La Patagonia argentina continúa consolidando su posición como una de las principales regiones agroalimentarias del país gracias a un sistema sanitario diferencial que resguarda la producción animal y vegetal y facilita el acceso a los mercados internacionales de mayor exigencia. A través de programas de prevención, controles en la barrera zoofitosanitaria y un trabajo conjunto con los gobiernos provinciales y el sector privado, el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) busca preservar un estatus sanitario que constituye uno de los principales activos competitivos de la región.
De acuerdo con información difundida por el SENASA, la estrategia sanitaria alcanza a un territorio cercano a 1,8 millones de kilómetros cuadrados, donde se desarrollan actividades agrícolas, ganaderas, pesqueras y acuícolas de alto valor agregado. La región comprende las provincias de Neuquén, Río Negro, Chubut, Santa Cruz, Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, además del sur de la provincia de Buenos Aires, donde se producen frutas, hortalizas, carnes, lana, pescados y mariscos destinados tanto al mercado interno como a la exportación.

La fortaleza del sistema radica en la conservación de un conjunto de condiciones sanitarias diferenciadas respecto del resto del país. Ese reconocimiento permite que numerosos productos patagónicos puedan ingresar a destinos internacionales que exigen estrictos estándares fitosanitarios y de sanidad animal.
Uno de los pilares de esta estrategia es la denominada barrera zoofitosanitaria patagónica, un sistema de control preventivo que limita el ingreso de enfermedades animales y plagas vegetales ausentes en la región.
El operativo contempla inspecciones en puestos terrestres, puertos y aeropuertos, además de controles sobre cargas comerciales, vehículos particulares y equipajes de viajeros. También incluye tratamientos específicos para frutas y otras mercaderías que podrían convertirse en vehículos de dispersión de organismos perjudiciales para la producción regional.
Este esquema de prevención permite conservar un conjunto de reconocimientos sanitarios obtenidos durante las últimas décadas.
En materia de producción vegetal, la Patagonia mantiene su condición de zona libre de Mosca de los Frutos y de Lobesia botrana, dos de las principales plagas que afectan a la fruticultura en distintas regiones del mundo.
En el plano pecuario, la región conserva desde 2002 el reconocimiento oficial de la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA) como zona libre de fiebre aftosa sin vacunación, un atributo sanitario que representa una ventaja competitiva para las exportaciones de carne.
A ello se suma el reconocimiento sanitario de áreas libres de enfermedades que afectan a los salmónidos, especialmente en los cuerpos de agua de la cuenca alta y media del río Limay hasta el embalse Piedra del Águila.
Además, distintas provincias patagónicas permanecen libres de otras enfermedades presentes en diferentes zonas del país, como la anemia infecciosa equina, la brucelosis caprina y, en el caso de Tierra del Fuego, la brucelosis bovina y la tuberculosis bovina.

El estatus sanitario diferencial sostiene una matriz productiva diversificada que posiciona a la Patagonia como uno de los principales polos exportadores de alimentos de Argentina.
Entre las actividades agrícolas sobresale la producción de peras, manzanas, cerezas y cebolla, además de distintos desarrollos hortícolas y frutícolas.
Durante 2025, el SENASA certificó exportaciones por 337.835 toneladas de peras, 91.547 toneladas de manzanas y 5.295 toneladas de cerezas, cifras que reflejan el peso de la región dentro del comercio exterior agroalimentario.

Otro de los complejos con fuerte protagonismo es el de la cebolla.
La zona integrada por el sur de Buenos Aires y Río Negro concentra el 56% de la superficie nacional implantada con este cultivo y aporta aproximadamente la mitad de la producción argentina, además de representar prácticamente la totalidad de las exportaciones nacionales de cebolla.

En materia ganadera, la producción ovina continúa siendo una de las principales actividades económicas de la región.
La Patagonia alberga más de 6,5 millones de ovinos, destinados tanto a la producción de carne como de lana.
Según los datos oficiales, durante 2025 se certificaron 9.609,7 toneladas de carne ovina, de las cuales 4.766,7 toneladas fueron exportadas hacia mercados internacionales.
La producción lanera también mantiene un rol destacado dentro de la economía regional, con certificaciones cercanas a 28.000 toneladas anuales, gran parte de ellas destinadas al comercio exterior.
Por otra parte, el partido bonaerense de Patagones concentra aproximadamente 270.000 cabezas bovinas, consolidándose como una de las principales áreas ganaderas del extremo sur de la provincia.
La actividad pesquera constituye otro de los sectores estratégicos para la Patagonia.
Los establecimientos procesadores ubicados tanto en tierra como a bordo de buques elaboran productos como langostino, calamar, merluza hubbsi, merluza negra y centolla, entre otras especies.

Durante el año pasado, el organismo sanitario certificó aproximadamente 380.000 toneladas de productos pesqueros destinados tanto a la exportación como al consumo interno.
La conservación de estas condiciones sanitarias requiere un trabajo permanente entre organismos públicos y privados.
Para ello, el SENASA coordina acciones junto con los gobiernos provinciales, la Fundación Barrera Patagónica (FUNBAPA) y representantes de las distintas cadenas productivas de la región.
El objetivo consiste en sostener los programas de vigilancia epidemiológica, monitoreo de plagas, fiscalización del transporte de mercaderías y actualización permanente de los protocolos sanitarios.
Las autoridades destacan que mantener estos estándares no solo protege la producción existente, sino que también fortalece la competitividad de las economías regionales al facilitar el acceso a mercados con altos requisitos sanitarios.
En este esquema, la colaboración de los viajeros también resulta un componente fundamental.
Las personas que ingresan a la Patagonia deben respetar las restricciones vigentes para el traslado de determinados productos de origen animal y vegetal, ya que esos controles constituyen una herramienta clave para evitar el ingreso de enfermedades y plagas.
Por ese motivo, el organismo recomienda consultar previamente cuáles son los productos permitidos antes de viajar hacia la región.
La preservación del estatus sanitario diferencial representa uno de los principales pilares sobre los que se apoya la competitividad agroalimentaria de la Patagonia. La continuidad de las acciones de prevención, el fortalecimiento de la barrera zoofitosanitaria y el trabajo conjunto entre el sector público y privado aparecen como factores determinantes para sostener el crecimiento de las exportaciones y consolidar el posicionamiento de los productos patagónicos en los mercados internacionales.