La harina de uva, obtenida a partir del orujo que queda luego del prensado de la fruta para elaborar vino, comienza a consolidarse como una alternativa de alto valor agregado para la industria vitivinícola argentina. Impulsada por el creciente interés por los alimentos funcionales y la economía circular, esta materia prima dejó de ser un residuo para convertirse en un producto con potencial comercial tanto en el mercado interno como en el exterior.
Según información publicada por Expoagro y Los Andes, el desarrollo de este producto cobra relevancia en un contexto donde la vitivinicultura busca diversificar su oferta frente a la caída del consumo interno de vino. La reutilización del orujo permite aprovechar un subproducto abundante y transformarlo en un ingrediente con aplicaciones alimentarias y propiedades nutricionales que despiertan el interés de consumidores, chefs e industrias.
La harina se obtiene mediante el secado y la molienda de los restos de piel, semillas y pulpa de la uva. Su composición incluye fibra dietaria, antioxidantes, resveratrol, hierro, cobre, magnesio y vitaminas A, C y E, además de ácidos grasos Omega 3 y Omega 6.

Uno de los principales atributos es su elevado contenido de fibra, que alcanza cerca del 47%, muy por encima de otras harinas disponibles en el mercado. A esto se suma la presencia de resveratrol, un compuesto ampliamente estudiado por su capacidad antioxidante.
En Argentina, uno de los emprendimientos pioneros se desarrolla en Colonia Caroya, provincia de Córdoba. Allí, Lorena Londero impulsó la marca Resiliencia, elaborada en la bodega familiar Don Fabio.
La iniciativa nació en 2018, luego de que la emprendedora comenzara a investigar alternativas alimentarias tras recibir un diagnóstico de esclerosis múltiple. Ese proceso derivó en el aprovechamiento del orujo descartado por bodegas de la región para producir harina de uva de manera artesanal.
El proyecto ganó visibilidad tras obtener el Premio Innovar 2023 y, posteriormente, cuando el Código Alimentario Argentino incorporó oficialmente en 2025 al producto bajo la denominación "orujo de uva en polvo", habilitando su comercialización formal en todo el país.
Actualmente, la producción se comercializa en distintas presentaciones y ya registra pedidos desde países como Chile, Brasil, Uruguay, Paraguay, Bolivia y México, reflejando el interés internacional por este tipo de alimentos funcionales.
Otro desarrollo se encuentra en San Rafael, Mendoza, donde Alejandro Bianchi y Nicolás Bianchi impulsan la marca Vitisanus desde una bodega orgánica y biodinámica.
El emprendimiento trabaja junto a investigadores de la Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo) y de la Universidad de Buenos Aires (UBA) para validar científicamente las propiedades del producto y ampliar sus posibilidades de aplicación dentro de la industria alimentaria.
Entre sus desarrollos se destaca la utilización de harina de uva en panificados, pastas, budines, muffins, trufas y otros productos donde suele incorporarse entre un 5% y un 20% de la mezcla total de harina, aportando color, sabor y valor nutricional.
La creciente demanda de alimentos saludables también posiciona a este ingrediente como suplemento dietario, ya que puede incorporarse en yogures, licuados o jugos.
El interés por la harina de uva se vincula además con las tendencias globales hacia la economía circular, que promueve el aprovechamiento integral de las materias primas y la reducción de residuos industriales.
En un país que figura entre los principales productores mundiales de uva, el volumen de orujo disponible ofrece una base importante para ampliar la producción y desarrollar nuevos negocios vinculados a la bioeconomía.
El principal desafío para el sector será escalar estos desarrollos desde emprendimientos artesanales hacia procesos industriales que permitan abastecer una demanda creciente y consolidar una nueva fuente de ingresos para la cadena vitivinícola.
De este modo, un residuo que durante décadas representó un costo para las bodegas comienza a transformarse en una oportunidad para generar más valor agregado, diversificar la producción y abrir nuevos mercados dentro y fuera de Argentina.