Agro Alimentos / Bioeconomía

Científicas argentinas desarrollan un bioplástico con mandioca y yerba mate que se degrada en solo cinco semanas

El material fue creado por investigadoras del Conicet y la UBA para envases de alimentos y busca reducir el uso de plásticos derivados del petróleo y agrega valor a dos producciones regionales

Científicas argentinas desarrollan un bioplástico con mandioca y yerba mate que se degrada en solo cinco semanas
viernes 24 de julio de 2026

Un equipo de investigadoras del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) y de la Universidad de Buenos Aires (UBA) desarrolló un bioplástico elaborado a partir de almidón de mandioca y yerba mate que puede degradarse completamente en apenas cinco semanas cuando entra en contacto con la tierra. El avance científico, presentado a través de un video institucional difundido por la UBA y publicado por Bichos de Campo, representa una alternativa para reducir el uso de plásticos convencionales derivados del petróleo y, al mismo tiempo, generar nuevas oportunidades para las economías regionales del norte argentino.

El nuevo material fue diseñado para aplicaciones vinculadas principalmente al envasado de alimentos, uno de los sectores con mayor utilización de films plásticos de un solo uso. A diferencia de los polímeros tradicionales, que pueden permanecer entre 100 y 500 años en el ambiente antes de degradarse, este desarrollo logra descomponerse naturalmente en un período cercano a cinco semanas, lo que reduce significativamente su impacto ambiental.

La investigación forma parte de las líneas de trabajo que impulsa el Laboratorio de Polímeros y Materiales Compuestos de la UBA, donde desde hace varios años se desarrollan materiales sustentables con base en recursos renovables.

Una alternativa para disminuir el uso de plásticos convencionales

El proyecto no busca eliminar completamente los plásticos sintéticos del mercado, sino reemplazar parte de su composición mediante materias primas de origen agrícola producidas en el país.

La estrategia apunta a disminuir el consumo de derivados del petróleo sin modificar de manera significativa los procesos industriales actualmente utilizados por la industria del packaging.

Según explicó la investigadora del Conicet, Lucía Famá, responsable del equipo de trabajo, el desarrollo forma parte de un conjunto de investigaciones orientadas a producir materiales biodegradables con aplicaciones industriales."Esto, que parece plástico, no lo es. Lo desarrollamos en la UBA a partir del almidón de mandioca. Desde el laboratorio de polímeros y materiales compuestos, con un grupo de estudiantes y becarias, llevamos a cabo diferentes líneas de trabajo de materiales biodegradables y sustentables", afirmó Lucía Famá, según difundió Bichos de Campo.

La utilización de fécula de mandioca como componente principal responde a las propiedades que presenta este almidón para transformarse en polímeros biodegradables mediante procesos industriales ya conocidos.

A ese insumo se suma la incorporación de yerba mate, otro cultivo característico del noreste argentino que permite incrementar el contenido de materias primas nacionales dentro del producto final.

Cómo se fabrica el nuevo material

Uno de los aspectos destacados por el equipo científico es que el proceso de elaboración resulta compatible con tecnologías ya utilizadas por la industria plástica.

La primera etapa consiste en mezclar la fécula de mandioca con distintos plastificantes naturales, que permiten otorgar flexibilidad al material.

Posteriormente, la mezcla es procesada mediante una extrusora, donde adquiere la forma de cordones termoplásticos.

Finalmente, esos cordones son sometidos a presión y temperatura dentro de una prensa hidráulica, obteniéndose los films que luego pueden utilizarse para envases.

La becaria doctoral en Tecnología Química, Leiza Fernández, describió el procedimiento desarrollado por el equipo."Para llegar a este resultado, lo que hacemos es mezclar la fécula de mandioca con plastificantes naturales, y luego procesamos con este equipo, que es la extrusora, y obtenemos los cordones termoplásticos. Los llevamos a una prensa hidráulica, donde obtenemos los films por termoformado", explicó Leiza Fernández, según publicó Bichos de Campo.

