El economista Fausto Spotorno analizó el último dato de inflación de marzo, que se ubicó en 3,4%, y advirtió que, pese a la suba por encima de lo esperado, la dinámica de precios podría comenzar a mostrar una desaceleración gradual en los próximos meses. El especialista señaló que el comportamiento reciente responde más a shocks puntuales que a una aceleración sostenida del proceso inflacionario, aunque remarcó que el escenario aún presenta fragilidades.
De acuerdo con su análisis, la diferencia entre el 2,9% previo y el registro de marzo se explica por ajustes específicos en rubros como educación, transporte, combustibles y otros componentes vinculados a precios regulados. Estos incrementos, según explicó, tuvieron un impacto directo en el índice general y alteraron la tendencia observada en meses anteriores.
Spotorno planteó que el principal desafío de la economía argentina es la persistencia de una inflación que se mantiene en torno al 3% mensual, un nivel que todavía refleja la presencia de inercia inflacionaria y mecanismos de indexación de precios en distintos sectores. Sin embargo, consideró que el actual esquema macroeconómico muestra ciertas condiciones que podrían contribuir a una estabilización más firme.
En ese sentido, destacó la existencia de una política monetaria contractiva, una política fiscal ordenada y un tipo de cambio relativamente estable como factores que ayudan a contener una aceleración mayor de los precios. Bajo este marco, sostuvo que la inflación “no tendría demasiado margen para seguir subiendo”, en referencia a la combinación de variables que hoy operan sobre la economía.

Las proyecciones del economista apuntan a un IPC del 2,7% para abril, acompañado por un sendero de desaceleración progresiva hacia niveles más bajos en los próximos meses. En su estimación, la inflación anual podría ubicarse en torno al 29%, aunque aclaró que estas proyecciones dependen de la evolución de la actividad económica, del comportamiento del consumo y de la dinámica del mercado cambiario.
Uno de los ejes centrales del análisis se concentra en la capacidad de las empresas para trasladar aumentos de costos a los precios finales. En un contexto de consumo debilitado, caída del poder adquisitivo y menor dinamismo del mercado interno, ese mecanismo empieza a encontrar límites más claros. “¿Qué es lo que me va a convencer de que no lo puedo trasladar? No vender”, sintetizó el economista al describir la lógica que enfrentan las empresas.
Este escenario, explicó, está generando un cambio en la formación de precios, donde la demanda interna comienza a tener un rol más determinante. La pérdida de ingreso disponible, la caída del salario real y la contracción del consumo masivo están configurando un entorno donde los aumentos de precios enfrentan mayor resistencia.
A su vez, el especialista señaló que el sector privado atraviesa restricciones adicionales vinculadas al acceso al crédito, la falta de financiamiento y las dificultades del sistema bancario para expandir el otorgamiento de préstamos. Esta situación limita la capacidad de inversión y de recomposición de márgenes en múltiples sectores de la economía.
En este marco, Spotorno advirtió que la economía argentina podría estar transitando un proceso de transición hacia un esquema en el que la demanda determina los precios, lo que implica una compresión de márgenes de rentabilidad y una reconfiguración del tejido productivo. Según indicó, este tipo de procesos suelen ser característicos de etapas de estabilización inflacionaria, aunque con costos en términos de actividad.

El economista también subrayó que la reducción de la inflación no suele lograrse mediante medidas aisladas, sino a través de cambios más profundos en el funcionamiento de la economía. En esa línea, mencionó la necesidad de un cambio de régimen macroeconómico, que implique reglas más claras en materia fiscal, monetaria y cambiaria.
“La historia argentina muestra que cada vez que se logró bajar la inflación fue a través de un cambio de régimen”, señaló, en referencia a experiencias previas donde la estabilidad de precios estuvo asociada a transformaciones estructurales más amplias.
Otro punto de preocupación señalado por el especialista es el posible impacto de una flexibilización de la política monetaria en el actual contexto. Según explicó, una relajación prematura podría reactivar las presiones inflacionarias, especialmente en un escenario donde los costos de combustibles, tarifas y servicios continúan ajustándose.
En ese sentido, advirtió sobre el riesgo de aceptar niveles más elevados de inflación mensual. “La pregunta es si estamos dispuestos a tolerar niveles del 4% o 5% mensual y abrir una caja de Pandora difícil de cerrar”, planteó al referirse a los efectos potenciales de un relajamiento de las condiciones monetarias.
En paralelo, el economista propuso algunas medidas orientadas a mejorar el funcionamiento del sistema financiero en un contexto de mayor morosidad y restricciones crediticias. Entre ellas, mencionó la posibilidad de reasignar encajes bancarios para canalizar financiamiento hacia la reestructuración de deudas, sin generar expansión de la base monetaria.
También sugirió que el Banco Central de la República Argentina (BCRA) podría implementar normativas que faciliten a las entidades financieras otorgar créditos sin que ello implique pérdidas inmediatas en sus balances, lo que permitiría dinamizar el flujo de crédito en sectores productivos y familias.
Respecto a la actividad económica, el análisis describe un escenario heterogéneo, donde conviven sectores en recuperación con otros aún en contracción. En ese marco, la construcción aparece como uno de los indicadores más sensibles para anticipar movimientos del ciclo económico, debido a su rápida reacción ante cambios en las condiciones financieras y de demanda.
El sector muestra señales de recuperación impulsadas por el mercado inmobiliario, la inversión privada y la demanda de infraestructura asociada a actividades como el petróleo, la minería, el agro y la ganadería. Sin embargo, persisten limitaciones estructurales vinculadas a la falta de inversión en logística, rutas, caminos rurales y transporte.
En contraste, el sector comercial continúa mostrando debilidad, afectado por la caída del consumo, la pérdida del poder adquisitivo y la contracción del salario real. Esto impacta directamente en las ventas minoristas y en la dinámica del comercio cotidiano, que sigue sin mostrar signos claros de recuperación sostenida.
El economista concluyó que la economía argentina atraviesa una etapa de transición compleja, donde la desinflación convive con tensiones en la actividad, el empleo y el ingreso. La capacidad de sostener la estabilidad sin profundizar la caída del consumo será, según su visión, uno de los principales desafíos de los próximos meses. En este contexto, el análisis de la evolución de los precios y de la actividad económica resulta clave para comprender el rumbo de la economía, según el seguimiento realizado por Infobae.