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Equilibrio cambiario y orden monetario: la estrategia oficial apunta a consolidar la baja de la inflación

La acumulación de reservas avanza junto a una política monetaria prudente que apunta a consolidar la estabilidad

Equilibrio cambiario y orden monetario: la estrategia oficial apunta a consolidar la baja de la inflación
miércoles 22 de abril de 2026

La autoridad monetaria de Banco Central de la República Argentina acelera la compra de dólares en el mercado cambiario mientras el Gobierno de Argentina mantiene una política estricta de absorción de pesos, en una estrategia que busca consolidar la desaceleración inflacionaria, aunque con el riesgo de ralentizar la recuperación económica. La dinámica, vigente durante 2026, combina acumulación de reservas con contracción monetaria, en un contexto donde el tipo de cambio oficial se mantiene estable y los salarios aún no logran recomponerse.

En la última jornada, el BCRA adquirió USD 235 millones, consolidando una tendencia compradora que ya acumula cerca de USD 6.500 millones en lo que va del año. Sin embargo, esta fuerte intervención no logró mover el tipo de cambio oficial, que se mantiene en torno a los $1.400, cerca de sus niveles mínimos anuales.

La política forma parte de la denominada fase 4 del programa monetario, cuyo objetivo principal es reforzar las reservas internacionales. No obstante, el esquema presenta una particularidad: si bien el Central emite pesos para comprar divisas, esos mismos pesos son posteriormente absorbidos por el Tesoro, lo que evita una expansión de la liquidez.

Equilibrio cambiario y orden monetario: la estrategia oficial apunta a consolidar la baja de la inflación

Contracción monetaria en un contexto inflacionario

A pesar de la emisión asociada a la compra de dólares, la base monetaria muestra una contracción significativa. En lo que va de 2026, se redujo en más de 2,6 billones de pesos, incluso en un escenario donde la inflación acumuló 9,4% durante el primer trimestre.

En términos interanuales, la base crece apenas 19% nominal, lo que implica una caída real cercana al 13%, reflejando el endurecimiento de la política monetaria. Este fenómeno responde a la decisión oficial de priorizar la desaceleración inflacionaria por sobre la expansión del crédito o la actividad.

El mecanismo es claro: el Tesoro absorbe los pesos emitidos por el Central, los utiliza para comprarle divisas y luego destina esos dólares al pago de deuda. De esta manera, se evita que el dinero circule en la economía, reforzando el sesgo contractivo.

El economista Fernando Marengo, de la consultora Black Toro, consideró que sería “deseable” que el Tesoro reduzca gradualmente esa absorción para permitir cierta recomposición monetaria. Según explicó, esa transición podría comenzar en los próximos meses si la inflación continúa descendiendo.

Reservas en alza, pero con limitaciones

Aunque el ritmo de compras es elevado, la acumulación neta de reservas es más moderada. Parte de las divisas adquiridas se destinan al pago de compromisos de deuda, lo que limita el crecimiento del stock.

Estimaciones privadas, como las del economista Fernando Marull, proyectan que el BCRA podría alcanzar los USD 12.000 millones en compras hacia fin de año. Sin embargo, el impacto sobre las reservas dependerá de la magnitud de los vencimientos y del acceso a financiamiento externo.

Equilibrio cambiario y orden monetario: la estrategia oficial apunta a consolidar la baja de la inflación

En paralelo, el Gobierno mantiene sin implementar la segunda pata del programa: la remonetización de la economía. El plan original contemplaba emitir pesos para comprar dólares sin esterilización, pero esa etapa aún no comenzó.

La decisión responde, en gran medida, a la evolución de la inflación. El presidente Javier Milei calificó como “muy malo” el dato de marzo, que marcó un 3,4% mensual, lo que reforzó la postura de sostener el ajuste monetario.

Expectativas inflacionarias y señales al sistema financiero

De acuerdo con el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM), elaborado por el BCRA, los analistas anticipan que la desaceleración inflacionaria comenzará a consolidarse desde abril, aunque existen diferencias sobre la velocidad del proceso.

La mayoría de las proyecciones ubica la inflación de 2026 en niveles similares a los de 2025, en torno al 31,5% anual, lo que refleja una baja gradual, pero no un cambio drástico en la dinámica de precios.

En ese contexto, el Central comenzó a introducir señales de flexibilización. La semana pasada, decidió modificar los requisitos de encajes bancarios, permitiendo mayor margen de liquidez a las entidades financieras.

El objetivo es doble: por un lado, estabilizar las tasas de interés, que para plazos cortos rondan el 20%, y por otro, reactivar el crédito, que viene mostrando una fuerte contracción desde hace meses.

Salarios, empleo y consumo: los desafíos pendientes

Uno de los principales objetivos del programa económico es lograr una recuperación del salario real. Actualmente, los ingresos del sector privado acumulan al menos cinco meses consecutivos de caída frente a la inflación.

El Gobierno apuesta a que una desaceleración más marcada de los precios permita revertir esta tendencia en los próximos meses. Sin embargo, existen limitaciones estructurales.

El mercado laboral muestra baja movilidad, lo que reduce el poder de negociación de los trabajadores. En un contexto donde el empleo privado no crece con fuerza, las empresas tienen pocos incentivos para otorgar aumentos significativos.

Esta combinación impacta directamente sobre el consumo, que continúa mostrando signos de debilidad, especialmente en los grandes centros urbanos.

Reactivación desigual y dudas hacia adelante

Los indicadores de actividad económica comenzaron a mostrar señales de recuperación en marzo y abril, aunque de manera heterogénea. Según analistas, el repunte es más visible en el interior del país que en el área metropolitana.

Marengo destacó que “en el interior se observa un dinamismo superior al de las grandes ciudades”, lo que evidencia una recuperación fragmentada.

La principal incógnita es la velocidad de la reactivación. La política monetaria contractiva contribuye a estabilizar precios, pero también limita la expansión del crédito y del consumo.

En este escenario, el Gobierno enfrenta un delicado equilibrio: sostener la disciplina monetaria para consolidar la baja inflacionaria sin afectar en exceso la actividad económica.

El rumbo dependerá, en gran medida, de la evolución de los próximos índices de inflación. Si la desaceleración se confirma, podría abrirse la puerta a una mayor emisión sin esterilización, lo que impulsaría la liquidez y, potencialmente, la recuperación.

Por ahora, la prioridad sigue siendo clara: bajar la inflación, incluso a costa de un crecimiento más lento en el corto plazo, según consignó Infobae.



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