La tecnología transforma la producción de alfalfa: cómo la nueva maquinaria mejora la calidad del heno y la rentabilidad ganadera

La mecanización redefine la producción de rollos y fardos con equipos más precisos, automatizados y orientados a responder a las exigencias del mercado interno y la exportación

La tecnología transforma la producción de alfalfa: cómo la nueva maquinaria mejora la calidad del heno y la rentabilidad ganadera
viernes 17 de julio de 2026

La producción de alfalfa atraviesa una profunda transformación impulsada por la incorporación de tecnología de precisión, maquinaria automatizada y nuevos procesos que permiten mejorar la calidad del heno, reducir costos operativos y aumentar la eficiencia de toda la cadena forrajera. La evolución de esta actividad, históricamente caracterizada por un fuerte componente artesanal, responde tanto a la profesionalización de los productores como a las mayores exigencias de los mercados nacionales e internacionales, que demandan productos con estándares cada vez más elevados.

Según informó Bichos de Campo, el avance de la mecanización está modificando cada una de las etapas del proceso de confección de rollos y fardos, desde la recolección del material hasta su almacenamiento, transporte y posterior utilización en los sistemas ganaderos y lecheros.

La incorporación de equipos de última generación no solo mejora la productividad, sino que también permite preservar mejor las características nutricionales de la alfalfa, un recurso estratégico para la alimentación animal y uno de los principales forrajes utilizados en la producción de carne y leche.

Una actividad cada vez más profesional

Durante los últimos años, la producción de alfalfa dejó de ser una actividad basada exclusivamente en la experiencia práctica para incorporar herramientas tecnológicas que optimizan los resultados productivos. La especialización de los establecimientos y el crecimiento de la demanda externa impulsaron inversiones en maquinaria diseñada para aumentar la eficiencia del trabajo y garantizar una mayor uniformidad del producto final.

En diálogo con Bichos de Campo, Gustavo Torresi, representante de la empresa importadora de maquinaria forrajera Gauss Landtechnik, explicó cómo evolucionó el proceso de confección del heno gracias a la incorporación de nuevas tecnologías.

El especialista señaló que el trabajo comienza una vez que el cultivo fue cortado, hilerado y alcanzó un contenido de humedad adecuado para su conservación.

"Una vez que el heno está cortado e hilerado, y tiene una humedad de entre 13 y 15%, se empieza a hacer el rollo. La máquina lo levanta el campo con el recolector y si tiene cutter la troza para que el animal la coma más fácil y trabaje menos el mixer", explicó Torresi a Bichos de Campo.

Ese nivel de humedad resulta determinante para conservar la calidad del forraje y minimizar pérdidas durante el almacenamiento, uno de los factores más valorados por los establecimientos ganaderos y tamberos.

Rollos más eficientes para facilitar la logística

La evolución tecnológica también modificó las características de las rotoenfardadoras utilizadas en los establecimientos.

Torresi indicó que la tendencia del mercado apunta a equipos capaces de fabricar rollos de 1,20 metros de ancho, una medida que facilita considerablemente su transporte por carretera y mejora la logística de comercialización.

El diámetro puede alcanzar hasta 1,90 metros, mientras que el peso final depende tanto del nivel de compactación como del tipo de material utilizado, oscilando generalmente entre 300 y 700 kilogramos.

Otro cambio significativo se produjo en el sistema de atado. Tradicionalmente, los rollos se aseguraban mediante hilo, un procedimiento que demandaba varias vueltas y obligaba a detener la máquina durante cerca de tres cuartos de minuto.

Actualmente, muchas rotoenfardadoras incorporan sistemas de atado con red, una tecnología que reduce considerablemente ese tiempo y mejora la estabilidad del rollo durante su manipulación y transporte.

"La máquina se tiene que detener una vez que ata, por eso es importante que sea en el menor tiempo posible", explicó Torresi en declaraciones reproducidas por Bichos de Campo.

La utilización de redes permite disminuir el tiempo de detención de la maquinaria y aumentar la productividad diaria, especialmente durante las ventanas climáticas favorables para la confección del heno.

Sensores y telemetría para controlar todo el proceso

La digitalización también llegó al trabajo en el lote.

