La llegada del fenómeno El Niño marcará el desarrollo de la campaña agrícola 2026/27 con un escenario de oportunidades para la producción, aunque también con desafíos vinculados a los excesos hídricos. Durante la 138ª Exposición Rural de Palermo, especialistas del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), la Oficina de Riesgo Agropecuario (ORA) y otros organismos técnicos analizaron las perspectivas climáticas y coincidieron en que el aumento de las precipitaciones favorecerá los rendimientos agrícolas y ganaderos, pero incrementará el riesgo de inundaciones en distintas cuencas del país. La información fue difundida por TN.
Las proyecciones climáticas indican que el fenómeno ya ingresó en una fase cálida y que existen altas probabilidades de que alcance una intensidad importante durante los próximos meses. Este escenario obliga al sector agropecuario a prepararse para administrar dos realidades que convivirán durante la campaña: por un lado, una mayor disponibilidad de agua para los cultivos y las pasturas; por otro, la posibilidad de anegamientos, crecidas de ríos y dificultades logísticas en zonas vulnerables.
El análisis fue presentado durante la charla técnica "Excesos hídricos y oportunidades productivas: las dos caras de El Niño en el campo", desarrollada en el marco de la tradicional muestra ganadera de Palermo. Allí participaron especialistas del Centro de Investigación de Recursos Naturales del INTA, de la Oficina de Riesgo Agropecuario de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca, del Plan de Coordinación Federal ENOS y representantes de organismos provinciales vinculados a la gestión de emergencias.
Los especialistas coincidieron en que el regreso de El Niño representa una oportunidad para revertir las limitaciones que generaron los períodos de escasas precipitaciones registrados en campañas anteriores.
La recuperación de los perfiles de humedad del suelo permitirá afrontar el ciclo agrícola con mejores condiciones para la implantación de cultivos y favorecerá el desarrollo durante las etapas críticas de crecimiento.
En este contexto, los técnicos consideran que podrían alcanzarse rendimientos superiores al promedio histórico en numerosas regiones productivas, especialmente si las lluvias se distribuyen de manera adecuada durante la campaña.
Además del impacto positivo sobre la agricultura, la ganadería también podría beneficiarse con una rápida recuperación de la oferta forrajera.
Las precipitaciones favorecerán el crecimiento de los pastizales naturales y de las pasturas implantadas, generando mayor disponibilidad de alimento para la hacienda y mejores condiciones para sostener la carga animal durante los meses de mayor demanda.
Durante la exposición, Pablo Mercuri, director del Centro de Investigación de Recursos Naturales del INTA, explicó que los años dominados por este fenómeno climático suelen ofrecer condiciones particularmente favorables para la producción."En los años Niño no hay limitación en la disponibilidad de agua para la producción", afirmó Mercuri, según publicó TN.
El especialista señaló además que, históricamente, este tipo de escenarios estuvo asociado a campañas agrícolas con elevados niveles de producción tanto a escala nacional como regional.
A pesar del panorama alentador para los sistemas productivos, el incremento previsto de las lluvias también genera preocupación entre los especialistas por el comportamiento de los principales cursos de agua.
Las cuencas de los ríos Paraná, Paraguay y Uruguay, junto con numerosos afluentes y arroyos, serán objeto de un seguimiento permanente debido a la posibilidad de registrar caudales superiores a los habituales.
El mismo nivel de atención se concentra sobre la Cuenca del Río Salado, en el este de la provincia de Buenos Aires, donde los antecedentes muestran una elevada vulnerabilidad frente a los excesos hídricos.
Mercuri advirtió que el aumento de las precipitaciones también incrementa el riesgo de anegamientos en áreas bajas y sectores próximos a los cursos de agua."Al aumentar las lluvias, también se incrementan el caudal y el nivel de estos cursos de agua, por lo que las islas, las áreas ribereñas y los sectores bajos o deprimidos cercanos a los ríos presentan un mayor riesgo de anegamiento", explicó el especialista, de acuerdo con la cobertura de TN.
Frente a este escenario, los técnicos remarcaron que la planificación anticipada será determinante para reducir el impacto sobre la infraestructura rural, los establecimientos ganaderos y las actividades productivas ubicadas en zonas de mayor exposición.
Otro de los puntos destacados durante la jornada fue la necesidad de incorporar estrategias de manejo basadas en información climática y herramientas de monitoreo.
Los especialistas recomendaron fortalecer la planificación de las labores agrícolas, revisar los sistemas de drenaje y prever alternativas logísticas para minimizar eventuales interrupciones ocasionadas por precipitaciones intensas.
En paralelo, el uso de tecnologías de seguimiento satelital, modelos agrometeorológicos y sistemas de alerta temprana aparece como un recurso cada vez más importante para mejorar la toma de decisiones durante campañas con alta variabilidad climática.
Por su parte, Félix Carrasco, meteorólogo de la Oficina de Riesgo Agropecuario, sostuvo que los modelos climáticos muestran una tendencia consistente hacia la consolidación del fenómeno."Si bien los modelos no terminan de definir el grado de intensidad, actualmente el fenómeno climático ya está en una fase cálida, presente y con probabilidades de que sea fuerte", señaló Carrasco, según consignó TN.
El especialista indicó que la preparación previa resulta más efectiva que las respuestas adoptadas una vez iniciadas las emergencias, especialmente en zonas con antecedentes de inundaciones.
Ante este escenario, los organismos públicos avanzan en acciones coordinadas para mejorar la capacidad de respuesta frente a posibles contingencias.
Durante la exposición se presentaron experiencias desarrolladas en distintas provincias destinadas a fortalecer la infraestructura hídrica y mejorar la gestión de caminos rurales, canales y sistemas de drenaje.
Entre ellas se destacó el trabajo realizado en Chaco, donde equipos técnicos provinciales desarrollan tareas preventivas orientadas a reducir el impacto de las lluvias intensas sobre las áreas productivas.
La coordinación entre organismos nacionales, gobiernos provinciales y comités de emergencia busca unificar criterios de actuación y optimizar los recursos disponibles para afrontar un escenario climático que podría extenderse durante buena parte de la campaña.
Los especialistas coincidieron en que la anticipación será un factor determinante para aprovechar los beneficios productivos que ofrece El Niño y, al mismo tiempo, reducir los riesgos asociados al incremento de las precipitaciones.
Si las condiciones climáticas evolucionan de acuerdo con las proyecciones actuales, la campaña 2026/27 podría convertirse en uno de los ciclos con mejores perspectivas de producción de los últimos años. Sin embargo, el resultado final dependerá de la capacidad del sector para combinar el potencial que aporta una mayor disponibilidad de agua con estrategias de manejo que permitan mitigar el impacto de los excesos hídricos sobre la actividad agropecuaria.