El avance de la frontera agrícola, el sobrepastoreo y los cambios ambientales incrementan la exposición del ganado a plantas tóxicas en Argentina, generando preocupación en el sector productivo por su impacto en la sanidad animal y las pérdidas económicas. La advertencia surge de especialistas del INTA y el CONICET, quienes señalan que esta problemática afecta cada vez más a la ganadería y puede tener consecuencias tanto productivas como sanitarias.
Según informó el medio TodoAgro, en Sudamérica existen al menos 237 especies vegetales tóxicas capaces de provocar desde trastornos leves hasta la muerte en animales de producción. Estas plantas pueden causar fallas hepáticas, daños musculares, problemas reproductivos y cuadros crónicos que muchas veces pasan desapercibidos.
El investigador del INTA y del CONICET, Juan Francisco Micheloud, explicó a la Agencia CyTA-Leloir que el impacto de estas intoxicaciones es significativo dentro de la práctica veterinaria. “Si bien son problemas regionales con diferente incidencia incluso dentro de una misma provincia, si se considera a las plantas tóxicas en su conjunto las pérdidas que ocasionan son importantes”, señaló.
El especialista agregó que estos casos representan entre el 15% y el 25% de las consultas en laboratorios de diagnóstico veterinario, lo que evidencia la magnitud del problema.
Uno de los principales desafíos radica en que muchas intoxicaciones no se detectan a tiempo. Mientras los casos agudos generan alarma por la muerte repentina de animales, los cuadros crónicos suelen pasar desapercibidos y afectan la productividad de manera sostenida.
Entre los ejemplos más frecuentes se encuentra la calcinosis enzóotica, conocida como “enteque seco”, causada por el consumo de duraznillo blanco. Esta planta provoca calcificación de tejidos y genera pérdida de peso, dificultades de movimiento y posibles problemas reproductivos.
“Eso lleva a que el animal comience con un cuadro de pérdida de peso progresiva, dificultades para caminar y para incorporarse”, describió Micheloud.
Otro caso relevante es el de la festuca, una especie forrajera que se vuelve tóxica cuando es afectada por ciertos hongos. En bovinos, puede provocar disminución de peso, caída en la producción de leche y estrés térmico, incluso en condiciones ambientales moderadas.
Entre las especies más peligrosas se destaca el sunchillo (Pascalia glauca), considerado una de las principales causas de intoxicación aguda en el país. Esta planta puede provocar fallas hepáticas severas en bovinos, ovinos, caprinos y equinos, con desenlaces fatales en poco tiempo.

“En realidad es la planta que más brotes de intoxicación aguda produce o se registra en Argentina”, afirmó el investigador.
El riesgo se agrava porque el sunchillo mantiene su toxicidad incluso después de secarse. Esto genera situaciones donde el heno contaminado se distribuye en zonas donde la planta no está presente, ampliando el alcance del problema y provocando pérdidas tanto de animales como de forraje.
En la región chaqueña, otra especie de preocupación es el cafetillo (Senna occidentalis), responsable de la muerte de numerosos animales por daño muscular. En la Puna, en tanto, el garbacillo afecta a llamas, comprometiendo el sistema nervioso y la fertilidad.
El problema no se limita a la producción animal. Algunas plantas tóxicas pueden afectar a los seres humanos de manera directa o indirecta.
Por ejemplo, ciertas toxinas presentes en helechos pueden trasladarse a la leche y sus derivados, generando riesgos cancerígenos. Además, se ha identificado que las esporas de estas plantas pueden contaminar napas de agua, lo que representa un riesgo sanitario adicional.
Asimismo, especies como el ricino contienen compuestos de alta toxicidad que incluso son considerados peligrosos en contextos de seguridad internacional.
El avance de la frontera agrícola y el uso intensivo de los suelos generan condiciones que favorecen la proliferación de plantas tóxicas. El sobrepastoreo, en particular, reduce la disponibilidad de forraje y obliga a los animales a consumir especies que normalmente evitarían.
“Cuando hay cierta abundancia, el problema empieza a ser cada vez más grave, porque los animales no pueden elegir entre las especies adecuadas y las tóxicas”, explicó Micheloud.
Además, el cambio climático puede influir en la distribución y adaptación de estas plantas, ampliando su presencia en nuevas regiones.
Frente a este escenario, los especialistas coinciden en que la prevención es la principal herramienta para mitigar el impacto. El conocimiento de las especies presentes en cada establecimiento, así como su abundancia y distribución, resulta fundamental para la toma de decisiones.
Entre las recomendaciones se incluyen evitar el sobrepastoreo, mejorar la oferta forrajera y, en algunos casos, aplicar herbicidas para controlar determinadas especies. Sin embargo, los expertos advierten que no existe una solución única y que cada situación requiere un enfoque específico.
También destacan la necesidad de fortalecer la investigación y la generación de información, ya que muchas de estas problemáticas son locales y cuentan con escaso financiamiento.
La expansión de las plantas tóxicas plantea un desafío estructural para la ganadería argentina, que debe adaptarse a un entorno productivo cada vez más complejo.
Si bien el problema no es nuevo, su intensificación en los últimos años obliga a reforzar estrategias de manejo y prevención. La articulación entre productores, técnicos e instituciones será clave para enfrentar una amenaza que impacta tanto en la productividad como en la sustentabilidad del sistema.
En este contexto, los especialistas advierten que el conocimiento y la vigilancia permanente serán determinantes para reducir riesgos y evitar pérdidas económicas en un sector estratégico para el país.