Los últimos datos de la Red Nacional de Monitoreo de Dalbulus maidis encendieron una señal de alerta para el sector maicero de cara a la campaña 2026/27. El 46º informe, elaborado con relevamientos realizados entre el 1 y el 16 de julio, muestra que la chicharrita del maíz continúa con una elevada presencia en las regiones endémicas del NOA y el NEA, pese al avance del invierno. Según la información publicada por TN, el comportamiento del vector genera preocupación porque las bajas temperaturas registradas hasta el momento no fueron suficientes para provocar una reducción significativa de sus poblaciones.
El relevamiento confirma que el insecto continúa ampliamente distribuido en el norte argentino. En más del 90% de las localidades monitoreadas dentro de las zonas endémicas se detectó la presencia del vector, mientras que alrededor del 75% de esos sitios registró las categorías más altas de captura, con más de 100 adultos por trampa.
Aunque el monitoreo refleja una disminución respecto de informes anteriores, los niveles siguen siendo considerados elevados para esta época del año, lo que obliga a mantener una vigilancia permanente sobre la evolución de las poblaciones antes del inicio de la próxima siembra.
El comportamiento observado contrasta con la situación registrada en otras regiones productivas del país. En las zonas Centro-Norte, Litoral y Centro-Sur, las capturas mostraron una caída mucho más marcada, aunque en las dos primeras todavía predomina la presencia del insecto en la mayoría de las localidades evaluadas.
Los especialistas consideran que el descenso de las temperaturas constituye uno de los principales factores naturales para limitar la supervivencia de Dalbulus maidis entre campañas.
Sin embargo, los resultados del informe indican que, al menos hasta la primera quincena de julio, ese proceso todavía no alcanzó la intensidad esperada en las provincias donde la plaga mantiene una presencia histórica.
La permanencia de poblaciones elevadas aumenta la posibilidad de que el insecto sobreviva hasta el comienzo del próximo ciclo agrícola y vuelva a actuar como transmisor del complejo de enfermedades que afectó severamente la producción de maíz en campañas recientes.
Por ese motivo, los técnicos insisten en que el monitoreo no debe interrumpirse durante el invierno ni tampoco en las etapas finales de cosecha de los maíces tardíos.
El seguimiento continuo permite conocer la evolución estacional del insecto y anticipar posibles escenarios de riesgo para la campaña siguiente.
Uno de los aspectos que más preocupa a los especialistas es la presencia de plantas voluntarias de maíz en lotes ya cosechados.
Estos ejemplares, conocidos también como "guachos", funcionan como un "puente verde" que permite la supervivencia tanto del insecto como de los patógenos asociados durante el período entre campañas.
De acuerdo con el informe citado por TN, estos hospederos representan un componente epidemiológico clave porque facilitan la continuidad del ciclo biológico de la plaga incluso cuando ya no existen cultivos comerciales en desarrollo.
Por esa razón, los técnicos consideran estratégico incorporar estos sitios dentro de los esquemas habituales de monitoreo para detectar focos remanentes y estimar la magnitud de las poblaciones que podrían trasladarse a los nuevos lotes cuando comience la próxima siembra.
Además, sostienen que estos indicadores funcionan como una advertencia temprana para evaluar medidas de manejo complementarias si las condiciones ambientales continúan favoreciendo la supervivencia del vector.
El informe ofrece una radiografía detallada sobre la situación de las principales regiones productoras.
En el Noroeste Argentino (NOA), donde aproximadamente la mitad de las trampas fueron instaladas sobre cultivos de maíz en estado de madurez fisiológica (R6), se observó una reducción en el promedio de capturas respecto del monitoreo anterior.
Sin embargo, la magnitud de las poblaciones continúa siendo elevada.

El 86% de las localidades relevadas registró más de 100 adultos por trampa, una cifra que mantiene al NOA como una de las regiones de mayor preocupación para los especialistas.
En el Noreste Argentino (NEA) también se detectó una disminución en la cantidad promedio de insectos capturados.
Allí, cerca del 50% de las trampas estuvo ubicada sobre cultivos en estado R6 y la categoría de mayor abundancia continuó siendo la predominante.
El 62% de las localidades monitoreadas permaneció dentro del rango más alto de capturas, a pesar de la leve retracción observada durante la primera mitad de julio.
En el Litoral, los registros muestran una evolución más favorable.
Si bien el 68% de las localidades todavía presentó presencia de chicharritas, el informe detectó una reducción importante tanto en las capturas promedio como en la cantidad de sitios con niveles intermedios de infestación.
La disminución fue incluso superior a la observada en las regiones históricamente endémicas.
En la región Centro-Norte, donde el 38% de las trampas estuvo instalado sobre cultivos próximos a finalizar su ciclo, el 95% de los puntos monitoreados continuó registrando presencia del insecto.
No obstante, el informe destaca una nueva caída en la cantidad de localidades con máximos niveles de abundancia y una disminución sostenida del promedio general de capturas.
La situación más favorable se presentó en el Centro-Sur, donde el 70% de las localidades no registró presencia de Dalbulus maidis durante el período analizado.
Además de la reducción en la distribución territorial, el promedio de capturas volvió a descender respecto de los informes anteriores.
Los especialistas coinciden en que el escenario actual obliga a mantener activos los programas de monitoreo durante todo el invierno.
La información generada por la red nacional resulta clave para comprender la dinámica poblacional del insecto y diseñar estrategias de manejo adaptadas a cada región.
El seguimiento permanente permite identificar sectores donde persisten focos de supervivencia y facilita la toma de decisiones antes de la implantación de los nuevos cultivos.
También contribuye a evaluar el impacto que puedan tener futuras heladas intensas sobre las poblaciones remanentes.
Mientras el invierno avanza, el comportamiento de las temperaturas durante las próximas semanas será determinante para conocer si el descenso térmico logra finalmente reducir la presión de la plaga en las zonas endémicas.
Hasta el momento, los datos indican que ese efecto todavía no se produjo con la intensidad esperada.
Por esa razón, productores, asesores técnicos e investigadores continúan siguiendo de cerca la evolución del insecto, conscientes de que el nivel poblacional con el que finalice el invierno será uno de los factores que condicionarán el riesgo sanitario de la próxima campaña de maíz.