La producción porcina argentina crece impulsada por una mayor eficiencia de los establecimientos existentes, pero la expansión de la capacidad instalada continúa limitada por la falta de condiciones para invertir. Así lo advirtió Agustín Tocagni, integrante de Ingacot, una empresa familiar dedicada a la actividad, en declaraciones publicadas por Bichos de Campo el 12 de octubre de 2026.
Según el empresario, el incremento de la faena, que alcanza el 11% en el período mencionado en la publicación, y el crecimiento de la producción de carne responden principalmente a mejoras de productividad y a una relación favorable entre los precios de los granos y los de la carne. No se trata, explicó, de valores excepcionalmente altos para el producto final, sino de condiciones que permitieron aprovechar mejor la alimentación.
“Hoy las inversiones están paradas, no se están concretando nuevos desembolsos en incrementar la capacidad de producción porque no hay un contexto sectorial que posibilite la inversión, no se dan las condiciones necesarias”, afirmó Tocagni.
La mejora de los resultados productivos permitió incrementar la cantidad de carne obtenida sin que creciera en la misma proporción el número de establecimientos o la capacidad instalada. Tocagni señaló que algunos sistemas que producían alrededor de 3.000 kilos por madre al año están alcanzando los 4.000 kilos.
Ese avance permite explicar por qué la actividad puede crecer aun cuando las inversiones para construir nuevas instalaciones o ampliar las existentes permanecen frenadas. Sin embargo, la productividad tiene un límite: sostener el crecimiento a largo plazo también requiere capital para ampliar la infraestructura y sumar capacidad de producción.
Uno de los problemas señalados por Tocagni es la diferencia entre el IVA aplicado a la venta de carne porcina y el que se paga al adquirir instalaciones y equipamiento.
La carne porcina tributa una alícuota del 10,5%, mientras que el IVA promedio asociado a la compra de instalaciones y equipos puede ubicarse cerca del 18%. Esa diferencia genera saldos técnicos a favor de las empresas que, según el empresario, pueden demorar años en recuperarse.
“Venimos con IVA del 10,5%, con lo cual, cuando invertís, tenés un IVA promedio del 18%, que te cuesta un montón de años recuperarlo”, explicó.
Tocagni estimó que los saldos de IVA acumulados por el sector vinculados con inversiones superan los $20.000 millones. De acuerdo con su planteo, esa inmovilización de recursos afecta la disponibilidad de fondos para concretar ampliaciones y desarrollar nuevos proyectos productivos.
La disponibilidad de financiamiento de largo plazo constituye otro de los factores que condicionan la expansión. El empresario cuestionó que las líneas de crédito disponibles sean de corto plazo y estén denominadas en dólares, mientras que los productores compran granos vinculados a esa moneda y venden carne en pesos.
“Las líneas de crédito son de corto plazo, en dólares, para una producción que compra granos en dólares y vende en pesos”, sostuvo.
Como referencia, Tocagni mencionó que en Estados Unidos y Brasil este tipo de actividades accede a financiamiento de al menos cinco años, con un año de gracia como mínimo. Según su evaluación, ese esquema de financiación no está disponible en las mismas condiciones para los productores argentinos.
La cuestión resulta relevante por el volumen de capital necesario para ampliar una granja porcina. Tocagni estimó que incorporar una madre en producción demanda una inversión cercana a los 7.000 dólares. A modo de ejemplo, señaló que un proyecto para 10.000 madres representa unos 70 millones de dólares.
La empresa Ingacot cuenta con 6.000 madres en producción en San Carlos de Bolívar y tiene un proyecto para llegar a 8.500 en los próximos tres años. La ampliación supondría incorporar 2.500 madres, con una inversión estimada cercana a los 20 millones de dólares.
Tocagni indicó que el plan podría concretarse si mejoran las condiciones para invertir. El proyecto ilustra la diferencia entre el potencial de crecimiento de las empresas y las dificultades financieras que enfrentan para llevar adelante nuevas instalaciones.
El escenario productivo también está condicionado por la evolución de los insumos. Tocagni ubicó el precio del capón en torno a los $2.370 por kilo producido y advirtió sobre las subas recientes del maíz, el expeller y la harina de soja.
Aunque consideró que la actividad todavía mantiene un resultado positivo, señaló que la rentabilidad se redujo frente al encarecimiento de los costos. “Era positiva, hoy es una rentabilidad ajustada”, resumió.
La evolución de los insumos resulta determinante para un sector en el que la alimentación representa un componente central de los costos. Por eso, una mayor eficiencia productiva puede mejorar los resultados, pero no elimina la exposición a las variaciones de precios ni reemplaza la necesidad de financiar inversiones.
Para Tocagni, la producción porcina también tiene importancia por su capacidad para generar empleo y actividad económica fuera de los grandes centros urbanos.
“El cerdo es súper estratégico porque se genera arraigo, trabajo en las zonas rurales y, en vez de fletear maíz y soja a los puertos, se genera una dinámica económica y social impresionante en el interior”, afirmó.
El empresario también destacó la necesidad de avanzar con el protocolo sanitario con China, especialmente por las oportunidades que podría abrir para la exportación de menudencias. Como ejemplo, comparó los valores mencionados para las ventas a Costa de Marfil y el potencial precio de esos productos en el mercado chino.
“Hoy estamos vendiendo menudencias a Costa de Marfil en 500 dólares cuando las podríamos vender en China en 2.000 dólares”, señaló.
El panorama que describió combina una actividad con mejoras de eficiencia, proyectos de ampliación y posibilidades de agregar valor a los granos, pero con dificultades para financiar nuevas instalaciones. Para que el crecimiento productivo se traduzca en una mayor capacidad instalada, Tocagni considera necesario mejorar las condiciones tributarias, el acceso al crédito y las oportunidades comerciales externas.