Ecosistemas Agrícolas / Insumos Agrícolas

Con márgenes ajustados, la genética gana terreno en la campaña de trigo y redefine las decisiones de siembra

Semilleros y técnicos sostienen que, en un contexto de baja inversión, la elección varietal puede ser clave para sostener rendimiento y calidad

Con márgenes ajustados, la genética gana terreno en la campaña de trigo y redefine las decisiones de siembra
miércoles 27 de mayo de 2026

La campaña triguera 2026/27 comenzó marcada por márgenes estrechos, mayores costos de fertilización y decisiones de inversión más conservadoras. En ese escenario, empresas semilleras y especialistas del sector aseguran que la genética adquirirá un rol todavía más determinante para sostener productividad y calidad en los lotes. Desde la firma Limagrain Argentina, el director de investigación, Martín Gonzalo, sostuvo que los materiales adaptados a esquemas de menor inversión tecnológica pueden convertirse en una herramienta clave para enfrentar una campaña compleja.

Las declaraciones fueron realizadas en una entrevista publicada por el medio especializado Bichos de Campo, donde el especialista analizó el nuevo contexto que enfrenta el cultivo de trigo en la Argentina. Según explicó, la combinación entre menores márgenes económicos y suba de costos obliga a los productores a revisar cada componente del paquete tecnológico.

“El acotado margen del cultivo hace que la selección de los insumos marque una diferencia, y en estos momentos es cuando más se nota el aporte de la genética”, afirmó Gonzalo a Bichos de Campo.

El planteo surge en paralelo a las estimaciones difundidas recientemente por la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, que anticiparon una campaña con caída de rendimientos más pronunciada que la reducción del área sembrada. El principal factor detrás de esa proyección es el incremento del costo de la urea, uno de los insumos centrales para la producción triguera.

Frente a este escenario, desde distintos sectores técnicos advierten que muchos productores podrían reducir aplicaciones de fertilizantes y fungicidas para contener costos. Allí es donde, según Gonzalo, determinadas variedades pueden ofrecer ventajas competitivas.

La genética como herramienta para sostener productividad

El director de investigación de Limagrain explicó que no todas las variedades responden igual ante escenarios de baja inversión tecnológica. Por eso, remarcó la importancia de seleccionar materiales específicamente adaptados a esquemas con menores dosis de fertilización y protección sanitaria.

“Lo importante en este momento es elegir los que están seleccionados para una situación de pocos insumos, porque la genética de altísimo rendimiento este año no se va a expresar”, señaló el especialista en declaraciones reproducidas por Bichos de Campo.

La afirmación refleja uno de los debates centrales de la actual campaña fina: hasta qué punto conviene sostener paquetes tecnológicos altos cuando la relación entre costos y precios aparece más ajustada que en ciclos anteriores.

En campañas donde el productor reduce aplicaciones, las variedades con mayor estabilidad y capacidad de adaptación suelen ganar protagonismo frente a materiales que requieren altos niveles de nutrición para expresar todo su potencial.

Según técnicos del sector, la genética puede ayudar a amortiguar parte de la caída productiva esperada, especialmente en zonas donde las restricciones presupuestarias obligarán a ajustar inversiones.

Además del rendimiento, otro de los aspectos que vuelve a cobrar relevancia es la calidad comercial del trigo. En un contexto de menores aplicaciones de nitrógeno, mantener parámetros de proteína y calidad panadera se transforma en un desafío adicional.

El equilibrio entre calidad y rendimiento

Uno de los puntos abordados por Gonzalo fue justamente la histórica tensión entre volumen y calidad en el cultivo de trigo. En muchos casos, mayores rindes suelen ir acompañados de una reducción en los niveles de proteína si no existe una nutrición adecuada.

Con fertilizantes más caros y márgenes más ajustados, numerosos productores evalúan reducir dosis nitrogenadas, lo que podría impactar directamente sobre la calidad del cereal.

“Este es un año en el que eso está siendo evaluado y acá es donde la genética que mantenga mejor la calidad con bajos insumos se va a destacar”, sostuvo Gonzalo.

El especialista mencionó como ejemplo algunos materiales desarrollados específicamente para sostener calidad aún en esquemas de inversión moderada. Entre ellos citó a “Picasso”, una variedad impulsada por la empresa con ese objetivo agronómico y comercial.

El debate sobre genética también se conecta con otra discusión histórica del agro argentino: la propiedad intelectual y la actualización de la legislación vinculada a semillas.

La discusión por semillas y propiedad intelectual

La campaña 2026/27 encuentra nuevamente sobre la mesa los reclamos de semilleros y obtentores por avanzar en cambios sobre el marco regulatorio de semillas en la Argentina.

El sector privado viene impulsando desde hace años una actualización de la Ley de Semillas y una eventual adhesión a UPOV 91, el convenio internacional que regula derechos de propiedad intelectual sobre nuevas variedades vegetales.

Las empresas sostienen que mayores mecanismos de protección incentivarían la inversión en investigación genética y acelerarían el desarrollo de nuevos materiales adaptados a distintos ambientes productivos.

Del otro lado, parte de los productores y entidades rurales mantienen reparos sobre posibles cambios en el sistema de uso propio y en los costos asociados a la utilización de semillas fiscalizadas.

Aunque la discusión excede la coyuntura de la campaña actual, el escenario de márgenes ajustados vuelve a poner en evidencia la relevancia de la genética como componente productivo.

En años donde los productores reducen aplicaciones de fertilizantes o fungicidas, la elección varietal adquiere todavía más peso dentro de la estrategia agronómica.

Decisiones cada vez más ajustadas al lote

Otro de los aspectos destacados por Gonzalo fue la creciente necesidad de diseñar planteos productivos específicos para cada ambiente y cada situación económica.

Según explicó, las decisiones de siembra ya no pueden tomarse de manera generalizada, sino que requieren un análisis más preciso sobre potencial de rendimiento, disponibilidad de nutrientes, manejo sanitario y objetivos comerciales.

“Cada vez se nota más la importancia de saber qué tenés en tu lote, qué vas a sembrar, cuánto vas a poner y qué esperás ver”, afirmó el especialista.

La campaña fina 2026/27 aparece atravesada por esa lógica de ajuste fino. Los productores deberán definir cuánto invertir, dónde hacerlo y qué herramientas priorizar en función del potencial de cada planteo.

Mientras tanto, el trigo vuelve a posicionarse como un cultivo donde la eficiencia será central para sostener rentabilidad. Y en esa ecuación, la genética busca consolidarse como uno de los factores capaces de aportar estabilidad en un escenario de costos crecientes y márgenes limitados.

 

 

 

 

 



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