El manejo del maíz en el NOA requiere combinar genética adaptada, seguimiento de plagas y decisiones agronómicas ajustadas a cada ambiente. En una nota publicada por AgroNoa el 26 de octubre de 2026, Jorge Pellegrino, del área de desarrollo de Illinois, analizó la situación sanitaria y productiva a partir de ensayos y encuentros técnicos realizados en Salta y Tucumán.
Los relevamientos citados por Pellegrino muestran una tercera caída consecutiva en las capturas de Dalbulus maidis, el insecto conocido como chicharrita del maíz. La escasa presencia de maíces en el norte antes del comienzo de las siembras principales podría contribuir a mantener bajas las poblaciones. Sin embargo, el especialista advirtió que la menor presión del vector no debe traducirse en una reducción de los controles.
La preocupación se desplaza en parte hacia el gusano cogollero, que provocó daños en etapas tempranas incluso en lotes implantados con híbridos que incorporan eventos biotecnológicos de protección.
La experiencia de campañas anteriores reforzó la importancia del comportamiento genético de los híbridos frente a enfermedades transmitidas por la chicharrita, en particular las asociadas al Spiroplasma. Pellegrino destacó el valor de las redes regionales de ensayos, porque permiten comparar rendimiento, estabilidad y comportamiento sanitario en condiciones productivas similares.
Entre las referencias técnicas mencionó los trabajos de CREA NOA y de la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (EEAOC). Esas evaluaciones ofrecen información para seleccionar materiales de acuerdo con las características de cada ambiente, en lugar de depender exclusivamente de los resultados presentados por las empresas.
Pellegrino describió materiales templados y tropicales de Illinois que permiten diseñar distintas estrategias. Entre ellos mencionó el Illinois IS 7575 VIP 3, un híbrido tropical de ciclo corto que, según el especialista, presenta buen comportamiento frente al Spiroplasma, estabilidad productiva y características agronómicas que facilitan el manejo.
También citó el Illinois IS 7.24 TRE, un material templado que mostró resultados favorables en evaluaciones regionales. De acuerdo con los datos preliminares comentados por el técnico, había superado el rendimiento medio en nueve de diez localidades de una red de ensayos.
La proporción de híbridos templados y tropicales, señaló, debe definirse según la presión sanitaria histórica, el potencial del ambiente y el rendimiento esperado. En zonas con alta incidencia de la enfermedad, recomendó priorizar materiales con sanidad y estabilidad. En ambientes de transición, consideró posible combinar tipos de genética para equilibrar seguridad y potencial productivo.
El comportamiento del gusano cogollero es otro de los puntos de atención. En localidades del centro de Santa Fe y del centro-norte de Entre Ríos se registraron daños en etapas tempranas, una situación que también se había observado en la campaña previa.
“Por tener la mejor biotecnología disponible en el mercado, el control no está garantizado”, advirtió Pellegrino. El especialista explicó que los eventos biotecnológicos deben acompañarse con prácticas agronómicas y seguimiento continuo de los lotes.
La recomendación es intensificar los monitoreos desde la emergencia hasta los estadios V5 o V6, cuando los ataques pueden comprometer el desarrollo de las plantas. La detección temprana es importante porque, una vez que la oruga ingresa al cogollo, el control se vuelve más difícil.
Las aplicaciones deben decidirse según la presencia de larvas vivas, la proporción de plantas afectadas y los umbrales que justifican una intervención. Por eso, algunos lotes podrían completar el ciclo sin tratamientos específicos, mientras que otros podrían requerir una o más aplicaciones.
Pellegrino también advirtió que las fechas de siembra no deben modificarse solo para intentar escapar al cogollero. Aunque en algunas regiones las implantaciones tempranas históricamente permitían evitar picos poblacionales, se registraron ataques incluso en maíces sembrados en agosto y a comienzos de septiembre.
La fecha de siembra debe definirse principalmente por la disponibilidad de agua, las características del ambiente y la ubicación del período crítico. Cambiar el calendario con el único objetivo de evitar la plaga puede trasladar la floración y el llenado de granos a condiciones menos favorables y afectar el rendimiento.
Las condiciones ambientales también influyen en el resultado. Pellegrino recordó que en la campaña anterior se registraron rendimientos inferiores a los esperados, pese a las abundantes precipitaciones en distintas zonas del norte argentino.
En encuentros con productores de Salta y Tucumán se analizaron casos en los que expectativas de entre 8.000 y 9.000 kilos por hectárea terminaron en rindes cercanos a 6.000 kilos. Además de los problemas sanitarios, el especialista señaló una menor radiación solar durante etapas decisivas del cultivo.
La menor radiación durante el período crítico afectó la fijación de granos, mientras que las condiciones del llenado redujeron el peso final. También se sumaron enfermedades y casos de muerte prematura de plantas. La combinación de factores limitó la productividad, aun con disponibilidad de agua.
Las expectativas de mayores precipitaciones asociadas a un posible fenómeno El Niño pueden ser favorables, pero una mayor cantidad de lluvias no garantiza por sí sola un mejor resultado. Días nublados, radiación reducida, temperaturas extremas y enfermedades pueden contrarrestar los beneficios del agua.
Por eso, Pellegrino planteó que la estrategia debe integrar caracterización del ambiente, fecha de siembra, nutrición y elección de materiales. La genética, la sanidad y el manejo deben considerarse en conjunto, con monitoreo oportuno para reducir pérdidas y evitar tratamientos que no se justifiquen económicamente.