El Gobierno nacional avanzó esta semana con una nueva etapa del proceso de saneamiento del balance del Banco Central de la República Argentina (BCRA) al concretar la recompra y cancelación de una parte significativa de las Letras Intransferibles que habían sido emitidas durante las gestiones kirchneristas para utilizar reservas internacionales en el pago de deuda externa. La operación fue realizada por el Tesoro Nacional por un monto efectivo de $18,4 billones y permitió reducir aproximadamente a la mitad el stock de esos instrumentos en manos de la autoridad monetaria.
La medida fue oficializada mediante la Resolución Conjunta 27/2026 publicada en el Boletín Oficial y se financió con utilidades que previamente el propio Banco Central había transferido al Tesoro. Desde el Ministerio de Economía sostuvieron que la operación apunta a mejorar la estructura patrimonial del Central y reducir la deuda bruta del Estado.
Las Letras Intransferibles comenzaron a emitirse en 2006, durante la presidencia de Néstor Kirchner, como mecanismo para obtener dólares de las reservas internacionales administradas por el BCRA y destinarlos al pago de compromisos externos. Desde entonces, distintos gobiernos mantuvieron y ampliaron este esquema, que con el paso de los años se transformó en uno de los componentes más relevantes del activo de la entidad monetaria.
Según explicó el economista Salvador Vitelli, jefe de Research de Romano Group, el Tesoro recompró títulos cuyo valor nominal original ascendía a USD 20.434 millones, aunque la operación se concretó por un monto equivalente a USD 13.225 millones, calculado a un tipo de cambio de $1.391 por dólar. La diferencia entre ambos valores implicó, de acuerdo con los cálculos del especialista, un ahorro cercano a USD 7.209 millones para el Tesoro.
Vitelli señaló además que la recompra se realizó a una paridad promedio ponderada cercana al 65%, mientras que el Banco Central mantenía contabilizados esos activos a una valuación inferior. Esa diferencia permitió que la entidad registrara una ganancia contable estimada en alrededor de USD 4.950 millones.
En el equipo económico consideran que el resultado fortalece el proceso de normalización del balance del BCRA, uno de los objetivos planteados por la administración de Javier Milei desde el inicio de la gestión. La estrategia oficial busca reducir pasivos considerados distorsivos y avanzar hacia un esquema de menor intervención monetaria.
No obstante, la operatoria despertó cuestionamientos entre economistas y analistas financieros, quienes advirtieron que el impacto real sobre la deuda consolidada del sector público sería limitado. Las críticas se concentraron principalmente en el origen de los fondos utilizados para la recompra y en la contabilización de las utilidades giradas por el Banco Central al Tesoro.
Uno de los economistas que expresó reparos fue Gabriel Caamaño, director de la consultora Outlier. El especialista cuestionó la consistencia contable de la maniobra y sostuvo que cancelar Letras Intransferibles con utilidades devengadas —es decir, resultados contables aún no realizados— no implica una mejora efectiva del balance consolidado del sector público.
“Hay que cortar con la contabilidad creativa y ser consistente”, planteó Caamaño al analizar la operación. Según su visión, la deuda no desaparece sino que cambia de lugar dentro del propio Estado, dado que intervienen dos organismos públicos: el Tesoro y el Banco Central.
Las observaciones de distintos analistas también apuntaron a los aproximadamente $6 billones que permanecerán depositados en la cuenta del Tesoro en el BCRA tras la operación. Algunos economistas consideran que esos fondos podrían transformarse en una fuente potencial de expansión monetaria si eventualmente fueran utilizados para financiar gasto o intervenir en el mercado.
Sin embargo, desde el Palacio de Hacienda rechazaron esa interpretación y aseguraron que los recursos tendrán un destino específico vinculado exclusivamente al pago de deuda en pesos o en dólares. Fuentes del Ministerio de Economía señalaron que la operación no genera emisión monetaria porque los pesos permanecen inmovilizados dentro de la cuenta del Tesoro en el Banco Central.
La discusión sobre el verdadero efecto de las Letras Intransferibles atraviesa desde hace años el debate económico argentino. Para algunos especialistas, estos instrumentos representan una deuda intraestatal que distorsiona los balances del Banco Central y reduce la calidad de sus activos. Otros consideran que, aunque se trate de obligaciones entre organismos públicos, su eliminación no modifica sustancialmente la posición financiera consolidada del Estado.
Más allá de las diferencias técnicas, el Gobierno busca mostrar la operación como una señal de ordenamiento financiero en un contexto en el que intenta consolidar la desaceleración inflacionaria, fortalecer las reservas internacionales y recuperar acceso pleno al mercado de crédito.
La reducción del stock de Letras Intransferibles aparece además como un paso relevante dentro de la estrategia oficial de saneamiento monetario, que incluyó durante los últimos meses la eliminación de pasivos remunerados del Banco Central y un fuerte ajuste fiscal para sostener el equilibrio de las cuentas públicas.
En el mercado, la operación fue interpretada como un movimiento alineado con el objetivo oficial de mejorar la hoja de balance del Central, aunque persisten interrogantes sobre la sostenibilidad de largo plazo y sobre el margen operativo que tendrá el Tesoro para administrar los fondos remanentes sin generar tensiones monetarias o financieras.
Según publicó Infobae, desde el equipo económico insistieron en que los pesos que quedaron depositados en la cuenta del Tesoro en el Banco Central solo serán utilizados para cancelar deuda y que la operatoria no implica una expansión monetaria, en línea con la política de equilibrio fiscal y control de emisión que impulsa la administración de Javier Milei.