La cabaña Agromelú del Norte busca mejorar la eficiencia de la producción de carne mediante selección genética, inseminación artificial y medición del consumo residual de alimento (RFI). La empresa, que trabaja con ganado Brangus colorado en Salta y Corrientes, incorporó una estación para medir cuánto alimento consume cada animal en relación con su producción, con el objetivo de identificar reproductores capaces de convertir más eficientemente la comida en carne, según publicó Bichos de Campo el 14 de octubre de 2026.
El establecimiento es impulsado por David Lacroze hijo, conocido como Daviko, junto con Martín Lisazo. La estrategia combina el mejoramiento genético con la adaptación de los animales a las condiciones del norte argentino y el seguimiento de indicadores productivos a lo largo de cada generación.
La apuesta parte de una premisa económica: producir más carne con una cantidad menor de alimento puede reducir costos y mejorar los resultados del sistema ganadero. Para avanzar en esa dirección, la cabaña incorporó herramientas que permiten medir diferencias entre animales y utilizarlas como criterio de selección.
La estación de RFI, sigla en inglés de Residual Feed Intake, permite medir individualmente cuánto come cada animal en relación con su producción. El indicador ayuda a distinguir a los ejemplares que necesitan menos alimento para generar una cantidad comparable de carne.
Agromelú instaló la estación cuatro meses antes de la publicación de Bichos de Campo. En las primeras mediciones aparecieron diferencias importantes entre los animales evaluados.
“Los promedios se mantienen en siete kilos de comida por kilo producido, pero hay animales que están en cuatro kilos y medio y otros que están en doce”, contó Daviko.
Según la nota, los dos animales más eficientes de la primera prueba resultaron ser hermanos completos, hijos de la misma madre y del mismo padre. Ese resultado reforzó el interés de la empresa por incorporar el indicador al proceso de selección.
La eficiencia alimentaria es una característica heredable. La evaluación genética del RFI en la raza Brangus permite identificar toros con valores negativos, asociados con una mayor eficiencia en el uso del alimento.
La herramienta no implica que los resultados de todo el rodeo cambien de inmediato. Mejorar la eficiencia requiere seleccionar reproductores, incorporar sus características a las siguientes generaciones y sostener el proceso durante varios años.
Agromelú maneja unas 10.000 vacas entre Salta y Corrientes, mientras que el núcleo superior de la cabaña reúne alrededor de 200 madres.
El proyecto nació hace diez años a partir de la sociedad entre Lacroze y Lisazo, quien ya contaba con una trayectoria en la cría de Brangus colorado. La iniciativa se orientó a desarrollar animales adaptados al norte argentino, sin limitar el mejoramiento genético a un grupo reducido de ejemplares de pedigree.
“Todas las vacas del campo están funcionando como cabaña”, resumió Lacroze.
El seguimiento alcanza al rodeo general: los animales cuentan con caravanas de identificación y se registran datos como el peso al nacer, el peso al destete y la historia productiva de cada vientre. El objetivo es mejorar la precocidad, la fertilidad y los resultados de cada generación.
Este enfoque permite evaluar la genética no solo por la apariencia o el pedigree, sino también por su desempeño productivo en las condiciones reales del establecimiento.
La inseminación artificial es otra herramienta central de la estrategia. Durante el año anterior a la publicación, Agromelú inseminó unas 7.000 hembras: 6.000 en Salta y 1.000 en Corrientes.
Los índices de preñez de esa práctica se ubican entre el 45% y el 50%, de acuerdo con la información de la fuente.
Entre las ventajas que mencionó Lacroze figuran la concentración de las preñeces al comienzo del servicio, los kilos adicionales que pueden alcanzar los terneros por nacer antes y la posibilidad de uniformar el rodeo mediante toros seleccionados.
“El costo son unos 10 dólares por animal, que hoy son dos o tres kilos de carne”, señaló el productor.
La técnica permite ampliar el uso de reproductores elegidos por sus características y acelerar la incorporación de atributos deseados en el rodeo. En el esquema de Agromelú, la inseminación se combina con registros productivos y mediciones para orientar las decisiones de selección.
En Salta, la recría se basa en una dieta compuesta en un 70% por gatton panic picado, complementada con maíz y soja de producción propia o harina de soja.
El esquema integra agricultura y ganadería para abastecer parte de las necesidades alimentarias del establecimiento. La producción propia de insumos permite articular el manejo de los cultivos con la alimentación del rodeo.
La eficiencia de la dieta y las diferencias individuales en el consumo son variables que la cabaña busca incorporar a sus decisiones. El objetivo es identificar animales que mantengan un buen desempeño productivo con menores requerimientos de alimento.
La estrategia genética también incluye trabajos sobre susceptibilidad a la garrapata y calidad de carne. En este último aspecto, la cabaña realiza pruebas para evaluar características como el marmoleo.
El propósito es desarrollar animales adaptados al ambiente y, al mismo tiempo, considerar atributos que puedan ser valorados por determinados mercados.
Para Lacroze, el desafío es identificar reproductores que no solo presenten buenas características raciales, sino que también se preñen, produzcan terneros de manera regular y transformen el alimento en carne con mayor eficiencia.
La incorporación del RFI suma un indicador cuantificable a ese proceso. Su impacto económico dependerá de la selección sostenida y de la capacidad de transmitir las características buscadas a las siguientes generaciones.