La remolacha forrajera se perfila como una alternativa para la terminación de novillos en los valles irrigados de la Norpatagonia. Un estudio del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), publicado por Agritotal el 12 de octubre de 2026, evaluó su utilización mediante pastoreo directo y encontró que permite obtener carne con más del doble de omega-3 que la de animales alimentados con maíz, sin comprometer los parámetros de calidad analizados.
El trabajo fue realizado por especialistas de la Agencia de Extensión Rural Valle Medio, la Estación Experimental Agropecuaria Valle Inferior del INTA y el Instituto de Tecnología de Alimentos (ITA INTA Castelar). Además de estudiar el perfil nutricional de la carne, la investigación examinó atributos como el color, la terneza y el comportamiento durante la cocción.
Uno de los principales aportes de la remolacha forrajera es su aprovechamiento durante el otoño y el invierno, cuando disminuye la disponibilidad de otros recursos forrajeros en la región. El cultivo puede utilizarse mediante pastoreo directo, lo que abre una alternativa para sostener la terminación de los animales sin depender exclusivamente del encierre a corral.
“Esta es una alternativa válida para la terminación de novillos en los valles irrigados de la Norpatagonia, ya que ofrece altos rindes por hectárea, un costo menor que el de una dieta a corral basada en maíz y buena aceptación por parte del animal, que la aprovecha en pastoreo directo durante el invierno, cuando el forraje escasea”, explicó Verónica Favere, investigadora de la Agencia de Extensión Rural Valle Medio del INTA Patagonia.
La posibilidad de terminar hacienda en la propia región durante los meses de menor oferta forrajera también podría contribuir a reducir la dependencia de sistemas de engorde intensivo y de traslados de animales hacia otras zonas.
Para comparar los efectos de las dietas, los investigadores analizaron muestras de carne de novillos terminados con remolacha forrajera en pastoreo directo y las contrastaron con las de animales alimentados con maíz entero bajo una dieta 80:20 suministrada a corral.
Las diferencias generales entre los tratamientos fueron moderadas y se mantuvieron dentro de los parámetros considerados aceptables. Sin embargo, uno de los resultados más destacados apareció en la composición de la grasa: la carne de los novillos terminados con remolacha presentó más del doble de omega-3 que la obtenida con la dieta basada en maíz.
“Estos ácidos grasos son reconocidos por su rol benéfico en la salud cardiovascular y por sus efectos antiinflamatorios”, señaló Favere.
El análisis también detectó diferencias en la relación entre omega-6 y omega-3. En los animales alimentados con maíz, el indicador superó el valor de 5, mientras que en la carne de los novillos terminados con remolacha se ubicó por debajo de 3. De acuerdo con las investigadoras, una relación más baja resulta favorable desde el punto de vista nutricional.
El contenido total de grasa fue similar en ambos grupos. Por lo tanto, el principal contraste no estuvo en la cantidad de grasa presente en la carne, sino en su composición y perfil de ácidos grasos.
La investigación también evaluó características relevantes para la comercialización y la experiencia del consumidor, como el color, la terneza, la capacidad de retención de agua y las pérdidas durante la cocción.
La carne de los animales terminados con remolacha presentó una tonalidad más oscura. Según la escala instrumental utilizada, fue clasificada como “muy roja”, mientras que la correspondiente a los novillos alimentados con maíz quedó en la categoría “roja”.
María Gabriela Garcilazo, investigadora de la Estación Experimental Agropecuaria Valle Inferior del INTA, aclaró que esta diferencia no implica un defecto del producto.
“La carne producida con remolacha presenta una tonalidad más oscura, lo que no se trata de un defecto, sino que es un rasgo que puede presentar la carne de animales en pastoreo”, explicó.
En cuanto a la terneza, la carne proveniente de la dieta con remolacha tendió a ser algo más firme. Sin embargo, ambos tratamientos permanecieron por debajo del umbral asociado al rechazo del consumidor por dureza. Garcilazo indicó que, aunque podría resultar algo más firme que la carne de corral, se mantiene dentro de rangos aceptables para preparaciones como el asado o la milanesa.
Gabriela Grigioni, investigadora del ITA INTA que participó del estudio, destacó que la carne terminada con remolacha mostró un perfil de ácidos grasos similar al observado en sistemas basados en pasturas.
“Los datos indican que la carne terminada a remolacha presenta un perfil similar a dietas basadas en pasturas donde la composición favorece un perfil lipídico más equilibrado, con mayor aporte de omega-3”, sostuvo.
La investigadora también resaltó el valor de haber obtenido resultados sobre animales producidos en la región. “Lo valioso de este trabajo es haberlo verificado con datos propios, en animales criados en nuestros valles, y no simplemente citando estudios de otras regiones”.
En conjunto, los resultados ubican a la remolacha forrajera como una alternativa productiva para la terminación invernal de novillos en los valles irrigados de la Norpatagonia. La combinación de rendimientos por hectárea, menor costo informado frente a una dieta a corral basada en maíz y diferencias favorables en el perfil de ácidos grasos abre una posibilidad para diversificar los recursos de alimentación y explorar una diferenciación de la carne regional.