Desde el establecimiento Las Hilachas, ubicado junto a Zapala, en la provincia de Neuquén, Mauro Robert desarrolla una actividad que combina la producción ganadera, la cría y entrenamiento de Caballos Criollos y la docencia. Según informó Bichos de Campo, el productor logró transformar una pasión de toda la vida en una profesión, mientras continúa el legado familiar y apuesta por el desarrollo del campo patagónico.
Criado entre vacas y caballos, Robert asegura que su vínculo con la actividad rural comenzó desde muy pequeño. Sus primeros recuerdos transcurren en el campo de sus abuelos, cerca de Aluminé, y luego en Las Hilachas, el establecimiento que su padre adquirió y donde actualmente desarrolla gran parte de su trabajo.

"Crecí entre vacas y caballos", recordó el productor. Aunque en un momento intentó estudiar Agronomía y trabajó en una empresa de riego, finalmente decidió regresar al campo familiar. Según informó Bichos de Campo, ese proceso no estuvo exento de desafíos, especialmente al momento de incorporarse al trabajo junto a su padre.
"Quizás el desafío más grande fue familiar. Mi viejo estaba muy activo, tenía sus formas de trabajar y yo quería meterme. Costó, pero después los desafíos aparecen todos los días", explicó.

Actualmente integra el grupo CREA Lanín, donde intercambia experiencias con otros productores y analiza nuevas herramientas para mejorar la eficiencia productiva. Para Robert, la incorporación de tecnología responde a una necesidad concreta del sector. "La forma de producir va cambiando. Hay tecnología, hay información disponible, y hay que producir mejor para sostener todo. Hoy muchas herramientas accesibles ayudan a mejorar un montón: pastoreo, divisiones, agua, manejo", sostuvo.
La situación climática también ocupa un lugar importante en su actividad. Aunque su establecimiento cuenta con riego, reconoció que la sequía afecta a buena parte de la región. "Hay menos agua que otros años y se nota. Es un año duro", afirmó. Sin embargo, considera que la Patagonia mantiene un enorme potencial productivo gracias a la superficie disponible y la diversidad de ambientes.

Además de la ganadería, los caballos ocupan un lugar central en su vida. Robert desarrolla un emprendimiento dedicado a la pensión, doma, entrenamiento y clases de equitación, además de competir en apartes camperos, disciplina en la que alcanzó seis finales nacionales con distintos equipos y obtuvo un campeonato nacional en otra especialidad.
Según informó Bichos de Campo, el productor reconoce que durante su infancia nunca imaginó que podría vivir de esa actividad. "De chico ni pensaba que se podía vivir de los caballos. Ni siquiera era algo que alguien me dijera que no se podía; directamente no existía esa posibilidad. De grande lo descubrí", recordó.

La enseñanza representa otra de sus grandes motivaciones. Además de entrenar caballos, dicta clases y suele invitar a sus alumnos a participar de las tareas rurales para que conozcan el trabajo cotidiano en el campo. "Lo que más me apasiona es intercambiar con los chicos. Su frescura, sus ganas. Verlos aprender", expresó.
Incluso, durante las jornadas de trabajo con el ganado, los estudiantes participan activamente. "Les encanta. Hoy tenemos tacto y vienen todos. Hay más jinetes que vacas para juntar", comentó entre risas.

Su espíritu emprendedor también lo llevó a crear junto a dos amigos el bar itinerante Carneros, un proyecto que acompañó exposiciones y competencias ecuestres durante varios años. Aunque el emprendimiento fue vendido por la dedicación que requería, Robert recuerda esa experiencia como una etapa muy importante. "Cada vez que íbamos a algún lugar llevábamos fiesta y diversión, un espacio para que la gente se junte", señaló.
A pesar de sus logros deportivos y empresariales, el productor destaca el valor del trabajo familiar. "Nada de esto lo generé yo solo. Continúo algo empezado por mis viejos. Todo esto existe por ellos, por el riesgo que tomaron y por la confianza que me tienen", afirmó.
Para Robert, la combinación entre producción, caballos y enseñanza no representa una carga laboral, sino una forma de vida. "Cuando hacés lo que te gusta, no sentís que estás trabajando", concluyó.