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El agro apuesta a transformar más maíz en carne, leche y huevos para potenciar las exportaciones

Referentes de las cadenas avícola, porcina y láctea coincidieron en que Argentina tiene potencial para transformar más granos en alimentos y empleo

El agro apuesta a transformar más maíz en carne, leche y huevos para potenciar las exportaciones
viernes 29 de mayo de 2026

La necesidad de convertir una mayor proporción de la producción de maíz y soja en proteína animal volvió a instalarse en el centro del debate agroindustrial durante el Congreso Maizar 2026, donde representantes de las cadenas avícola, porcina, láctea y de nutrición animal analizaron las oportunidades y desafíos para agregar valor en origen. El encuentro se realizó esta semana en Buenos Aires y reunió a empresarios y dirigentes sectoriales que coincidieron en que el país posee una ventaja estratégica para generar más empleo, exportaciones e inversiones a partir de la transformación de sus granos, aunque advirtieron que aún persisten obstáculos vinculados a la competitividad, la infraestructura, el financiamiento y el acceso a mercados.

La discusión se desarrolló en el panel “De los granos a la proteína animal, múltiples caminos productivos”, organizado por la Cámara Argentina de Empresas de Nutrición Animal (CAENA) en el marco de Maizar 2026. Allí participaron representantes de los principales sectores consumidores de maíz, quienes plantearon la necesidad de avanzar hacia un modelo productivo que permita incrementar la industrialización local de las materias primas agrícolas.

Según informó TodoAgro, uno de los conceptos que sintetizó el espíritu del debate fue planteado por Juan Kútulas, presidente de CAPIA, quien afirmó: “La Argentina debería estar desbordando de productos que dependan del maíz y de la soja para exportar al mundo, y no solamente de grano”, según consignó el medio especializado.

La frase resume una preocupación compartida por buena parte de la agroindustria: aunque Argentina se ubica entre los principales productores y exportadores mundiales de maíz y soja, gran parte de esos volúmenes sale del país sin atravesar procesos de transformación que permitan capturar más valor económico.

Un desafío que trasciende a la producción agrícola

El maíz ocupa un lugar central dentro de las cadenas de proteína animal. Su utilización como insumo para la alimentación de aves, cerdos y bovinos permite convertir granos en alimentos de mayor valor agregado, además de impulsar actividades industriales vinculadas a la nutrición animal, la logística, la genética y la exportación.

Durante el encuentro, Kútulas explicó que la cadena productora de huevos consume alrededor de 1,5 millones de toneladas de maíz por año. Aunque esa cifra representa una porción reducida frente a los más de 60 millones de toneladas que produce Argentina anualmente, consideró que existe un amplio margen para profundizar la transformación local del cereal.

Desde distintos sectores productivos señalaron que la discusión ya no pasa exclusivamente por aumentar la producción agrícola, sino por desarrollar sistemas capaces de generar más riqueza a partir de los recursos disponibles.

La posibilidad de agregar valor en origen aparece además como una herramienta para impulsar economías regionales, diversificar la matriz productiva y generar empleo en localidades del interior.

El agro apuesta a transformar más maíz en carne, leche y huevos para potenciar las exportaciones

El crecimiento sostenido del sector porcino

Uno de los rubros que exhibe mayor dinamismo es la producción porcina. Durante su exposición, Lisandro Culasso, vicepresidente de la Federación Porcina Argentina y director de Isowean S.A., destacó la estrecha relación que existe entre la agricultura y la actividad porcina.

El dirigente sostuvo que numerosos productores agrícolas comenzaron a incorporar granjas porcinas como estrategia para agregar valor a su producción de maíz y mejorar la rentabilidad de sus establecimientos.

Además, remarcó la evolución que experimentó el consumo de carne de cerdo en las últimas dos décadas. Según explicó, el mercado argentino triplicó su demanda durante ese período y mantiene una tendencia de crecimiento sostenida.

La expansión del consumo interno, junto con el potencial exportador de la actividad, genera expectativas favorables para nuevas inversiones y ampliaciones productivas.

