El Parque Nacional Ciervo de los Pantanos, un área protegida de 5200 hectáreas ubicada en el partido bonaerense de Campana, se consolidó como una de las principales opciones de cercanía para el turismo de naturaleza en el Área Metropolitana de Buenos Aires. Con acceso libre y gratuito de lunes a domingo, este espacio conserva biodiversidad del Delta del Paraná y restos históricos de antiguas estancias y asentamientos originarios. La propuesta busca fomentar la educación ambiental y el disfrute al aire libre a pocos kilómetros de la capital.
El territorio abarca una amplia diversidad de ambientes que van desde bosquecillos de talas, ombúes y espinillos en las partes altas de la barranca hasta extensos humedales, cortaderas y pajonales. Este ecosistema alberga a más de 300 especies de aves, peces como tarariras y bagres, y mamíferos autóctonos. Entre ellos destaca el ciervo de los pantanos, el cérvido más grande de Sudamérica y especie emblema del parque, que encuentra en este predio la población más austral de su especie.

La zona resguarda un relevante legado patrimonial. Registros arqueológicos de unos 1700 años de antigüedad confirman la presencia de comunidades cazadoras y pescadoras de los pueblos Querandí, Chaná-Timbúes y Guaraníes. Con la llegada europea y el desarrollo agrícola del siglo XIX, las tierras formaron parte de la histórica Estancia Otamendi, dedicada a la agricultura, los tambos y la fabricación de ladrillos.
Lo que inició en 1990 como Reserva Otamendi fue categorizado en 2018 como Parque Nacional mediante la Ley 27.456, anexando tierras hasta superar las 5000 hectáreas y obteniendo el reconocimiento internacional como Sitio Ramsar. "Un Sitio Ramsar es decisivo para la vida humana por los beneficios de sus ecosistemas, como la recarga de acuíferos, la regulación del clima o la amortiguación del agua durante las grandes lluvias y periodos de inundaciones", mencionó Pablo Canteros.

Por su parte, Fernando Durao, a cargo de la atención al visitante, explicó que este humedal cumple un rol fundamental en la región: "Se trata de un humedal reconocido por su importancia ecológica dentro de un sistema a escala global, en una región muy transformada, lo cual lo vuelve aún más valioso de conservar, ya que cumple funciones clave como regular el agua y ser refugio de una enorme diversidad de flora y fauna nativa, especialmente para las aves acuáticas y el ciervo de los pantanos", destacó Durao.
La infraestructura para visitantes incluye tres senderos autoguiados de baja y mediana dificultad. El trayecto "Historias del Pastizal" recorre 1000 metros entre la vegetación autóctona y estructuras de la antigua estancia —como "el Bebedero", con capacidad para 30.000 litros de agua, y restos de antiguos molinos— hasta alcanzar un mirador hacia la Laguna Grande. El circuito se conecta con "Guardianes de la Barranca", formando un trazado continuo de 2 kilómetros (o 3 kilómetros si se desciende al pie de la barranca). Finalmente, el sendero interactivo "Recuperando lo Nuestro", de 200 metros, conduce al Vivero de Plantas Nativas Don Juan.

Durante las caminatas es posible divisar las vestimentas del paisaje y vestigios del pasado ganadero. "Caminando por los senderos encontraremos los restos de un antiguo molino y la demarcación de los potreros a través de las ‘líneas de talas’, una sucesión de árboles que crecieron siguiendo las antiguas líneas de postes de alambrado", describió Canteros.
Sobre la posibilidad de divisar al cérvido emblemático, las autoridades recuerdan que se trata de una especie esquiva. "Pese a ser la especie emblema de nuestro parque, en los circuitos habilitados actualmente es realmente muy difícil ‘cruzar’ un ciervo, ya que los senderos no transitan por el humedal. Desde el Mirador Principal y el mirador de la Barranca, con binoculares, es posible divisarlos si se tiene la vista afinada", advirtió Canteros.
La experiencia de recorrer el área protegida se potencia al realizarla en compañía de personal capacitado. "Recorrerlo con un guía intérprete hace que la experiencia sea muchísimo más enriquecedora. Atendemos el interés particular de los visitantes, despejamos dudas, compartimos saberes y aprovechamos la espontaneidad del avistaje desde las vivencias de quienes habitamos, cuidamos y sentimos este territorio", resalta Canteros.
A la oferta de caminatas se suma la posibilidad de realizar recorridos en bicicleta por los 5 kilómetros del Camino Islas Malvinas hacia el embarcadero, disponer de áreas recreativas con mesas para almorzar y visitar la EcoFeria de Productores locales, habilitada los segundos fines de semana de cada mes.

El parque abre sus puertas de 10:00 a 18:00 horas, con senderos habilitados de 10:30 a 17:00 horas. Aunque se encuentra abierto durante todo el año, el período comprendido entre abril y noviembre resulta ideal por sus temperaturas moderadas.
El acceso general es gratuito, aunque existen visitas guiadas opcionales y contratables para el "Circuito Clásico" de dos horas, cuyo valor aproximado ronda los $10.000 por adulto, además de salidas especiales de trekking organizadas por guías habilitados.
Para arribar en vehículo particular se debe circular por la Ruta Nacional 9 (Panamericana) hasta el kilómetro 67,5 (salida Rómulo Otamendi) y avanzar 2 kilómetros por la calle principal. En transporte público, se puede optar por el servicio de colectivos de la Línea 194 (desde Plaza Miserere/Once) o Línea 204 (desde Escobar) hasta la colectora de la ruta en Otamendi, completando el trayecto a pie por 1300 metros; o bien mediante el Ferrocarril Mitre (ramal Zárate), descendiendo en la estación Rómulo Otamendi, situada a 600 metros del acceso.
Para una estadía segura y confortable, las autoridades sugieren llevar calzado adecuado para trekking, ropa liviana de manga larga, gorra, protector solar, repelente de insectos, bolsas para retirar los residuos generados y al menos dos litros de agua por persona, además de viandas, ya que el predio no dispone de comercios gastronómicos en su interior, según detalló La Nación.