La Federación Argentina de Entidades Empresarias del Autotransporte de Cargas (FADEEAC) alertó que la fuerte suba del precio del gasoil durante marzo de 2026, que alcanzó incrementos de entre 20% y 25% en todo el país, pone en riesgo la continuidad del transporte de cargas y podría afectar la cadena de abastecimiento nacional. El reclamo, difundido el 27 de marzo en Buenos Aires y publicado por el medio especializado, adquiere relevancia por el rol estratégico del sector, responsable de movilizar más del 90% de la economía.
Según el informe de la entidad, el gasoil grado 2 —principal insumo del transporte— superó los 2.100 pesos por litro, configurando el mayor incremento mensual en los últimos dos años. Este aumento se da en un contexto de escalada sostenida de los combustibles, que ya habían acumulado en 2025 una suba del 45%, por encima de la inflación anual.
El impacto es directo sobre la estructura de costos de las empresas. “El aumento desproporcionado del gasoil es hoy la principal preocupación entre las más de 6.500 pymes que representamos. A los márgenes reducidos y la baja actividad, se suma un impacto crítico: el combustible representa cerca de un tercio de nuestra estructura de costos”, afirmó Cristian Sanz, presidente de FADEEAC.
El incremento del combustible tiene un efecto inmediato sobre la rentabilidad del sector. De acuerdo con el Departamento de Estudios Económicos y Costos de la entidad, cada aumento del 10% en el gasoil eleva al menos un 3,5% los costos operativos del transporte de media y larga distancia.
Esta dinámica obliga a las empresas a revisar sus tarifas en un contexto de alta volatilidad, donde los ajustes no siempre se trasladan con la misma velocidad al mercado. Desde FADEEAC sostienen que, sin una actualización urgente de los valores del flete, muchas compañías podrían quedar fuera de operación.
“La actualización de tarifas debe ser urgente. De lo contrario, habrá compañías que no podrán seguir operando, con el consecuente impacto económico y social”, advirtió Sanz, al tiempo que recordó la magnitud del sector en términos de empleo y actividad.
El transporte de cargas representa cerca del 4% del empleo nacional, lo que amplifica el alcance de cualquier crisis en la actividad. La eventual paralización de empresas no solo afectaría a los transportistas, sino también a toda la cadena productiva.
Desde la entidad alertaron que la situación podría derivar en problemas en la distribución de bienes esenciales, si no se adoptan medidas en el corto plazo. La advertencia se apoya en el rol central que cumple el transporte en la logística nacional, desde la producción hasta el consumo.
“La realidad es que, si las tarifas no se adecuan, el sector no podrá seguir operando. No se trata de una amenaza, sino de una imposibilidad real. El riesgo final es el desabastecimiento si no se adoptan medidas urgentes”, señaló Sanz.
El escenario se agrava por la velocidad de los aumentos. En apenas 20 días de marzo, el precio del gasoil ya superó un tercio del incremento registrado en todo 2025, lo que evidencia una aceleración significativa en la dinámica de costos.
El encarecimiento de los combustibles no responde únicamente a factores internos. En el plano internacional, el precio del barril de petróleo Brent pasó de aproximadamente 65 a más de 100 dólares en pocas semanas, impulsado por tensiones geopolíticas en Medio Oriente.
Sin embargo, desde FADEEAC remarcaron que el impacto en Argentina se ve amplificado por condiciones locales. Entre ellas, mencionaron el debilitamiento de mecanismos que históricamente permitían moderar la transmisión de los precios internacionales al mercado interno.
Esta situación resulta particularmente sensible en un país que ha incrementado su producción energética en los últimos años, especialmente a partir del desarrollo de recursos no convencionales.
El transporte de cargas es un eslabón fundamental en la economía argentina. Su funcionamiento garantiza el traslado de insumos, alimentos, combustibles y productos industriales a lo largo de todo el territorio.
En este contexto, cualquier alteración en su operatividad tiene efectos inmediatos sobre otras actividades. La industria, el comercio y el agro dependen de una logística eficiente para sostener sus niveles de producción y abastecimiento.
El aumento del gasoil, por lo tanto, no solo impacta en el sector transportista, sino que también introduce incertidumbre en el conjunto de la economía.
Desde FADEEAC insistieron en la necesidad de adoptar medidas que permitan equilibrar la ecuación económica del sector. Entre ellas, la actualización de tarifas aparece como el principal reclamo, aunque también se plantean alternativas vinculadas a la política energética y la regulación de precios.
El desafío será encontrar un esquema que permita sostener la actividad sin trasladar completamente el aumento de costos a los precios finales, en un contexto donde la inflación sigue siendo un factor central.
Mientras tanto, las empresas del sector monitorean de cerca la evolución del mercado, conscientes de que la continuidad operativa depende de decisiones que deben tomarse en el corto plazo.
La advertencia es clara: el transporte de cargas atraviesa un momento crítico y su estabilidad será determinante para evitar impactos mayores en la economía. En un país donde la logística es clave para el funcionamiento diario, el aumento del gasoil se convierte en un factor de riesgo que trasciende al sector y alcanza a toda la cadena de abastecimiento.