La producción argentina de arándanos se encamina hacia una campaña 2026 con perspectivas favorables. Entre agosto y noviembre, período en el que se concentra la cosecha nacional, el sector estima alcanzar unas 15.000 toneladas de fruta, un volumen superior al registrado en 2025 aunque todavía por debajo del promedio histórico cercano a las 17.000 toneladas. La mejora responde a las inversiones realizadas en los últimos años, la renovación de plantaciones y una demanda sostenida tanto en el mercado interno como en los principales destinos de exportación.
Según informó el medio especializado Bichos de Campo, las proyecciones fueron confirmadas por representantes del Comité Argentino de Arándanos (ABC), quienes destacaron que el negocio atraviesa un escenario favorable impulsado por el creciente consumo global de alimentos asociados a hábitos saludables.
El arándano se consolidó durante la última década como uno de los productos más valorados dentro del segmento de frutas frescas de exportación. Su reconocimiento como "superalimento", debido a sus propiedades antioxidantes y beneficios nutricionales, impulsó un incremento sostenido de la demanda en numerosos mercados.
En este contexto, Argentina busca aprovechar una ventaja competitiva clave: su capacidad para producir fruta fresca en contraestación respecto de los principales países consumidores del hemisferio norte.
Las previsiones para la temporada 2026 reflejan una recuperación gradual de la actividad luego de campañas marcadas por desafíos climáticos y económicos.
De acuerdo con datos del sector, la rentabilidad obtenida durante la última cosecha permitió a numerosos productores realizar inversiones destinadas a mejorar la productividad de los establecimientos.
Estas acciones incluyeron tareas de manejo agronómico, renovación de variedades, mejoras en infraestructura y optimización de sistemas productivos.
El presidente del Comité Argentino de Arándanos, Jorge Pazos, explicó a Portalfrutícola, según reprodujo Bichos de Campo, que las expectativas positivas se sustentan en esas mejoras acumuladas durante los últimos años.

La apuesta por una mayor eficiencia productiva permitió incrementar los rendimientos y mejorar la calidad de la fruta, dos factores determinantes para competir en los mercados internacionales.
En un negocio donde la exigencia comercial es cada vez mayor, la calidad se convirtió en un aspecto decisivo para acceder a los destinos de mayor valor agregado.
"El mundo no compra productos sin calidad. Salir con fruta que no cumpla los estándares implica pérdidas absolutas", afirmó Pazos a Portalfrutícola, según consignó Bichos de Campo.
El destino principal de la producción argentina continúa siendo el mercado externo.
Las estimaciones indican que alrededor del 60% de la cosecha tendrá como destino la exportación, mientras que cerca del 30% será absorbido por el consumo interno y el porcentaje restante se orientará a la industria.
Estados Unidos sigue siendo uno de los principales compradores de arándanos argentinos, acompañado por países europeos como España, Países Bajos, Alemania, Reino Unido e Irlanda.
La fruta también llega a mercados de Medio Oriente y Asia, donde el consumo de berries continúa expandiéndose impulsado por tendencias asociadas a la alimentación saludable.
Entre los destinos con mayor potencial de crecimiento aparecen Corea del Sur y Japón, mercados con elevados estándares sanitarios y comerciales donde Argentina busca avanzar mediante negociaciones para ampliar el acceso de sus exportaciones.
A nivel regional, Brasil emerge como uno de los mercados más dinámicos.
El crecimiento del consumo en el país vecino permitió ampliar significativamente los envíos durante los últimos años.
"Brasil aprendió a comer arándanos", destacó Pazos, según reprodujo Bichos de Campo, al referirse a la evolución del consumo en ese mercado.
La consolidación de la demanda regional representa una oportunidad estratégica para la producción argentina debido a las ventajas logísticas y comerciales que ofrece la cercanía geográfica.
La actividad se desarrolla actualmente sobre unas 3.500 hectáreas implantadas distribuidas entre diversas regiones productivas del país.
Las principales áreas de producción se encuentran en el Litoral, el Norte argentino y la provincia de Buenos Aires, zonas que presentan condiciones agroclimáticas adecuadas para el cultivo.
La ventana de cosecha argentina coincide con un momento particularmente favorable del mercado internacional.
La fruta comienza a recolectarse cuando gran parte de la oferta fresca del hemisferio norte ya se encuentra fuera de temporada, permitiendo acceder a precios más atractivos y a nichos de mercado de alto valor.
Esta ventaja comercial ha sido históricamente uno de los pilares del desarrollo de la actividad exportadora.
Sin embargo, la competencia internacional se intensificó en los últimos años debido al crecimiento de otros países productores, especialmente en América Latina.
Por ese motivo, los especialistas coinciden en que la calidad, la logística y la capacidad de cumplir exigencias sanitarias son factores cada vez más relevantes para sostener la competitividad.
Pese al optimismo que predomina en el sector, las condiciones climáticas generan cierta cautela de cara al desarrollo de la campaña.
Los pronósticos indican la posibilidad de un escenario caracterizado por mayores precipitaciones en diversas regiones productivas del país, asociado a la influencia de un evento climático de gran magnitud.
Según los productores, un exceso de lluvias podría generar complicaciones sanitarias en los montes frutales y aumentar la presión de enfermedades que afectan la calidad y el rendimiento de los cultivos.
Además, las temperaturas superiores a los valores normales podrían acelerar los procesos de maduración de la fruta y modificar los tiempos previstos para la cosecha.
Estas variables también podrían afectar a otros actores relevantes del mercado internacional, como Chile y Perú, competidores directos de Argentina en la exportación de arándanos.
La evolución de las condiciones climáticas durante los próximos meses será determinante para confirmar las proyecciones productivas y comerciales del sector.
El crecimiento del consumo mundial de berries abre nuevas oportunidades para la producción argentina.
La combinación de mejores rendimientos, una mayor demanda internacional y una recuperación parcial de la rentabilidad permite al sector proyectar una campaña con perspectivas alentadoras.
Si bien la producción prevista aún se ubica por debajo de los niveles históricos más altos, el incremento esperado respecto de la temporada anterior constituye una señal positiva para una actividad que continúa apostando a la calidad como principal herramienta competitiva.
Con la cosecha prevista para comenzar en agosto, productores y exportadores observan con atención la evolución del clima y los mercados internacionales, confiados en que la campaña 2026 pueda consolidar la recuperación iniciada durante el último año y fortalecer la presencia del arándano argentino en los principales destinos del mundo.