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Los cambios en la política de biocombustibles de EE.UU. impulsan el aceite de soja y generan expectativas para Argentina

Un análisis advierte que las nuevas reglas del mercado estadounidense podrían abrir oportunidades para las exportaciones argentinas de aceites

Los cambios en la política de biocombustibles de EE.UU. impulsan el aceite de soja y generan expectativas para Argentina
martes 23 de junio de 2026

Las recientes modificaciones en la política de biocombustibles de Estados Unidos están provocando cambios profundos en el mercado internacional del aceite de soja y podrían representar una oportunidad para Argentina, uno de los principales exportadores mundiales de este producto. Así lo señala un análisis elaborado por el consultor Julián Morosi, de fyo, publicado por TodoAgro, que examina cómo las nuevas regulaciones estadounidenses están modificando la oferta, la demanda y la competencia global dentro del complejo sojero.

El informe sostiene que, más allá de la volatilidad generada durante el primer semestre del año por el conflicto en Oriente Medio, el aceite de soja ya mostraba una tendencia alcista desde comienzos de 2026. Incluso antes de que aumentara la tensión geopolítica en la región, el producto acumulaba una suba cercana al 13%, impulsada principalmente por cambios estructurales vinculados al mercado energético estadounidense.

Según el análisis, el principal factor detrás de este nuevo escenario es la actualización de las políticas federales que regulan la producción y utilización de biocombustibles en Estados Unidos. Las nuevas disposiciones combinan mayores exigencias de mezcla de combustibles renovables con un esquema de incentivos fiscales basado en la reducción de emisiones de carbono.

Estas medidas modifican de manera significativa el funcionamiento del mercado de aceites vegetales, ya que incrementan la demanda de materias primas destinadas a la producción de biodiésel y diésel renovable.

Uno de los pilares de la reforma es la actualización de la Norma de Combustibles Renovables (RFS) administrada por la Agencia de Protección Ambiental (EPA), que fijó para 2026 y 2027 los mayores volúmenes obligatorios de incorporación de biocombustibles registrados hasta el momento.

De acuerdo con el informe, esa decisión implica un crecimiento superior al 60% en la producción de diésel renovable y biodiésel respecto de los niveles registrados en 2025.

A este cambio se suma la implementación plena del Crédito Fiscal 45Z, creado a partir de la Ley de Reducción de la Inflación estadounidense, que reemplazó antiguos subsidios por un sistema que premia la menor intensidad de carbono del combustible producido.

El nuevo régimen permite acceder a incentivos de hasta un dólar por galón, aunque condiciona el beneficio a estrictos criterios ambientales vinculados al ciclo de vida de las materias primas utilizadas.

Restricciones para las importaciones

Otro aspecto destacado del análisis elaborado por Morosi es la decisión de limitar el acceso a esos beneficios fiscales únicamente a materias primas producidas en Estados Unidos, Canadá y México.

A partir de 2026, las materias primas provenientes de otras regiones dejan de ser elegibles para recibir el incentivo federal, una medida que modifica las condiciones de competencia para los proveedores internacionales.

Sin embargo, el informe aclara que algunas disposiciones regulatorias vinculadas a la generación de créditos ambientales continuarán permitiendo, al menos hasta 2028, el ingreso de ciertos aceites vegetales importados, entre ellos el aceite de colza canadiense.

Esa situación mantiene un escenario competitivo que todavía limita una suba aún mayor en los precios internacionales del aceite de soja.

Un mercado con menor oferta exportable

Las nuevas reglas también están modificando el destino de la producción estadounidense.

Según el análisis difundido por TodoAgro, la creciente demanda interna de biocombustibles absorberá más de la mitad de toda la producción de aceite de soja del país, reduciendo considerablemente el volumen disponible para exportación.

Como consecuencia, Estados Unidos comenzó a perder protagonismo como proveedor internacional de aceite de soja y concentra una mayor proporción de su molienda en abastecer a la industria energética local.

Esta menor disponibilidad para los mercados externos elevó la cotización del aceite estadounidense hasta ubicarse por encima de otros aceites vegetales, incluido el aceite de girasol.

Para Morosi, este fenómeno responde a un cambio estructural más que coyuntural, ya que la demanda energética comienza a desempeñar un papel tan relevante como la demanda alimentaria en la formación de precios.

Una oportunidad para Argentina

En este contexto, Argentina aparece como uno de los países con mayores posibilidades de aprovechar el nuevo escenario internacional.

El país continúa siendo uno de los principales exportadores mundiales de aceite de soja y posee una importante capacidad industrial para procesar granos destinados al mercado externo.

La reducción de la oferta exportable estadounidense podría generar nuevos espacios comerciales para los embarques argentinos, tanto por la necesidad de abastecer mercados tradicionales como por la apertura de nuevos destinos.

El informe señala que las oportunidades no se limitan únicamente a una mejora de precios, sino también a una eventual ampliación de la participación argentina en el comercio internacional de aceites vegetales.

No obstante, Morosi advierte que todavía existen aspectos regulatorios pendientes de definición en Estados Unidos.

Entre ellos figuran posibles exenciones para pequeñas refinerías y la metodología definitiva que utilizarán las autoridades para calcular la intensidad de carbono de los biocombustibles.

El especialista explica que esos criterios serán determinantes para establecer el valor efectivo de los créditos fiscales. Si las exigencias ambientales resultan muy estrictas, los incentivos podrían mantenerse elevados. En cambio, si el sistema adopta parámetros más flexibles, el beneficio económico tendería a reducirse.

Un cambio de largo plazo

Más allá de esos interrogantes, el análisis considera que la nueva política estadounidense ya comenzó a modificar el equilibrio entre oferta y demanda del mercado mundial de aceites.

La creciente utilización del aceite de soja como insumo energético incorpora un nuevo factor de demanda estructural que podría sostener precios elevados durante los próximos años.

Para Argentina, ese escenario representa una posibilidad de fortalecer sus exportaciones industriales y consolidar el papel del complejo sojero dentro del comercio internacional.

La evolución de las regulaciones estadounidenses y la expansión de los programas de biocombustibles en otros países serán variables que el mercado seguirá de cerca, ya que podrían redefinir el mapa global del negocio de los aceites vegetales durante la próxima década.

 



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