El sorgo gana protagonismo por su resistencia a la chicharrita y el impulso de la demanda

El cultivo combina ventajas sanitarias, menores costos y una fuerte demanda exportadora, factores que consolidan su crecimiento como alternativa al maíz

El sorgo gana protagonismo por su resistencia a la chicharrita y el impulso de la demanda
lunes 29 de junio de 2026

El sorgo consolida su posicionamiento como una de las alternativas agrícolas con mayor potencial para la próxima campaña, impulsado por su resistencia frente a la chicharrita del maíz (Dalbulus maidis), su adaptación a ambientes con restricciones hídricas y una demanda internacional sostenida, especialmente desde China. En un contexto de elevada presión sanitaria sobre el maíz en el norte argentino, el cultivo reúne ventajas agronómicas y comerciales que fortalecen su competitividad. La información surge de un informe publicado por TodoAgro.

El renovado interés por el sorgo responde a una combinación de factores que trascienden la coyuntura sanitaria. Aunque la presencia de la chicharrita volvió a poner el foco sobre los riesgos del cultivo de maíz, especialistas del sector destacan que el crecimiento del sorgo también está vinculado con menores costos de implantación, estabilidad productiva y un mercado exportador que mantiene una demanda firme.

Los últimos relevamientos de la Red Nacional de Monitoreo de Dalbulus maidis muestran que la presión del insecto continúa siendo elevada en el norte del país.

En el NOA, el 95% de las 42 localidades monitoreadas registró presencia de la plaga y el 83% alcanzó la categoría de máxima abundancia, con más de 100 adultos capturados por trampa.

La situación es similar en el NEA, donde el 98% de los sitios evaluados detectó presencia del insecto y más de la mitad presentó niveles considerados máximos, con registros especialmente altos en Bandera y Tacañitas, en Santiago del Estero.

La permanencia de plantas voluntarias de maíz entre campañas favorece la supervivencia de la plaga durante el invierno y mantiene elevado el riesgo sanitario para la próxima siembra.

Un cultivo que no participa del ciclo de la plaga

Frente a ese escenario, el sorgo presenta una ventaja diferencial.

A diferencia del maíz, no actúa como hospedero de Dalbulus maidis, por lo que no participa en el ciclo biológico del insecto ni contribuye a su permanencia entre campañas.

Esta característica reduce el riesgo sanitario y convierte al cultivo en una alternativa atractiva para los productores que buscan diversificar planteos y disminuir la exposición a pérdidas provocadas por la enfermedad.

No obstante, el informe destaca que la expansión del sorgo no depende exclusivamente de esta ventaja.

La combinación entre menores costos de producción, buena adaptación a condiciones ambientales restrictivas y un mercado externo consolidado explica gran parte del crecimiento registrado durante las últimas campañas.

Más superficie y una demanda firme desde China

Durante la campaña 2024/25, la superficie sembrada con sorgo aumentó alrededor de un 25% interanual, hasta aproximarse al millón de hectáreas, mientras que la producción nacional se ubicó entre 2,9 y 3,2 millones de toneladas, según distintas estimaciones sectoriales.

Se trata de uno de los mejores resultados alcanzados por el cultivo en los últimos años.

Para la próxima campaña, las proyecciones preliminares ubican el área destinada al sorgo granífero en torno a las 800.000 hectáreas, aunque la evolución definitiva dependerá del comportamiento de los precios, las condiciones climáticas y la evolución sanitaria del maíz.

En el plano comercial, China continúa siendo el principal destino de las exportaciones argentinas.

Entre el 90% y el 95% del sorgo exportado tiene como destino ese mercado, especialmente durante la ventana comercial comprendida entre mayo y septiembre.

La fuerte demanda del gigante asiático suele mejorar la competitividad del cultivo frente a otras alternativas agrícolas y sostiene el interés de los productores.

Potencial productivo y adaptación al ambiente

El rendimiento promedio nacional del sorgo oscila entre 4.000 y 5.000 kilos por hectárea.

Sin embargo, el potencial productivo es considerablemente superior cuando se utilizan híbridos modernos y un manejo adecuado.

En ambientes favorables es posible alcanzar producciones de entre 8.000 y 12.000 kilos por hectárea.

Durante la última campaña, provincias como Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos registraron promedios cercanos a los 60 y 70 quintales por hectárea, con numerosos lotes que superaron ampliamente esos niveles.

La capacidad de mantener buenos rendimientos en condiciones de menor disponibilidad hídrica constituye otro de los atributos destacados del cultivo.

Su sistema radicular fibroso y altamente ramificado le permite explorar un mayor volumen de suelo, acceder al agua almacenada en profundidad y sostener la producción en ambientes con limitaciones climáticas.

Beneficios para el suelo y los planteos agrícolas

Además de su desempeño productivo, el sorgo aporta ventajas desde el punto de vista de la conservación del suelo.

El cultivo genera una importante cantidad de biomasa aérea y subterránea, incorporando carbono al perfil y favoreciendo la formación de materia orgánica.

Los rastrojos brindan cobertura superficial, reducen la erosión y ayudan a disminuir la evaporación del agua.

Diversos trabajos también destacan que el desarrollo de sus raíces mejora la estructura física del suelo, facilita la infiltración de agua y contribuye a reducir problemas de compactación en determinados ambientes.

Estas características fortalecen su papel dentro de los esquemas de rotación agrícola y favorecen la sustentabilidad de los sistemas productivos.

La importancia de la genética y el manejo

El potencial del cultivo también depende de decisiones de manejo.

La elección de la fecha de siembra y del ciclo del híbrido resulta determinante para aprovechar al máximo la disponibilidad de agua durante el período crítico comprendido alrededor de la floración.

Las siembras tempranas permiten alcanzar mayores rendimientos cuando las condiciones climáticas son favorables, mientras que las tardías ofrecen mayor estabilidad en campañas secas, aunque requieren híbridos de ciclos más cortos.

En cuanto a la implantación, la siembra a placa mejora la uniformidad del cultivo respecto de los sistemas tradicionales a chorrillo.

Otro aspecto considerado prioritario es la utilización de híbridos con tolerancia al pulgón amarillo, una de las principales plagas que afectan actualmente al sorgo.

El desarrollo genético incorporó tecnologías que combinan resistencia a insectos y tolerancia a determinados herbicidas, herramientas que permiten reducir riesgos productivos y mejorar la estabilidad de los rendimientos.

En un escenario donde la presión de la chicharrita continúa condicionando al maíz en amplias regiones del país, el sorgo consolida su perfil como una alternativa productiva que combina seguridad sanitaria, adaptación agronómica y oportunidades comerciales. La evolución del mercado internacional y el avance de la innovación genética podrían seguir fortaleciendo el protagonismo de un cultivo que, en los últimos años, dejó de ocupar un lugar secundario para convertirse en una opción estratégica dentro de los sistemas agrícolas argentinos.

 



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