La industria oleaginosa argentina alcanzó en mayo un 90% de utilización de su capacidad instalada, uno de los niveles más altos registrados en los últimos años, impulsada por una mayor molienda de girasol y por el ingreso de soja importada desde Paraguay bajo el régimen de admisión temporaria. Según informó Valor Soja, con datos del informe Monitor Agroindustrial elaborado por CIARA-CEC, el desempeño permitió sostener una elevada actividad fabril en un contexto en el que la comercialización de soja por parte de los productores argentinos continúa por debajo de los promedios históricos.
El incremento registrado durante mayo representó un fuerte avance respecto del 76% observado en abril y también superó el 83% alcanzado en el mismo mes de 2025. La mejora refleja una mayor utilización de la infraestructura industrial instalada en el principal polo de procesamiento de oleaginosas del país, uno de los complejos exportadores más importantes de la economía argentina.

El dato adquiere relevancia porque la capacidad instalada constituye uno de los principales indicadores para medir el nivel de actividad del sector. Cuanto mayor es su utilización, mayor es el volumen de materia prima procesada y el nivel de generación de productos derivados, como aceites y harinas proteicas destinadas tanto al mercado interno como a la exportación.
De acuerdo con la información publicada por Valor Soja, el crecimiento de la actividad respondió a dos factores centrales. Por un lado, el excelente desempeño de la campaña de girasol, que permitió incrementar significativamente el procesamiento industrial. Por otro, el ingreso de un importante volumen de soja paraguaya, utilizada por las plantas aceiteras mediante el régimen de admisión temporaria, un mecanismo que permite importar materia prima para industrializarla y luego exportar los productos obtenidos.
Durante mayo, las fábricas argentinas procesaron 4,18 millones de toneladas de soja, volumen que representó un incremento del 7,8% respecto del mismo mes del año anterior.

Una parte importante de esa molienda estuvo sustentada por la soja proveniente de Paraguay. Según los datos oficiales citados por Valor Soja, durante ese mes ingresaron 1,01 millones de toneladas desde el país vecino, cifra que permitió compensar parcialmente la menor disponibilidad de mercadería comercializada por los productores locales.
La importación de soja bajo este esquema constituye una práctica habitual para la industria aceitera argentina, especialmente en momentos en los que la oferta doméstica resulta insuficiente para abastecer plenamente la capacidad de procesamiento instalada.
El régimen de admisión temporaria permite mantener en funcionamiento las plantas industriales, preservar la actividad exportadora y sostener el empleo vinculado a uno de los sectores con mayor generación de divisas del país.
El otro motor del crecimiento fue el desempeño de la molienda de girasol.
Durante mayo se industrializaron 548.000 toneladas, el segundo mayor volumen histórico para ese mes. El único registro superior corresponde a abril de este mismo año, cuando el procesamiento alcanzó las 565.000 toneladas, marcando un récord para la actividad.
El buen desempeño de la oleaginosa respondió al elevado volumen de producción obtenido durante la campaña 2025/26, que permitió incrementar la disponibilidad de materia prima para la industria y sostener un elevado ritmo de procesamiento durante buena parte del año.
El girasol ocupa un lugar estratégico dentro del complejo agroindustrial argentino. Además de abastecer el mercado interno con aceite comestible, representa una fuente importante de exportaciones tanto de aceite como de harina de girasol, productos que encuentran una demanda sostenida en distintos mercados internacionales.
En paralelo, el aumento de la molienda de soja permitió reforzar la producción de aceite y harina de soja, principales bienes exportados por el complejo oleaginoso nacional.
Argentina continúa siendo uno de los principales exportadores mundiales de aceite y harina de soja, una posición que depende en gran medida del nivel de actividad de sus plantas industriales.
Por ese motivo, el incremento en el uso de la capacidad instalada representa una señal positiva para el sector, especialmente en un escenario donde persisten dificultades para acelerar el ritmo de comercialización de la cosecha.
Según el último dato oficial disponible, correspondiente al 1 de julio, la industria había adquirido 18,4 millones de toneladas de soja de la campaña 2025/26.
Esa cifra se ubica por debajo de los 19,1 millones de toneladas registrados en la misma fecha del año anterior, lo que evidencia un menor ritmo de ventas por parte de los productores argentinos.
Además, del volumen adquirido por la industria, 7,43 millones de toneladas permanecían sin precio fijado, una modalidad habitual mediante la cual el productor entrega la mercadería, pero posterga la definición del valor de venta a la espera de mejores condiciones comerciales.

La menor velocidad en la comercialización responde a diversos factores, entre ellos las expectativas sobre la evolución de los precios internacionales, las condiciones cambiarias y las estrategias financieras adoptadas por los productores para administrar su producción.
En este contexto, el ingreso de soja importada permitió mantener el funcionamiento de las plantas industriales sin depender exclusivamente del abastecimiento local.
El complejo oleaginoso constituye uno de los principales generadores de divisas para la economía argentina y representa una pieza clave dentro del entramado agroexportador.
Su capacidad para sostener elevados niveles de actividad no solo impacta sobre las exportaciones, sino también sobre el empleo industrial, la logística portuaria y el transporte de cargas vinculado al movimiento de granos.
Los datos correspondientes a mayo muestran que, pese a las dificultades derivadas del menor ritmo de ventas internas, la industria logró mantener un elevado nivel de utilización de su infraestructura gracias a una combinación de mayor procesamiento de girasol y abastecimiento complementario mediante soja importada.
Según consignó Valor Soja, este desempeño confirma la importancia del régimen de admisión temporaria como herramienta para sostener la competitividad del complejo industrial y preservar el liderazgo argentino en el procesamiento de oleaginosas.
De cara a los próximos meses, la evolución del nivel de actividad dependerá tanto del ritmo de comercialización de la soja remanente como del comportamiento de la demanda internacional de aceites y harinas vegetales. Mientras tanto, los indicadores muestran que la industria continúa operando cerca de sus máximos niveles históricos de utilización, consolidando su papel como uno de los motores del comercio exterior argentino.