
El punto crítico es que la producción de fertilizantes nitrogenados depende del gas natural, lo que vuelve a estos insumos altamente sensibles a los movimientos en los precios de la energía. En un país como Argentina, donde gran parte de la oferta se cubre con importaciones, el impacto se amplifica.

Datos del sector muestran que entre 2018 y 2025 las importaciones superaron ampliamente a la producción local. Esta dependencia externa implica una mayor presión sobre la balanza comercial, especialmente en contextos de suba de precios internacionales.
El economista Federico Kisza, de la consultora Analytica, advirtió que si el conflicto persiste, las compras externas podrían volver a niveles similares a los registrados durante la guerra en Ucrania. “Por el estrecho de Ormuz circula un porcentaje importante del comercio global de fertilizantes y se está destruyendo infraestructura clave en la zona que afecta la provisión de gas que es central para su producción”, explicó.
El aumento de los fertilizantes no afecta de inmediato a la cosecha actual, ya que los insumos ya fueron aplicados. Sin embargo, sí condiciona las decisiones futuras de siembra.
Según los especialistas, el impacto se sentirá en la campaña 2026/2027, especialmente en trigo, cuyas decisiones productivas comienzan a definirse en los próximos meses. En ese contexto, una menor rentabilidad podría derivar en una reducción del área sembrada o en un menor uso de fertilizantes.

Desde el sector productivo advierten que esto puede traducirse en una caída en la producción y, en consecuencia, en menores exportaciones.
El encarecimiento de la urea también tiene implicancias en el consumidor. El trigo y el maíz son insumos básicos para la producción de alimentos como harinas, aceites y carnes.
Por eso, una suba sostenida en los costos agrícolas tiende a trasladarse, con cierto rezago, a los precios finales. “Habrá una transmisión, pero no de manera inmediata”, sostuvo Federico Kisza.
Este escenario refuerza el vínculo entre variables internacionales y la inflación doméstica, especialmente en alimentos.
Frente a este contexto, especialistas señalan la oportunidad de fortalecer la producción local de fertilizantes. La disponibilidad de recursos energéticos en Vaca Muerta aparece como un factor clave para reducir la dependencia externa.
El desarrollo de esta cadena permitiría amortiguar los efectos de los shocks internacionales y mejorar la competitividad del sector agropecuario.
En un escenario global inestable, el costo de los fertilizantes vuelve a posicionarse como una variable central para el agro y para la economía en su conjunto, con impacto directo en producción, exportaciones y precios internos.