Para Culasso, el desafío consiste en consolidar un esquema que permita seguir incrementando la producción sin perder competitividad frente a otros países productores.

El impacto económico de transformar granos en alimentos

El agregado de valor también fue analizado desde una perspectiva territorial. Cristian Chiavassa, director del Grupo Chiavassa, destacó que la transformación del maíz en proteína animal produce un efecto multiplicador sobre las economías regionales.

Según explicó, cada tonelada de cereal que ingresa a una cadena de producción animal genera movimiento económico adicional a través del empleo, los servicios, el transporte y la demanda de insumos.

El empresario puso como ejemplo a los sistemas intensivos de producción lechera, que presentan niveles de facturación por hectárea considerablemente superiores a los de los modelos agrícolas tradicionales.

Desde esta perspectiva, el agregado de valor no sólo incrementa los ingresos de las empresas involucradas, sino que también fortalece el entramado productivo de las comunidades donde se desarrollan estas actividades.

Para los referentes del sector, uno de los grandes desafíos consiste precisamente en generar condiciones que permitan expandir estos modelos en distintas regiones del país.

La eficiencia como factor clave para competir

La cadena avícola también tuvo una participación destacada en el debate. Franco Santangelo, presidente de CEPA y titular de Soychú, remarcó la importancia estratégica que tiene el maíz dentro de la producción de carne aviar.

El cereal representa aproximadamente el 60% de la composición de los alimentos balanceados utilizados en la actividad, lo que convierte a su disponibilidad y costo en factores determinantes para la competitividad del sector.

No obstante, Santangelo sostuvo que la clave no pasa únicamente por disponer de materia prima abundante, sino por alcanzar niveles crecientes de eficiencia productiva.

En los sistemas más tecnificados, explicó, la producción de un kilogramo de pollo requiere alrededor de 1,5 kilogramos de alimento balanceado, un indicador que posiciona a la avicultura entre las actividades con mejores índices de conversión dentro de la producción animal.

Estos avances tecnológicos permiten maximizar el aprovechamiento de los recursos y reducir costos, contribuyendo a mejorar la competitividad tanto en el mercado interno como en el comercio internacional.

Infraestructura, financiamiento y mercados

A pesar de las oportunidades identificadas por los distintos sectores, los participantes coincidieron en que existen limitaciones estructurales que dificultan una expansión más acelerada del agregado de valor.

La infraestructura logística, los costos de transporte, la presión tributaria, el acceso al financiamiento y las dificultades para abrir nuevos mercados internacionales fueron señalados como algunos de los principales desafíos pendientes.

Los empresarios remarcaron que la competitividad no depende exclusivamente del precio de los granos, sino de un conjunto de factores que condicionan la capacidad de inversión y crecimiento de las cadenas productivas.

En ese contexto, reclamaron políticas de largo plazo que permitan generar previsibilidad y mejorar las condiciones para el desarrollo de proyectos industriales vinculados a la producción animal.

Innovación y nutrición animal

Desde CAENA, el gerente general Sebastián Dates destacó el papel que desempeña la industria de la nutrición animal en este proceso de transformación productiva.

Según explicó, el sector viene trabajando en el desarrollo de formulaciones más eficientes, nuevas enzimas, probióticos y aditivos que permiten optimizar la conversión alimenticia y mejorar los resultados productivos.

La incorporación de estas tecnologías contribuye no sólo a aumentar la eficiencia económica, sino también a avanzar hacia sistemas más sustentables desde el punto de vista ambiental.

Para los referentes reunidos en Maizar 2026, el potencial argentino para producir proteínas animales continúa siendo uno de los principales activos estratégicos de la agroindustria nacional. Sin embargo, coincidieron en que aprovechar plenamente esa oportunidad requerirá mucho más que una buena cosecha: demandará inversiones, innovación, infraestructura y condiciones que permitan transformar una mayor proporción de los granos producidos en alimentos con valor agregado capaces de competir en los mercados internacionales.

 



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