La cadena del girasol argentino comenzó la campaña 2026/27 con una intención de siembra de 3 millones de hectáreas, mientras la industria acumuló un crecimiento del 25,4% en la molienda durante los primeros siete meses de 2026 y las exportaciones del complejo superaron los US$ 2.400 millones. Los datos surgen del informe de coyuntura de septiembre elaborado por el asesor económico de la Asociación Argentina de Girasol (ASAGIR), Jorge Ingaramo, y difundido por Agrolink. El escenario muestra una expansión del cultivo y una mayor actividad industrial, en un contexto internacional marcado por una recuperación de la oferta de semilla.
Según las estimaciones de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, el área prevista para el girasol en la campaña 2026/27 representa un incremento del 5,3% respecto del ciclo anterior. Al 9 de septiembre ya se habían implantado aproximadamente 701.000 hectáreas, equivalentes al 23,4% de la superficie proyectada.
El avance de las labores se concentraba principalmente en el NEA y el centro-norte de Santa Fe, mientras que todavía no había comenzado de manera generalizada la siembra en buena parte de Buenos Aires y La Pampa.
El ritmo inicial también se ubicaba por encima del comportamiento habitual. Para la fecha relevada, el avance de siembra superaba en 5,1 puntos porcentuales al promedio histórico.
Las estimaciones sobre la futura producción argentina presentan diferencias entre los organismos y consultoras que siguen el mercado.
El Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) proyectó una cosecha argentina de 8 millones de toneladas, mientras que Oil World calculó una producción de 6,4 millones de toneladas sobre una superficie de 3,12 millones de hectáreas.
La diferencia entre ambas proyecciones refleja que todavía existe un margen de incertidumbre sobre el resultado final de la campaña. La superficie efectivamente implantada, la evolución climática y los rendimientos que se obtengan durante la cosecha serán determinantes para definir el volumen definitivo.
Por ahora, el dato más concreto es el crecimiento de la superficie prevista y el ritmo con el que avanzaron las primeras tareas de implantación.
La expansión del área también se produce en paralelo con una mayor actividad de la industria aceitera, uno de los principales destinos de la producción de girasol.
El procesamiento industrial mostró una evolución positiva durante 2026. En marzo se registró un récord mensual de molienda de 567.144 toneladas, mientras que entre enero y julio el crushing acumuló 3,42 millones de toneladas.
Ese volumen representa un incremento del 25,4% interanual, en comparación con el mismo período de 2025.
El crecimiento de la molienda adquiere relevancia porque evidencia una mayor utilización de la materia prima dentro del complejo industrial y acompaña la expansión que muestran otros indicadores de la cadena.
Durante la campaña 2025/26, además, las compras de girasol alcanzaron 5,177 millones de toneladas, un 46% más que en el ciclo anterior.
La combinación de mayor disponibilidad de semilla y una industria con mayor volumen de procesamiento contribuyó a fortalecer el desempeño del complejo durante los primeros meses del año.
El incremento de la actividad industrial también tuvo su correlato en el comercio exterior.
De acuerdo con los datos del Consejo Agroindustrial Argentino, elaborados sobre información del INDEC, las exportaciones del complejo girasolero alcanzaron US$ 2.419,4 millones entre enero y julio de 2026.
El monto representó un aumento interanual del 100,1%.
Durante ese período, el complejo explicó el 7,6% de las exportaciones agroindustriales argentinas.
El resultado adquiere relevancia dentro del conjunto de las cadenas agrícolas porque muestra que el girasol no solo está incrementando su presencia en los planteos productivos, sino que también está generando un mayor flujo de divisas a través de sus exportaciones.
El comportamiento de la cadena incluye tanto la comercialización de la semilla como el procesamiento industrial y la posterior colocación de productos derivados en los mercados internacionales.
El contexto externo también presenta cambios importantes para el cultivo.
El USDA proyectó una producción mundial de girasol de 63,55 millones de toneladas, lo que implicaría un aumento del 15,4% respecto del ciclo anterior.
El incremento de la oferta internacional estaría explicado principalmente por la recuperación de la producción en Ucrania, Rusia y la Unión Europea.
El aumento de la disponibilidad de semilla también tendría impacto sobre la actividad industrial a escala global. Las proyecciones contemplan un crecimiento tanto de la molienda como del consumo mundial de aceite de girasol.
Para Argentina, la evolución de esos mercados resulta relevante debido a la importancia del complejo oleaginoso en las exportaciones y al vínculo entre los precios internacionales, el valor de la materia prima y los márgenes de la industria.
La mayor producción mundial introduce además un elemento que deberá seguirse durante la campaña: el comportamiento de la oferta internacional puede incidir sobre la evolución de los precios y sobre la competitividad de los distintos orígenes.
En materia de valores internacionales, el aceite de girasol en Rotterdam se ubicaba alrededor de los US$ 1.395 por tonelada para septiembre-octubre, de acuerdo con la información incluida en el informe.
En el mercado argentino, en tanto, la semilla disponible alcanzaba aproximadamente los $759.500 por tonelada en Rosario.
Estos precios deben analizarse dentro de un mercado que atraviesa simultáneamente un aumento de la producción mundial y una mayor demanda de aceite.
La evolución futura dependerá de cómo se combinen la oferta disponible, el ritmo de procesamiento, el consumo internacional y las condiciones de comercialización en cada país productor.
El nuevo ciclo encuentra al girasol argentino con varios indicadores favorables en materia de superficie, industrialización y comercio exterior.
La intención de siembra de 3 millones de hectáreas supone recuperar parte del protagonismo del cultivo dentro de la agricultura argentina. El dato cobra mayor relevancia porque el avance inicial de las labores se encuentra por encima del promedio histórico y todavía resta incorporar buena parte de las zonas productoras de Buenos Aires y La Pampa.
A nivel industrial, el récord mensual de molienda registrado en marzo y el crecimiento acumulado durante los primeros siete meses del año muestran una mayor actividad de procesamiento.
En paralelo, los US$ 2.419,4 millones exportados hasta julio reflejan el peso que adquirió el complejo dentro del comercio agroindustrial.
Sin embargo, el escenario no está exento de variables que pueden modificar las perspectivas. Las diferencias entre las estimaciones de producción del USDA y Oil World muestran que todavía existe incertidumbre sobre el volumen que finalmente alcanzará la cosecha argentina.
A esto se suma el contexto internacional. Una mayor producción mundial, particularmente en los principales países productores, puede modificar el equilibrio entre oferta y demanda y repercutir sobre los precios.
Para Argentina, el resultado final de la campaña dependerá entonces de una combinación de factores: superficie efectivamente sembrada, condiciones climáticas, rendimientos, disponibilidad de semilla, capacidad industrial y comportamiento de los mercados externos.
Por el momento, el girasol inicia la campaña 2026/27 con una expansión del área prevista y una cadena que llega al nuevo ciclo con mayor volumen de molienda y un fuerte crecimiento de las exportaciones.
Los próximos meses serán determinantes para comprobar si esa mayor superficie se traduce en una cosecha acorde con las proyecciones y cómo se posiciona el complejo argentino frente a un mercado internacional que también espera una recuperación de la producción.