La Argentina se encuentra cada vez más cerca de concretar una importante operación financiera destinada a mejorar el perfil de sus vencimientos de deuda. El Banco Mundial (BM), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Corporación Andina de Fomento (CAF) pondrán a consideración de sus directorios un esquema de garantías por entre US$2800 millones y US$3000 millones que permitirá respaldar un préstamo internacional por hasta US$4000 millones.
La iniciativa forma parte de la estrategia diseñada por el Ministerio de Economía para fortalecer las fuentes de financiamiento del país y reducir los costos asociados al endeudamiento. El objetivo es obtener recursos con un plazo de hasta seis años y un período de tres años de gracia, lo que permitiría aliviar las obligaciones financieras de corto plazo.
Según trascendió, el directorio del Banco Mundial analizará el próximo 16 de junio una garantía superior a los US$2000 millones, mientras que el BID evaluará el 17 de junio un respaldo cercano a los US$550 millones. A su vez, la CAF estudiará el tema el 22 de julio y negocia una garantía adicional de entre US$250 millones y US$500 millones.
Las aprobaciones forman parte de una compleja estructura financiera que el ministro de Economía, Luis Caputo, negocia desde hace varios meses con organismos multilaterales y entidades financieras internacionales. El plan contempla la obtención de aproximadamente US$4000 millones con vencimiento en 2032.
Desde el Palacio de Hacienda sostienen que esta operación no está vinculada al pago de los vencimientos de deuda previstos para julio por alrededor de US$4400 millones, ya que esos compromisos serían cubiertos mediante la colocación de Bonares en el mercado local.
A diferencia de un préstamo tradicional, los organismos internacionales no desembolsarán directamente los fondos. Su función será actuar como garantes frente a los bancos que aportarán el financiamiento.
Entre las entidades financieras que participan de las conversaciones figuran JPMorgan Chase, Citi, Bank of America y Santander, aunque podrían sumarse otras instituciones europeas y compañías aseguradoras internacionales.
El mecanismo busca reducir el riesgo percibido por los inversores. En caso de incumplimiento por parte de la Argentina, los acreedores tendrían la posibilidad de ejecutar parte de las garantías otorgadas por los organismos multilaterales.
Esta estructura permite conseguir financiamiento a tasas considerablemente más bajas que las que enfrentaría el país en una emisión soberana tradicional. Mientras el mercado exigiría rendimientos cercanos o superiores al 9% anual, las fuentes involucradas en la negociación estiman que el costo podría ubicarse cerca del 6% gracias al respaldo de los organismos internacionales.
La operación fue anticipada por el Fondo Monetario Internacional en el informe técnico que acompañó la segunda revisión del programa vigente con la Argentina. Allí se indicó que el Gobierno se encuentra en la etapa final de una negociación respaldada por garantías multilaterales equivalentes a entre el 40% y el 95% del monto total del financiamiento.
Además de este préstamo garantizado, la estrategia oficial contempla nuevas emisiones de deuda en dólares, operaciones repo, refinanciaciones con bancos internacionales y potenciales ingresos provenientes de privatizaciones y venta de activos estatales.
De acuerdo con el esquema presentado al FMI, las colocaciones de Bonares con vencimientos en 2027 y 2028 aportarían alrededor de US$4000 millones, mientras que los préstamos garantizados por organismos multilaterales sumarían otros US$4000 millones. A ello se agregarían aproximadamente US$2500 millones derivados de privatizaciones y otras operaciones financieras.
En el Gobierno consideran que esta combinación de herramientas permitirá cubrir los principales vencimientos de deuda hasta el final del mandato del presidente Javier Milei.
El foco está puesto especialmente en los compromisos previstos para julio de este año y para enero y julio de 2027, considerados los pagos más relevantes a acreedores privados antes de la próxima elección presidencial.
El propio FMI destacó que este tipo de operaciones contribuye a extender la duración de la deuda externa y a reducir los costos de financiamiento, aunque también advirtió que incrementa el peso relativo de acreedores con prioridad de cobro en escenarios adversos.
La necesidad de consolidar nuevas fuentes de financiamiento también aparece en los análisis de Wall Street. Un informe reciente de JPMorgan señaló que el principal desafío para la Argentina será desarrollar una mayor "antifragilidad" financiera, acumulando reservas internacionales, asegurando vencimientos y ampliando el acceso a diversas fuentes de crédito antes del proceso electoral de 2027.
Según las estimaciones del banco estadounidense, incluso con una refinanciación total de la deuda en pesos, el país podría enfrentar una brecha de financiamiento cercana a US$10.000 millones durante 2027. Por ello, la estrategia oficial apunta a combinar equilibrio fiscal, fortalecimiento de reservas y mayores ingresos de divisas provenientes de sectores estratégicos como la energía.
De esta manera, el Gobierno busca construir un puente financiero que le permita atravesar los próximos años con menores costos de endeudamiento, mayor previsibilidad y sin generar tensiones significativas sobre el mercado cambiario.