La búsqueda de mayor seguridad energética llevó a India a profundizar su relación con Venezuela, un país que volvió a ganar relevancia en el mercado petrolero internacional. En medio de las tensiones geopolíticas en Oriente Medio y con una economía que mantiene un ritmo sostenido de crecimiento, Nueva Delhi avanza en acuerdos para diversificar sus fuentes de abastecimiento y reducir su dependencia de una única región proveedora.
La estrategia responde a una necesidad concreta. India es hoy uno de los mayores consumidores de energía del planeta y adquiere en el exterior cerca del 90% del petróleo que utiliza para abastecer a su industria, al transporte y a su población. Cualquier alteración en las rutas de suministro representa un riesgo para su economía, por lo que el gobierno indio busca consolidar nuevas alianzas que le otorguen mayor estabilidad.
Durante décadas, el grueso de las importaciones de crudo indias provino del Golfo Pérsico. Sin embargo, los conflictos registrados en la región durante los últimos años generaron incertidumbre sobre la continuidad de los envíos y pusieron en evidencia la vulnerabilidad de depender de pocos proveedores. Antes de la reciente escalada de tensiones, alrededor del 40% del petróleo importado por India atravesaba el estratégico estrecho de Ormuz.

En ese contexto, Venezuela volvió a ocupar un lugar central. El país sudamericano posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo y, pese a las dificultades económicas y a las sanciones internacionales que afectaron su producción, comenzó a recuperar presencia en los mercados globales gracias al alivio parcial de algunas restricciones.
Los datos reflejan la magnitud del acercamiento. Durante abril de 2026, las compras de crudo venezolano por parte de India alcanzaron aproximadamente los 283.000 barriles diarios, el volumen más alto registrado desde 2020. Las previsiones del mercado indicaban además que los envíos podrían superar los 380.000 barriles por día en junio, consolidando a Venezuela entre los principales abastecedores del país asiático.
El fortalecimiento de la relación no se limita al intercambio comercial. A comienzos de junio, el primer ministro Narendra Modi mantuvo conversaciones con la vicepresidenta venezolana Delcy Rodríguez para explorar una cooperación energética de largo plazo. Entre los temas abordados figuraron posibles inversiones de empresas indias en actividades de exploración, producción, refinación e infraestructura vinculada al sector petrolero venezolano.

Para India, el objetivo es claro: construir una matriz de abastecimiento más diversificada que le permita sostener su crecimiento económico y reducir la exposición a crisis regionales. Para Venezuela, en tanto, el interés de una de las mayores economías del mundo representa una oportunidad para recuperar inversiones, incrementar su producción y reposicionarse como un actor relevante en el mercado energético internacional.
El avance de esta alianza evidencia cómo la geopolítica de la energía está cambiando. Mientras las potencias buscan garantizar recursos estratégicos para las próximas décadas, América del Sur vuelve a ocupar un lugar destacado en la agenda de los grandes consumidores mundiales. Según publicó Infobae, el acercamiento entre India y Venezuela podría profundizarse mediante nuevas inversiones y acuerdos que consoliden una relación energética de largo plazo.