La posibilidad de adaptar procesos industriales existentes constituye uno de los principales atributos del proyecto, ya que facilita una eventual transferencia tecnológica hacia empresas del sector.

El problema ambiental detrás del desarrollo

El trabajo busca responder a uno de los principales desafíos ambientales vinculados con la gestión de residuos plásticos.

Actualmente, la producción mundial supera los 400 millones de toneladas de plástico por año, mientras que apenas una pequeña proporción logra reincorporarse mediante procesos de reciclado.

El resto permanece durante décadas o siglos en el ambiente, generando acumulación de residuos en suelos, cursos de agua y océanos.

La becaria doctoral en Ciencias Físicas, Julieta Pajoni, destacó la magnitud del problema que motivó la investigación."Este desarrollo es relevante porque en el año se producen 400 millones de toneladas de plástico, y solo el 10% se recicla. El resto tarda décadas en degradarse o nunca lo hace. Un film de plástico convencional tarda entre 100 y 500 años en degradarse. Este tarda 5 semanas en tierra", señaló Julieta Pajoni, de acuerdo con la información difundida por Bichos de Campo.

La investigadora también remarcó que el proyecto no solo busca ofrecer una solución ambiental, sino abrir nuevas oportunidades económicas para sectores productivos del país."Además del impacto ambiental, esto es una gran oportunidad económica para los productores de mandioca del país", agregó Pajoni, según la misma publicación.

Valor agregado para las economías regionales

Uno de los aspectos más relevantes del desarrollo es la posibilidad de generar nuevos mercados para dos producciones tradicionales del norte argentino.

La mandioca constituye un cultivo de gran importancia económica en provincias como Misiones, Corrientes y Formosa, donde miles de pequeños y medianos productores abastecen principalmente a la industria alimenticia.

Hasta ahora, gran parte de la producción de fécula se destinó al consumo humano y animal.

La incorporación de esta materia prima en la fabricación de bioplásticos permitiría diversificar los destinos industriales y aumentar el valor agregado generado dentro del país.

Una situación similar atraviesa la cadena de la yerba mate, que en los últimos años enfrentó dificultades vinculadas con los márgenes de rentabilidad y la evolución del consumo.

La utilización de este cultivo como insumo para materiales biodegradables podría representar una nueva alternativa comercial para una actividad profundamente vinculada con la economía regional del noreste argentino.

Un campo de investigación con antecedentes

El desarrollo presentado por la UBA y el Conicet se suma a una línea de investigaciones que desde hace varios años explora la utilización de materias primas agrícolas para sustituir polímeros derivados del petróleo.

Según recordó Bichos de Campo, otros proyectos impulsados por organismos científicos y empresas nacionales ya experimentaron con el uso de mandioca, arroz y distintos subproductos agroindustriales para la fabricación de materiales biobasados.

La creciente demanda internacional de soluciones sustentables impulsa el desarrollo de este tipo de tecnologías, especialmente en sectores como el packaging alimentario, donde la reducción de residuos constituye uno de los principales desafíos.

Ciencia, industria y producción regional

La investigación refleja además el potencial de articulación entre el sistema científico y las cadenas productivas nacionales.

La posibilidad de transformar recursos agrícolas en materiales con mayor valor agregado no solo contribuye a reducir el impacto ambiental, sino que también abre oportunidades para ampliar la industrialización de las economías regionales.

Si el desarrollo logra avanzar hacia una escala comercial, podría generar una demanda adicional para cultivos estratégicos del norte argentino y favorecer la incorporación de procesos productivos con menor dependencia de insumos fósiles.

En un contexto donde la búsqueda de alternativas sustentables ocupa un lugar cada vez más importante dentro de la industria mundial, el bioplástico desarrollado por científicas argentinas representa un ejemplo de innovación basada en recursos locales, conocimiento científico y tecnologías adaptables a los procesos industriales existentes.

 

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