La 55° Fiesta Nacional e Internacional del Poncho volvió a convertir al Predio Ferial de Catamarca en el principal escaparate de la artesanía textil argentina. Con prendas elaboradas en fibra de vicuña, llama, lana de oveja y seda de gusano, artesanas y artesanos de distintas localidades exhiben trabajos que destacan por su calidad, su diseño y el valor cultural que representan. La propuesta, que puede visitarse todos los días de 14 a 23 horas en el Pabellón de Artesanías, reúne piezas que combinan técnicas ancestrales con creatividad contemporánea y posicionan a la provincia como una referencia nacional en textiles de origen.
Entre las creaciones más buscadas por el público aparecen ponchos, ruanas, chalinas, puyos, pies de cama, gorros y guantes confeccionados con materias primas naturales. Las prendas sorprenden tanto por la delicadeza de sus terminaciones como por su liviandad. Un poncho tejido con fibra de vicuña pesa alrededor de un kilogramo, mientras que chalinas y accesorios apenas alcanzan los 300 gramos, una característica que refleja el nivel de especialización alcanzado por los artesanos.
Las delegaciones de Laguna Blanca, Belén, la ciudad de Belén y Antofagasta de la Sierra son algunas de las protagonistas de la muestra. Sus trabajos en fibra de vicuña mantienen viva una tradición transmitida de generación en generación, al tiempo que incorporan nuevas propuestas estéticas. A ellas se suman las piezas elaboradas por los artesanos textiles de Londres, reconocidas por sus guardas tradicionales y por el aprovechamiento de los colores naturales de las fibras.
La diversidad también se expresa en el uso de técnicas de teñido y bordado. Algunas prendas confeccionadas con seda de gusano Bombix mori incorporan tintes naturales obtenidos a partir de vegetales como la remolacha, mientras que otras combinan fibra de vicuña con delicados bordados en seda. Los tejidos de lana de oveja, intervenidos con hilos de colores, completan una propuesta que une funcionalidad, identidad y diseño.
El recorrido por el pabellón no solo permite apreciar el resultado final de cada obra, sino también dialogar con quienes las producen. Ese intercambio es uno de los aspectos más valorados por los visitantes, que encuentran en cada puesto la posibilidad de conocer las técnicas, los procesos de elaboración y la historia detrás de cada pieza.
Camila, estudiante de la Diplomatura Textil de la Universidad Nacional de Catamarca, destacó esa experiencia al señalar: "Estoy fascinada con todos los ponchos, es muy lindo recorrer los pabellones de artesanías porque tenés la oportunidad de hablar con las artesanas". La joven explicó además que una tejedora de Belén le ofreció continuar el intercambio cuando visite esa localidad para profundizar sus estudios sobre textiles tradicionales.
Los puyos confeccionados en Corral Quemado, disponibles en distintos tamaños, también despiertan un fuerte interés entre los visitantes por su capacidad de abrigo y la calidad de sus terminaciones. Varias de estas obras forman parte del certamen que distingue a las mejores artesanías de la edición 2026 de la Fiesta del Poncho, uno de los reconocimientos más importantes para el sector.
Entre las historias que atraviesan la muestra sobresale la de Aida del Socorro Soria de Álvarez, tejedora de Belén con más de tres décadas de participación en la fiesta. La artesana recordó que el año pasado obtuvo el premio al mejor poncho de llama y que el reconocimiento incluyó cinco kilos de fibra con los que elaboró nuevas piezas para competir nuevamente. Además, explicó que parte de esa producción fue destinada como obsequio al cantante catamarqueño Valentín Vargas.
La exposición reafirma el papel de la Fiesta Nacional del Poncho como un espacio clave para preservar y difundir el patrimonio artesanal de Catamarca. Cada tejido sintetiza conocimientos ancestrales, trabajo manual e identidad cultural, al tiempo que fortalece la actividad económica de las comunidades productoras y acerca al público una de las expresiones más representativas del arte textil argentino.