El presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), Martín Rappallini, aseguró que el ordenamiento macroeconómico impulsado por el Gobierno constituye una condición necesaria para recuperar la competitividad, aunque advirtió que las inversiones anunciadas para los próximos años todavía no generan un impacto concreto sobre la actividad económica. El dirigente industrial sostuvo que el sector manufacturero atraviesa una etapa compleja de transición y reclamó medidas específicas para mejorar las condiciones de competencia de la industria nacional.
Rappallini destacó los avances en materia de equilibrio fiscal, reducción de la inflación y estabilidad económica, pero señaló que la recuperación de la actividad aún no alcanza a numerosos sectores productivos. Según explicó, existe una diferencia significativa entre las expectativas generadas por los proyectos de inversión anunciados y la realidad que enfrentan actualmente las empresas industriales.
En ese contexto, afirmó que el denominado “país de las inversiones” todavía no se refleja en los niveles de producción, empleo y consumo. El titular de la UIA remarcó que las iniciativas vinculadas a grandes desembolsos de capital, especialmente en sectores estratégicos como energía y minería, todavía no derraman sobre el conjunto de la economía ni generan un efecto multiplicador visible para las industrias tradicionales.
La preocupación central de la entidad empresaria pasa por el impacto que la transición económica está teniendo sobre las actividades más intensivas en mano de obra. Rappallini señaló que numerosos sectores manufactureros enfrentan dificultades para sostener sus niveles de actividad mientras esperan que los beneficios de la estabilización macroeconómica se traduzcan en una mejora de la demanda y mayores oportunidades de inversión.
Entre los rubros más afectados mencionó a la construcción, una actividad estrechamente vinculada a la producción industrial y que registra una fuerte desaceleración desde el inicio del proceso de ajuste económico. Según indicó, la preocupación por la evolución de la actividad fue trasladada recientemente a funcionarios del equipo económico nacional durante reuniones mantenidas con representantes del sector privado.

Para el dirigente industrial, las dificultades actuales no pueden analizarse únicamente desde una perspectiva coyuntural. A su entender, la economía argentina arrastra problemas estructurales acumulados durante más de una década de escaso crecimiento.
Rappallini sostuvo que la falta de expansión económica sostenida durante los últimos quince años provocó una pérdida de competitividad que hoy condiciona la capacidad de recuperación de la industria. Como ejemplo, señaló que la producción industrial por habitante se encuentra significativamente por debajo de la registrada en otros países de la región, especialmente en comparación con Brasil.
El empresario consideró que la caída del poder adquisitivo y los cambios en los patrones de consumo también explican parte de la retracción observada en numerosos segmentos industriales. Sin embargo, estimó que, una vez que se consoliden las inversiones y se activen los sectores dinámicos de la economía, el consumo podría retornar a niveles similares a los observados en 2022.
Desde su perspectiva, ese escenario no representa una meta extraordinaria sino un objetivo alcanzable si la estabilización macroeconómica logra complementarse con medidas orientadas a mejorar la productividad y la competitividad productiva.
Otro de los ejes planteados por el presidente de la UIA fue la necesidad de corregir las distorsiones económicas que, según su visión, afectaron históricamente al entramado industrial argentino.
Rappallini sostuvo que durante años muchas empresas operaron en un contexto de elevada presión tributaria, altos costos financieros y escasas condiciones para competir en los mercados internacionales. En ese sentido, argumentó que la protección comercial por sí sola no alcanzó para fortalecer al sector y que, en algunos casos, terminó ocultando problemas de competitividad más profundos.
El dirigente afirmó que una política industrial efectiva debe contemplar incentivos que permitan a las empresas producir con costos comparables a los de otros países y acceder a mercados externos en igualdad de condiciones.
Por ese motivo, la entidad insiste en la necesidad de implementar medidas que reduzcan la carga sobre el empleo formal y mejoren la rentabilidad de las actividades productivas. Entre las propuestas presentadas al Gobierno figura la posibilidad de computar los aportes patronales como crédito fiscal de IVA, una iniciativa que apunta a aliviar los costos laborales y promover la formalización.

Uno de los principales reclamos de la UIA es la creación de un esquema de incentivos similar al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) para las actividades manufactureras.
Actualmente, ese régimen está orientado principalmente a sectores vinculados con energía, minería e infraestructura estratégica. Desde la entidad industrial consideran que las empresas manufactureras deberían acceder a beneficios comparables para impulsar proyectos de inversión, innovación y modernización tecnológica.
Rappallini argumentó que las industrias que compiten con productos importados enfrentan desafíos particulares debido a que los precios y estándares de calidad se determinan en mercados globales. Por esa razón, sostuvo que es necesario generar condiciones equivalentes para todos los sectores productivos.
La propuesta busca estimular nuevas inversiones, ampliar la capacidad exportadora y fortalecer el entramado de pymes industriales que forman parte de las cadenas de valor nacionales.
En el tramo final de su análisis, el presidente de la UIA planteó la necesidad de debatir una estrategia de desarrollo que combine el aprovechamiento de los recursos naturales con el fortalecimiento de la capacidad productiva nacional.
Según expresó, el potencial de la Argentina no se limita a la explotación de recursos energéticos o mineros, sino que también reside en la experiencia acumulada por miles de empresas, trabajadores y emprendedores que integran el tejido industrial.
Rappallini sostuvo que preservar y potenciar esa capacidad resulta clave para generar empleo de calidad, agregar valor agregado a las exportaciones y construir una economía más diversificada. En ese sentido, remarcó que existe un empresariado dispuesto a competir y a invertir, siempre que encuentre reglas de juego estables y condiciones adecuadas para desarrollarse.
Las declaraciones del titular de la UIA reflejan uno de los principales debates que atraviesan actualmente al sector productivo: cómo sostener la actividad industrial durante la transición hacia un nuevo esquema económico y de qué manera garantizar que las inversiones proyectadas generen un impacto efectivo sobre el empleo, la producción y el crecimiento. Según publicó Infobae, la entidad empresaria continuará impulsando propuestas orientadas a mejorar la competitividad mientras acompaña el proceso de estabilización económica impulsado por el Gobierno nacional.