La Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación autorizó la comercialización de una nueva soja genéticamente modificada que incorpora tolerancia a distintos herbicidas y protección frente a nematodos e insectos lepidópteros, una tecnología que amplía las herramientas disponibles para el manejo sanitario y productivo del cultivo. La medida fue oficializada mediante la Resolución 113/2026, luego de completar las evaluaciones técnicas exigidas por el sistema regulatorio argentino.
La aprobación habilita la comercialización del nuevo evento biotecnológico para todos sus usos y representa un nuevo avance en la incorporación de tecnologías aplicadas a uno de los principales cultivos de la agricultura nacional.
De acuerdo con la información difundida por la Secretaría de Agricultura, la nueva soja reúne múltiples características agronómicas destinadas a mejorar el control de malezas y reducir el impacto de algunas de las principales plagas que afectan al cultivo.
Entre ellas se encuentra la tolerancia a herbicidas inhibidores de la enzima HPPD, además de resistencia al glifosato, glufosinato de amonio y 2,4-D, lo que amplía las alternativas disponibles para el manejo de malezas dentro de distintos esquemas productivos.
El evento también incorpora protección frente al nematodo del quiste de la soja (Heterodera glycines), considerado una de las plagas de mayor impacto económico para el cultivo en distintas regiones productoras del mundo.
A ello se suma resistencia frente a determinados insectos lepidópteros, que habitualmente ocasionan daños durante el desarrollo vegetativo y reproductivo del cultivo.
La autorización fue otorgada luego de superar las diferentes instancias de evaluación previstas por el sistema nacional de bioseguridad.
La Comisión Nacional Asesora de Biotecnología Agropecuaria (CONABIA) analizó el comportamiento del evento desde el punto de vista ambiental y concluyó que su liberación al agroecosistema no presenta riesgos nuevos ni superiores a los asociados con otras variedades comerciales de soja.
Según el dictamen técnico, el nuevo desarrollo ofrece condiciones de seguridad equivalentes a las de una soja convencional para su utilización en sistemas agrícolas.
En forma paralela, el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) evaluó la aptitud del producto para consumo humano y alimentación animal.
El organismo determinó que la soja aprobada presenta condiciones de inocuidad comparables con las variedades convencionales ya disponibles en el mercado y mantiene un perfil nutricional equivalente.
Como parte del proceso regulatorio también intervino la Dirección de Políticas de Mercados, que analizó el posible impacto comercial de la incorporación de este nuevo evento sobre las exportaciones argentinas.
De acuerdo con la evaluación oficial, la autorización no genera riesgos para el comercio internacional de soja ni de sus principales derivados, un aspecto considerado estratégico debido a la importancia que tiene este complejo dentro de las exportaciones agroindustriales del país.
No obstante, antes de que las variedades que incorporen esta tecnología puedan ser inscriptas en el Registro Nacional de Cultivares del Instituto Nacional de Semillas (INASE), la empresa desarrolladora deberá cumplir con nuevos requisitos regulatorios.

Entre ellos figura la presentación del correspondiente Plan de Manejo de Resistencia de Insectos (PMRI), cuya aprobación constituye una condición obligatoria para avanzar con la inscripción comercial de los materiales.
Este tipo de programas busca preservar la eficacia de las tecnologías biotecnológicas mediante estrategias destinadas a retrasar la aparición de poblaciones de insectos resistentes.
La incorporación de nuevas herramientas de manejo forma parte de una política sostenida por la Argentina desde hace más de tres décadas.
El sistema regulatorio nacional para organismos genéticamente modificados se basa en evaluaciones científicas independientes realizadas por distintos organismos especializados que analizan aspectos ambientales, sanitarios y comerciales antes de autorizar la liberación de cada nuevo evento.
Ese esquema convirtió al país en uno de los referentes internacionales en materia de evaluación y aprobación de biotecnología agropecuaria, permitiendo la incorporación progresiva de nuevas variedades adaptadas a las necesidades de la producción.
La soja continúa siendo el principal cultivo agrícola argentino tanto por superficie sembrada como por generación de divisas a través de la exportación de granos, aceites, harinas y otros derivados industriales.
En ese contexto, la incorporación de nuevos desarrollos tecnológicos apunta a mejorar la competitividad del cultivo, ampliar las herramientas disponibles para el manejo integrado de malezas y plagas y contribuir a sostener los niveles de productividad frente a los desafíos sanitarios que enfrenta la actividad.
La aprobación oficial representa un nuevo paso dentro del proceso de innovación tecnológica del agro argentino y ratifica la continuidad de un sistema regulatorio que combina evaluaciones ambientales, sanitarias y comerciales antes de autorizar la utilización de nuevos eventos biotecnológicos en la producción agrícola.