El objetivo de alcanzar 300 millones de toneladas de granos en Argentina, impulsado por el presidente Javier Milei, volvió al centro del debate tras las declaraciones del titular de Aapresid, Marcelo Torres, quien advirtió que esa meta, aunque técnicamente posible, requiere cambios estructurales profundos. En la antesala del Congreso de Aapresid que se realizará el 4, 5 y 6 de agosto en Rosario, el dirigente explicó que el crecimiento productivo no depende solo de decisiones individuales, sino de condiciones macroeconómicas, tecnológicas y políticas que hoy presentan limitaciones.
Torres trazó un diagnóstico que combina potencial productivo y cautela técnica. “Si reponemos más los nutrientes del suelo, y si fertilizamos para alcanzar un 80% del rinde potencial, podríamos sumar entre 40 y 50 millones de toneladas”, afirmó. A ese incremento se le podría añadir la expansión del riego, cuya superficie podría triplicarse, acercando la producción total a un rango de entre 200 y 250 millones de toneladas.
Sin embargo, el propio dirigente remarcó que incluso con esas mejoras “solamente con esas cosas” no se alcanzaría el objetivo planteado por el Gobierno, lo que introduce un matiz clave frente a las proyecciones más optimistas. En ese sentido, la discusión no pasa únicamente por aumentar la producción, sino por comprender los condicionantes estructurales que enfrenta el sector.
Uno de los principales obstáculos señalados es la falta de previsibilidad. Torres describió que el productor argentino viene de años atravesados por cambios constantes en las reglas de juego, como cierres de exportaciones, brechas cambiarias y esquemas de financiamiento distorsionados por la inflación. Este contexto, sostuvo, derivó en una adopción tecnológica más lenta y en decisiones de inversión conservadoras.
“En la medida que hay reglas claras, lo productivo vuelve a tomar protagonismo”, indicó. Bajo ese escenario, explicó, resurgen prácticas clave como la fertilización eficiente, la agricultura de precisión, la digitalización de procesos y el uso de datos agronómicos para mejorar los rendimientos sin necesidad de expandir significativamente la superficie cultivada.
Aun así, el titular de Aapresid subrayó que el desafío no termina en producir más granos. “No es solamente exportar materia prima, sino ver cómo agregamos valor”, insistió. Este punto abre una discusión más amplia que involucra a toda la cadena productiva y no solo al productor agropecuario.
Torres planteó que sectores como el de los biocombustibles requieren una articulación estratégica entre actores que hoy no siempre trabajan de manera coordinada. “Hay que hablar con las petroleras, con la industria automotriz, con el Estado. Ver qué nivel de corte queremos, cómo impacta en la macroeconomía, en la recaudación y en el mercado energético”, explicó. Para el dirigente, la experiencia internacional muestra que los países que logran mayores niveles de desarrollo agroindustrial lo hacen a partir de estrategias integradas.
En contraste, advirtió que en Argentina persiste una dinámica fragmentada. “A veces el Estado espera que vayamos con propuestas, y nosotros esperamos que ellos, que tienen el mapa completo, también las traigan. Pero son las dos cosas”, señaló. Esta falta de coordinación, según su visión, limita las posibilidades de generar un salto cualitativo en la producción y en la industrialización del agro.
Otro de los ejes centrales del planteo tiene que ver con el desarrollo territorial. Torres remarcó que el agregado de valor no solo mejora los ingresos del sector, sino que también impulsa el empleo, el arraigo y el crecimiento en el interior del país. “El agregado de valor es lo que genera arraigo. Es desarrollo en los territorios”, afirmó.
En paralelo, destacó que la producción primaria ya incorpora un nivel significativo de valor a través de la genética, la maquinaria agrícola y la tecnología aplicada, aunque consideró que existe margen para avanzar hacia etapas más complejas de transformación industrial y diversificación productiva.
El rol del suelo también ocupa un lugar destacado en la agenda del sector. Bajo el lema “Nuestro suelo, nuestra voz”, el próximo Congreso de Aapresid buscará reinstalar la discusión sobre la salud del suelo como base de cualquier estrategia productiva sostenible. “Si decimos que somos regenerativos, hay que ver cómo evolucionan los parámetros de calidad del suelo”, planteó Torres.
En este punto, el dirigente reconoció que algunas prácticas, como el retorno a la labranza en determinados casos, generan debate dentro del sector. Aunque históricamente Aapresid ha promovido la siembra directa, admitió que algunos productores recurren a estas técnicas ante problemas como la compactación del suelo o la aparición de malezas resistentes. No obstante, sostuvo que estos desafíos pueden abordarse mediante sistemas bien diseñados que incluyan rotación de cultivos y el uso de cultivos de servicio.
La tecnología aparece como otro factor determinante para el futuro del agro. Desde la inteligencia artificial hasta la robótica aplicada, Torres señaló que el proceso de transformación ya está en marcha, aunque con fuertes desigualdades en su adopción. “Hay productores que todavía anotan en papel o usan Excel, y otros que hacen agricultura sitio-específica”, describió. A futuro, anticipó, la inteligencia artificial tendrá un rol creciente en la toma de decisiones productivas.
El Congreso de Aapresid, que este año regresa a Rosario, funcionará como un espacio para debatir todos estos temas. Para la entidad, no se trata solo de un evento técnico, sino de una instancia clave para delinear el rumbo del sector agropecuario en un contexto de cambios económicos y políticos.
En definitiva, la posibilidad de alcanzar las 300 millones de toneladas aparece más como un horizonte de largo plazo que como una meta inmediata. El consenso dentro del sector, según lo expresado por Torres, es que el potencial existe, pero su concreción dependerá de un entramado de factores que exceden la voluntad productiva y requieren una estrategia integral y sostenida en el tiempo, tal como se desprende del análisis publicado por el medio Bichos de Campo.