La campaña argentina de soja 2025/26 cerró con una producción de 49,7 millones de toneladas, convirtiéndose en la segunda mejor de los últimos cinco años, según datos de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca del Ministerio de Economía. El resultado estuvo impulsado por rendimientos promedio superiores a los 3.000 kilos por hectárea, un desempeño que permitió compensar los efectos del estrés hídrico y las altas temperaturas registrados durante parte del ciclo del cultivo.
De acuerdo con la información elaborada por la Dirección Nacional de Agricultura, la superficie sembrada alcanzó 16,3 millones de hectáreas, mientras que los rindes promedio se ubicaron por encima de los registrados en las seis campañas anteriores, consolidando un desempeño superior al promedio histórico reciente.
Uno de los factores determinantes para la recuperación del cultivo fue el cambio en las condiciones climáticas durante el tramo final del ciclo agrícola.
Tras un verano marcado por las elevadas temperaturas y la falta de humedad, las lluvias comenzaron a generalizarse desde fines de la estación estival y continuaron durante buena parte del otoño. Ese aporte hídrico permitió mejorar significativamente el estado de los cultivos y favorecer el llenado de granos, especialmente en los lotes implantados en segunda fecha.
Según la Secretaría de Agricultura, si bien numerosos planteos de soja de primera sufrieron el impacto del estrés climático durante las etapas críticas del desarrollo, la evolución de la soja de segunda resultó clave para equilibrar la producción final y sostener los niveles de rendimiento.

El avance de la cosecha también enfrentó algunas dificultades.
Las precipitaciones registradas durante el inicio de las tareas retrasaron el ingreso de las cosechadoras debido a la falta de piso en numerosos lotes. Sin embargo, el organismo destacó que esas demoras no provocaron pérdidas significativas ni afectaron la calidad comercial del grano obtenido.
La combinación de buenas condiciones durante el llenado del cultivo y una adecuada recuperación hídrica permitió que los rindes provinciales superaran los promedios observados durante la última década en gran parte de las regiones productivas.
El resultado posiciona a la campaña 2025/26 entre las más destacadas de los últimos años y representa una recuperación para el principal cultivo de exportación del país, cuya producción tiene un papel central en el ingreso de divisas a través de la venta de granos, harina y aceite de soja.
La mejora productiva también refleja la capacidad de recuperación del cultivo frente a escenarios climáticos variables, una característica que volvió a manifestarse durante la presente campaña gracias a la evolución favorable de las condiciones meteorológicas en los meses decisivos para la definición del rendimiento.
Desde el punto de vista productivo, el cierre de la cosecha confirma que la combinación entre una amplia superficie sembrada y rendimientos superiores al promedio permitió alcanzar un volumen cercano a los 50 millones de toneladas, pese a las complicaciones registradas durante la primera parte del ciclo.
Con estos resultados, la soja vuelve a consolidarse como uno de los pilares del sistema agrícola argentino y deja un escenario favorable para la planificación de la próxima campaña, en un contexto donde la evolución climática y los niveles de productividad continúan siendo factores determinantes para el desempeño del sector.