Las nuevas rotoenfardadoras incorporan sensores electrónicos, sistemas de medición de humedad y herramientas de telemetría que permiten monitorear en tiempo real el desempeño del equipo y registrar información sobre la producción.

Entre otros datos, los operarios pueden conocer la cantidad de rollos confeccionados, sus dimensiones, la ubicación del trabajo e incluso realizar un seguimiento remoto desde un teléfono celular o mediante plataformas digitales que generan reportes posteriores.

Según explicó Torresi, estos sistemas también ayudan a garantizar una mayor uniformidad del producto.

"El rollo tiene que ser parejo para poder almacenarlo y transportarlo, y para eso la máquina cuenta con sensores en la alimentación. También tiene indicadores de humedad, que es lo que permite mantener la calidad, y sensores de telemetría, que te indica cuántos rollos se hicieron, de qué altura o en qué dirección va la máquina", señaló el especialista a Bichos de Campo.

La disponibilidad de estos datos permite tomar decisiones más precisas durante la cosecha y mejorar la planificación de futuras campañas.

Las diferencias entre rollos y fardos

Aunque el rollo continúa siendo el formato predominante dentro del mercado argentino, existen diferencias técnicas que determinan el uso específico de cada sistema.

Datos del Clúster de Alfalfa, citados por Bichos de Campo, indican que alrededor del 70% del volumen de heno producido se comercializa en forma de rollos debido a la practicidad que ofrecen para la alimentación de bovinos destinados a carne y leche.

Los fardos, en cambio, suelen destinarse principalmente a la actividad equina y a mercados que demandan un producto de mayor calidad nutricional.

La principal diferencia radica en el proceso de confección.

Mientras que en la rotoenfardadora el material gira durante la formación del rollo y puede perder parte de sus hojas, el sistema de enfardado comprime el forraje mediante un pistón prácticamente sin movimiento adicional.

"En la rotoenfardadora, el pasto empieza a dar vueltas y tiene posibilidad de perder hojas. En el fardo, en cambio, se recolecta y hay un pistón que lo aprieta, entonces no tiene más movimiento que ese", explicó Torresi a Bichos de Campo.

La conservación de las hojas resulta especialmente importante porque concentran buena parte del valor nutricional de la alfalfa.

Automatización también para la recolección

Otra de las innovaciones destacadas por el sector corresponde a la incorporación de maquinaria destinada a automatizar la recolección de los fardos una vez finalizada la confección.

La tecnología transforma la producción de alfalfa: cómo la nueva maquinaria mejora la calidad del heno y la rentabilidad ganadera

Hasta hace pocos años, esa tarea requería una importante cantidad de mano de obra y largas jornadas de trabajo, especialmente cuando era necesario retirar rápidamente el material antes de precipitaciones.

Según explicó Torresi, los nuevos equipos permiten acelerar significativamente esa operación.

"Antes podías tardar un día en recolectar un lote, esto en una hora puede levantar entre 600 y 800 fardos y te los agrupa de a 14 para que puedas manejarlos juntos", afirmó en declaraciones difundidas por Bichos de Campo.

La automatización reduce tiempos, disminuye costos operativos y contribuye a preservar la calidad del forraje al minimizar la exposición a condiciones climáticas adversas.

Una tendencia que continúa creciendo

El avance de la mecanización refleja un cambio estructural dentro del negocio de la alfalfa, donde la eficiencia productiva y la calidad del alimento adquieren un papel cada vez más relevante.

La incorporación de maquinaria especializada permite mejorar el rendimiento del proceso, reducir pérdidas y obtener un producto más uniforme, condiciones que repercuten directamente en la productividad de los sistemas ganaderos y lecheros.

Torresi consideró que el proceso de incorporación tecnológica aún tiene margen para expandirse y destacó que cada vez más productores reconocen el impacto que tiene la calidad del heno sobre los resultados finales de la producción animal.

"Se nota la tendencia, porque se dan cuenta que hacer una alfalfa de mayor calidad hace que el producto final, sea carne o leche, rinda más y sea más eficiente", expresó el especialista a Bichos de Campo.

En un contexto donde la competitividad depende cada vez más de la eficiencia y del agregado de valor, la mecanización aparece como uno de los principales motores de crecimiento para una actividad que continúa modernizando sus procesos y elevando sus estándares de producción.

 

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